miércoles, 29 de octubre de 2014

TOCOPILLA: ENTRE LA INTEGRACIÓN PARA LA REACTIVACIÓN ECONÓMICA Y EL NACIONALISMO REGRESIVO





Todos sabemos que Tocopilla enfrenta una crisis económica estructural que se arrastra por más de 50 años: desde que se mecanizó el embarque del salitre en 1961. Desde allí, la situación de estancamiento económico y pobreza generalizada se refleja en demografía la que ha caído en un 4% entre los años 1992 y 2002. Además, la participación de la provincia de Tocopilla en la fuerza de trabajo de la Región de Antofagasta viene descendiendo continuamente desde 1972 hasta la fecha. Redundando en que la pobreza de Tocopilla sea mayor que el promedio regional: 8,80% contra un 7,5% de la región entre los años 2003 y 2011 según Casen.

La pobreza y la falta de trabajo ha influido en crisis familiares, esto hace que sea una ciudad que posee alto porcentaje de mujeres como jefas de hogar: 45,23%. Por su parte la región tiene un 37,88% y el país posee un promedio de 38,80%, todo esto entre los años 2003 y 2011.

Además, sabemos del perjuicio que han sufrido los pescadores por efecto de la pesca industrial y la contaminación: reducción de especies por la sobreexplotación, sucesivas violaciones e intromisiones de la pesca industrial en zonas exclusivas para la micropesca, además de carencias logísticas como puertos adecuados.

Adicionemos la disminución del área pirquinera y de canteras: en la región, a mediados de los años ochenta, se contabilizaban alrededor de 30 mil empleos. En 1998 sólo subsistían unos 2 mil. Otra estimación apunta a que, de las 4.000 pequeñas minas existentes en Chile en 1990, en 1999 quedaban 500.

A saber de este escenario, ENAMI ha asumido una reticencia a generar subsidios con el propósito de ir disminuyendo la micromineria, ya que vendría siendo supuestamente poco productiva y argumenta sus estrategias en base a la peligrosidad contenida en las faenas. Además existen altos precios de arriendo de minas de las cuales sobre el 60% pertenece a la Compañía Minera de Tocopilla perteneciente al grupo Luksic.

Tocopilla ha sido transformada en una Zona de Sacrificio que evidencia serios problemas ambientales con la acumulación de gases invernadero, acidificación, contaminación del aire con metales pesados, contaminación del mar, daño de las capas superficiales y ozono troposférico por la presencia de termoelectricas, influyendo en las altas tasas de mortalidad. Un solo ejemplo: en el año 2010 la tasa de mortalidad infantil en Tocopilla fue de 19,20% mientras que el porcetanje regional fue de 8,70%.

Frente a la escasez de proyectos por parte del Estado para esta zona deprimida, una alternativa realista y viable es, sin duda, una apertura territorial para el desarrollo portuario y exportación de los hidrocarburos bolivianos. Esto ya lo habían pensado anteriores alcaldes tocopillanos, entre ellos Aleksander Kurtovic (1992-2004) quien, en abril del año 2003, viajó a Bolivia junto a un equipo de técnicos y administrativos, obteniendo entrevistas y exposiciones para expresar el deseo de ofrecer Tocopilla para exportar gas boliviano. Kurtovic hizo eco al deseo del Presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada en cuanto a exportar el gas por algún puerto chileno.

Tres años antes los ediles de Tocopilla y Mejillones, Aleksander Kurtovic y Marcelino Carvajal, respectivamente, se unieron para ofrecer la Región de Antofagasta a Bolivia. Esto ocurría en un contexto en que el alcalde de Iquique, Jorge Soria, ofrecía la ciudad que administraba para que empresarios bolivianos pudieran iniciar la construcción de un gasoducto. Inclusive, los concejales iquiqueños proponían resolver la mediterraneidad boliviana a través de la cesión de territorio en la Primera Región en el año 2001.

