jueves, 7 de agosto de 2014

TOCOPILLA: ENCLAVE ECONÓMICO.



En un enclave se demuestra que el desarrollo es por orden foránea (Becattini 1992). Según Pecqueur (1989), el enclave supera la noción de “territorio” porque se transforma en “un espacio”; para ello se basa en los “tipos de relaciones” existente entre las comunidades que manifiestan enclaves económicos, a saber que un “territorio” prima lo “no mercantil”, sugiriendo cierta “horizontalidad” sin una “fragmentación” o “segmentación social” (Pecqueur, 1989).

Gunder (1978) indica que un enclave está basado en una firma grande y bien capitalizada, que históricamente han sido rastreadas y son correspondientes y localizadas en Estados Unidos o Europa Occidental, invierte en la producción de un bien de exportación destinado a los mercados de origen de la empresa inversor a, tal como SQM, Norgener y E-CL.

Todo lo descrito, nos remite también a una Zona de Sacrificio (zonas que concentran una gran cantidad de industrias contaminantes, afectando siempre a aquellas comunidades más pobres o vulnerables) de un territorio que manifiesta decisiones y emprendimientos industriales provenientes del exterior, en una actividad que desafía la frontera; se presenta una especie de moldeamiento, de una dinámica diseñada por entidades privadas translocalizadas. En ese sentido, una economía de enclave es un modo social de producción, no es aisladamente geográfico ni económico; sino que es económico, geográfico y social a la vez, al unísono (Cademartori, 2010).

El poder e influencia del Estado es superado por el alto control externo en las actividades productivas, surgiendo una especie de colonización de la localidad. Tocopilla, con sus puertos salitreros y termoeléctricas, se transforma en una zona que evidencia una extensión tecnológica y financiera de economías capitalistas e industriales completamente desarrolladas. Ésta economía no funciona como una apuesta dinámica o integradora tanto a nivel local como nacional (Levin, 1960; Cademartori, 2010). Surge una especie de “cierre” de la dinámica del enclave, que permite, usualmente, una relación asimétrica entre los grupos locales y los foráneos. Su relación con el resto de la economía es principalmente a través de su vinculación con el mercado mundial. En las economías regionales se generan economías duales en las cuales coexisten paralelamente el centro del enclave (un sector capitalista tecnológicamente avanzado) y su periferia, un sector tradicional (Cademartori, 2010).

De pronto la presencia de las empresas extranjeras desencadenan en “violencias simbólicas” que, en el decir de Pierre Bourdieu describe acciones racionales donde el “dominador” ejerce un modo de violencia indirecta y no físicamente directa en contra de los “dominados”, los cuales no la evidencian o son inconscientes de dichas prácticas en su contra, por lo cual son cómplices de la dominación a la que están sometidos (Bourdieu, 1994). Por ello en el caso latinoamericano se constatan una serie de intrusiones que, luego, son normalizadas o naturalizas, tales como financiamiento de medios de comunicación, medios y acciones propagandísticas, campañas políticas, proyectos de investigación, ayudas a organización no gubernamentales y vecinales, o derechamente, ayuda a órganos del Estado. Surgen, como en el caso tocopillano, prácticas que remiten a una cultura subalterna, en donde la figura del “gringo” –el foráneo- desde los principios del siglo XX- supera a los personajes que representan al Estado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.