En los detalles fotográficos se observa un poblamiento disperso que, mirado desde el cuadrante de hoy, la ciudad llegaba hasta la actual calle Carrera. Se visualizan las torres del andarivel que entraría en funcionamiento en 1922. De igual modo, es posible ver el cementerio Nº1 (donde hoy está el Diamante de Béisbol). En aquel entonces, el cementerio contaba con un cierre de calaminas.
La ciudad construida en madera, contaba con algunos diseños formales, que se visualizan con algunos techos a dos aguas, techos inclinados, mansardas. Normalmente, los techos planos, corresponden a arquitectura de autoconstrucción.
Desde la década de 1930, por efecto del desarme de salitreras, las “toma de terrenos” fueron expandiéndose, surgiendo algunos sectores denominados como El Salto, Ciudad Perdida y Pampa Este, barrios obreros surgidos espontáneamente en los faldeos de los cerros, en el cuadrante que marca la actual calle y pasaje Esmeralda entre Carrera y el sector de Huellas Tres Puntas.
En la mayoría de los casos, los obreros recibían por parte del municipio la concesión o la venta de un terreno y allí surgía la autoconstrucción de viviendas dentro de sus posibilidades y alcances, usando como material los sacos, cartones, madera, cubriendo con diarios y papel de cajón de manzanas las frágiles paredes.
Así, la expansión urbana de Tocopilla estuvo sustentada en la “toma de terrenos”, por extensión, ajenas a todo plan regulador, por lo que el orden no era bien definido, ni eran casas, ni barrios bien distribuidos en el plano. Estos barrios no contaban con agua dulce ni salada, carecían de luz y de pozo desaguadero, sólo algunas casas contaban con pozos negros. Desde estos pozos emanaban fuertes olores, lo que otorgaba una característica pestilente a los sectores periféricos.
En estos sectores el suelo era rocoso, esencialmente porque se trataban de terrenos ubicados en las laderas del cerro, esto determinaba que los pozos negros fuesen muy pequeños o muy cortos en su profundidad.
Los mayores problemas de los habitantes de estos barrios obreros eran su alta exposición a la humedad y al exceso de vapor y humo al interior de ellas por efecto de calefacción y de cocina. En ese sentido, eran los niños los más expuestos a problemas respiratorios.
La aglomeración implicó la convivencia con animales encerrados en corrales tales como cerdos, cabritos, burros, también gallinas, patos y pichones. De esta forma se confundía la morada para personas y para animales.
Había innumerables chozas diminutas que, en la práctica eran de una sola pieza, con piso de tierra, con exigua luz y ventilación escasa, el uso del vidrio era totalmente desconocido. Corrientemente, había una lámpara grasienta y humeante para iluminarse, aunque de ordinario no había otra cosa que la fogata dentro del domicilio. Estas casuchas eran de un suelo disparejo, abundando la humedad más los charcos de aguas servidas.








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