Todos sabemos que Tocopilla enfrenta una crisis económica
estructural que se arrastra por más de 50 años: desde que se mecanizó el embarque
del salitre en 1961. Desde allí, la situación de
estancamiento económico y pobreza generalizada se refleja en demografía la que
ha caído en un 4% entre los años 1992 y 2002. Además, la participación de la
provincia de Tocopilla en la fuerza de trabajo de la Región de Antofagasta
viene descendiendo continuamente desde 1972 hasta la fecha. Redundando en que
la pobreza de Tocopilla sea mayor que el promedio regional: 8,80% contra un
7,5% de la región entre los años 2003 y 2011 según Casen.
La
pobreza y la falta de trabajo ha influido en crisis familiares, esto hace que
sea una ciudad que posee alto porcentaje de mujeres como jefas de hogar:
45,23%. Por su parte la región tiene un 37,88% y el país posee un promedio de
38,80%, todo esto entre los años 2003 y 2011.
Además, sabemos del perjuicio que han sufrido
los pescadores por efecto de la pesca industrial y la contaminación: reducción
de especies por la sobreexplotación, sucesivas violaciones e intromisiones de la pesca
industrial en zonas exclusivas para la micropesca, además de carencias
logísticas como puertos adecuados.
Adicionemos
la disminución del área pirquinera y de canteras: en la región, a mediados de
los años ochenta, se contabilizaban alrededor de 30 mil empleos. En 1998 sólo
subsistían unos 2 mil. Otra estimación apunta a que, de las 4.000 pequeñas
minas existentes en Chile en 1990, en 1999 quedaban 500.
A
saber de este escenario, ENAMI ha asumido una reticencia a generar subsidios
con el propósito de ir disminuyendo la micromineria, ya que vendría siendo supuestamente
poco productiva y argumenta sus estrategias en base a la peligrosidad contenida
en las faenas. Además existen altos precios de arriendo de minas de las cuales
sobre el 60% pertenece a la Compañía Minera de Tocopilla perteneciente al grupo
Luksic.
Tocopilla
ha sido transformada en una Zona de Sacrificio que evidencia serios problemas
ambientales con la acumulación de gases invernadero, acidificación,
contaminación del aire con metales pesados, contaminación del mar, daño de las
capas superficiales y ozono troposférico por la presencia de termoelectricas,
influyendo en las altas tasas de mortalidad. Un solo ejemplo: en el año 2010 la
tasa de mortalidad infantil en Tocopilla fue de 19,20% mientras que el porcetanje
regional fue de 8,70%.
Frente a la escasez de proyectos por parte del
Estado para esta zona deprimida, una alternativa realista y viable es, sin
duda, una apertura territorial para el desarrollo portuario y exportación de los
hidrocarburos bolivianos. Esto ya lo habían pensado anteriores alcaldes
tocopillanos, entre ellos Aleksander Kurtovic (1992-2004) quien, en abril del
año 2003, viajó a Bolivia junto a un equipo de técnicos y administrativos,
obteniendo entrevistas y exposiciones para expresar el deseo de ofrecer
Tocopilla para exportar gas boliviano. Kurtovic hizo eco al deseo del
Presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada en cuanto a exportar el gas por
algún puerto chileno.
Tres años antes los
ediles de Tocopilla y Mejillones, Aleksander Kurtovic y Marcelino Carvajal,
respectivamente, se unieron para ofrecer la Región de Antofagasta a Bolivia.
Esto ocurría en un contexto en que el alcalde de Iquique, Jorge Soria, ofrecía la
ciudad que administraba para que empresarios bolivianos pudieran iniciar la
construcción de un gasoducto. Inclusive, los concejales iquiqueños proponían
resolver la mediterraneidad boliviana a través de la cesión de territorio en la
Primera Región en el año 2001.
Entonces, es totalmente una regresión la discusión y
“polémica” nacionalista que se está llevando a cabo en Tocopilla, en cuanto al
rechazo y ataques de cierta parte de la ciudadanía y de políticos
sensacionalistas y oportunistas ante las gestiones del alcalde Fernando San
Román, quien visitó Bolivia el pasado 24 de octubre.