Entonces, es totalmente una regresión la discusión y “polémica” nacionalista que se está llevando a cabo en Tocopilla, en cuanto al rechazo y ataques de cierta parte de la ciudadanía y de políticos sensacionalistas y oportunistas ante las gestiones del alcalde Fernando San Román, quien visitó Bolivia el pasado 24 de octubre.

De todos modos, considero que es totalmente posible, pero por sobre todo pertinente y necesario para Tocopilla, proyectos de este tipo que apunten a la integración económica transfronteriza, muchos más para un puerto que ha sufrido los duros efectos macroeconómicos como procesos de concentración territorial de la inversión, quedando Tocopilla complemente aislada al centro de tres grandes polos de desarrollo: Calama, Antofagasta e Iquique.

Tocopilla puede ser la salida marítima boliviana a través de una concesión, con todo lo que ello implica: mayor flujo económico y financiero, impulso al turismo, desarrollo de infraestructura, nuevos polos industriales, apertura vial, intercambios de productos, y así se configuraría un polo de integración que simbólicamente puede resultar atractivo.

Cabe recordar que al momento del traspaso a la segunda mitad del siglo XX, los desequilibrios económicos conllevaron a una desestabilización de la economía local, además de la mecanización y reemplazo del hombre en el embarque del salitre en 1961, debemos sumar el cambio del modelo económico que consolidó una estructura de subdesarrollo, de asimetría de crecimiento, estancando la economía local una vez instaurada la dictadura en 1973. A este último punto, agreguemos la gestión del Estado que ha invisibilizado a Tocopilla, además de las políticas de mercado liberales que han favorecido a los grandes intereses económicos en desmedro de los pequeños productores, los favoritismos a la gran empresa, por lo general foránea, facilitando el llamado vicio de la Concentración Territorial consistente en la acumulación de inversiones en una sola localización, generándose grandes polos de desarrollo desequilibrantes.

Tocopilla, al estar al centro de tres grandes polos, Antofagasta, Calama e Iquique, sufre con la tendencia, persistente y generalizada de la aglomeración de actividades productivas y de la población ligada a ella en los polos de desarrollo mencionados. Lo cual ha dado origen a la conformación de estructuras desequilibradas en lo que respecta a la distribución espacial de las fuerzas productivas y al desarrollo diferenciado en distintas partes del espacio regional, redundando en pobreza.

Entonces, defender fronteras en un contexto de economía liberal bajo la globalización, es un trasnoche conceptual, ideológico y totalmente fuera de foco, a saber que en Tocopilla tenemos funcionando a E-CL, perteneciente a Power GDF Suez S.A que es una empresa Francesa; a Norgener de Aes Gener siendo una trasnacional norteamericana: esta última paga sólo $19.800 por concepto de patentes, y tantas otras formas foráneas que operan en la región.

La “polémica” artificiosamente estimulada por algunos medios escritos, no es más que la resonancia de un nacionalismo fuera de tiempo, de una xenofobia hacia los bolivianos: la estigmatización producida hacia la morenización de la inmigración, fruto de una herencia militar reproducida en las escuelas, en los diarios, en la televisión, en los chistes, en algunos políticos. Todos ellos victimas de un lenguaje violento que se naturaliza y normaliza, pero que remite a la validación de la guerra, al odio y al racismo.

Los ataques nacionalistas son fruto lenguajes simbólicos que están en una cárcel: porque están presos de categorías arcaicas y regresiones conceptuales, por tal poseen una dimensión cadavérica que logra expenderse gracias a dispositivos educativos y comunicacionales. 

La historia oficial de Chile es una historia mitológica, un monólogo que no posee dinámica y se plantea como una historia sagrada que no incorpora a los otros ni a los vecinos. Es un monumento del etnocentrismo y nacionalismo que se ejerce con la persuasión, coerción y fuerza.


La ciudadanía al reproducir esos discursos, se transforma en ventrílocua, porque el que está hablando es otro: es el militarismo, el cual obstaculiza el desarrollo alternativo de los pueblos.

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