Todos los años, en la antesala del Día de Todos los Santos, una decena de mujeres marchan ceremoniosamente al compás de cumbias y sayas interpretadas por una banda de bronce musical. Las trompetas, tubas, cajas, platillos y bombo, brindan la sonoridad y armonía para practicar un singular ritual religioso y popular que se transformó en tradición en el desierto costero de la Atacama tocopillana.
Ellas, junto a algunos escolares, fueron depositando decenas de ofrendas metálicas en cada una de las tumbas que contienen los cementerios de Cobija y Gatico: extintas ciudades situadas a 60 y 50 kilómetros al sur de Tocopilla, respectivamente.
Cada una de los coronas de flores de hojalata construidas por un grupo de mujeres de Tocopilla, colorearon las cruces oxidadas y las maderas ya roídas que están situadas sobres los sepulcros y túmulos con cuerpos de mujeres, mineros y/o portuarios olvidados; como así también depositaron las coronas en el cementerio infantil de Gatico: verdadero archivo lúgubre de los dramas sanitaros atestiguados en el campamento de la Mina Toldo y del poblado colindante a la fundición de Gatico, donde niños y guaguas sufrieron por diversas enfermedades, muchas de ellas relacionadas con los intestinos, particularmente la fiebre tifoidea por consumir aguas de baja calidad, además de anemias, cólicos nefríticos y hepáticos, estreñimientos crónicos, alfombrilla, coqueluche y erisipela.
Estos cementerios de Cobija y Gatico, situados al borde de la carretera, atestiguan no solo una sobrevivencia ante los aluviones, sino que también atestiguan los tránsitos materiales y rituales: de la comida depositada en los primeros cajones, se transitó hacia las flores de papel que, calcinadas por el sol y destruidas por el viento, exigieron la confección de flores de hojalatería como ofrenda. En antaño, en las pampas salitreras los tarros de leche, calaminas y diversas conservas de salmón y atún, sirvieron, a través de su reciclado, para honrar a los fallecidos. Estos artefactos bajaron de la pampa hasta la costa. En la actualidad, también es posible visualizar una gran cantidad de monedas viejas y nuevas que rodean los pequeños cajones de los niños de Gatico, además de peluches, pequeños juguetes y santos en miniatura.
La técnica femenina con sus secretos y creaciones, más los colores, los materiales y los archivos mortuorios, son la escritura social en una costa árida que, año tras año, revive con una peregrinación popular llena de tonalidades, música, oraciones y memoria.
Damir Galaz-Mandakovic
Texto, fotografías y video.
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