De todos modos, considero que es totalmente posible, pero
por sobre todo pertinente y necesario para Tocopilla, proyectos de este tipo que
apunten a la integración económica transfronteriza,
muchos más para un puerto que ha sufrido los duros efectos macroeconómicos como
procesos de concentración territorial de la inversión, quedando Tocopilla
complemente aislada al centro de tres grandes polos de desarrollo: Calama,
Antofagasta e Iquique.
Tocopilla puede ser la salida marítima
boliviana a través de una concesión, con todo lo que ello implica: mayor flujo
económico y financiero, impulso al turismo, desarrollo de infraestructura,
nuevos polos industriales, apertura vial, intercambios de productos, y así se
configuraría un polo de integración que simbólicamente puede resultar
atractivo.
Cabe recordar que al momento del traspaso a
la segunda mitad del siglo XX, los desequilibrios económicos conllevaron a una
desestabilización de la economía local, además de la mecanización y reemplazo
del hombre en el embarque del salitre en 1961, debemos sumar el cambio del
modelo económico que consolidó una estructura de subdesarrollo, de asimetría de
crecimiento, estancando la economía local una vez instaurada la dictadura en
1973. A este último punto, agreguemos la gestión del Estado que ha
invisibilizado a Tocopilla, además de las políticas de mercado liberales que
han favorecido a los grandes intereses económicos en desmedro de los pequeños
productores, los favoritismos a la gran empresa, por lo general foránea, facilitando
el llamado vicio de la Concentración Territorial consistente en la acumulación
de inversiones en una sola localización, generándose grandes polos de desarrollo
desequilibrantes.
Tocopilla, al estar al centro de tres
grandes polos, Antofagasta, Calama e Iquique, sufre con la tendencia,
persistente y generalizada de la aglomeración de actividades productivas y de
la población ligada a ella en los polos de desarrollo mencionados. Lo cual ha
dado origen a la conformación de estructuras desequilibradas en lo que respecta
a la distribución espacial de las fuerzas productivas y al desarrollo
diferenciado en distintas partes del espacio regional, redundando en pobreza.
Entonces, defender fronteras en un contexto
de economía liberal bajo la globalización, es un trasnoche conceptual,
ideológico y totalmente fuera de foco, a saber que en Tocopilla tenemos
funcionando a E-CL, perteneciente a
Power GDF Suez S.A que es una empresa Francesa; a Norgener de Aes Gener siendo
una trasnacional norteamericana: esta última paga sólo $19.800 por concepto de
patentes, y tantas otras formas foráneas que operan en la región.
La “polémica” artificiosamente
estimulada por algunos medios escritos, no es más que la resonancia de un
nacionalismo fuera de tiempo, de una xenofobia hacia los bolivianos: la estigmatización producida hacia la morenización de la inmigración, fruto de una herencia militar
reproducida en las escuelas, en los diarios, en la televisión, en los chistes,
en algunos políticos. Todos ellos victimas de un lenguaje violento que se
naturaliza y normaliza, pero que remite a la validación de la guerra, al odio y
al racismo.
Los ataques nacionalistas
son fruto lenguajes simbólicos que están en una cárcel: porque están presos de
categorías arcaicas y regresiones conceptuales, por tal poseen una dimensión
cadavérica que logra expenderse gracias a dispositivos educativos y
comunicacionales.
La historia oficial de Chile es una historia
mitológica, un monólogo que no posee dinámica y se plantea como una historia
sagrada que no incorpora a los otros ni a los vecinos. Es un monumento del
etnocentrismo y nacionalismo que se ejerce con la persuasión, coerción y
fuerza.
La ciudadanía al reproducir esos
discursos, se transforma en ventrílocua, porque el que está hablando es otro:
es el militarismo, el cual obstaculiza el desarrollo alternativo de los
pueblos.

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