Analizando los
barrios del margen urbano, Pacífico Norte y Las Tres Marías, podemos
identificar una serie de variables que nos hablan de los distintos tipos de
barrios que se manifiestan simultáneamente, planteando modos de coexistencia de
distintos significados de lo barrial.
Si bien el barrio
ha sido visto como el resultado “racional” del ordenamiento de la ciudad, en
cuanto a la utilización del espacio y la arquitectura desplazada en ella con
aras de solucionar un problema social, consideramos que el barrio es, además,
un espacio vital, un espacio de reconocimiento y de constitución de identidades
sociales, la que adquieren sentido dentro de una dinámica social de intercambio
comunicativo, de discursos, de memorias y también de representaciones por parte
de los pobladores de la población Pacífico Norte, Las Tres Marías, participando además
el resto de habitantes tocopillanos.
El barrio y la espacialidad
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El barrio está
acotado al espacio físico y arquitectónico de una parte o fracción espacial
de Tocopilla. Esta noción se sustenta en los límites y en la consideración
del barrio como unidad físico-natural, y su actuación como referente visible
de las variables de significación situacional, simbólicas e identitarias.
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El barrio como escenario
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Es lo que se
podría llamar como la escenificidad
social del barrio, entendido como el lugar o el marco de las relaciones
sociales, en el que se aglutina o práctica la cotidianeidad de los vecinos de
las dos poblaciones. Es el barrio como escenario, como lugar de intercambio
de información, de circulación, de chismes, amoríos, comentarios, conflictos,
amistades, deportes, trabajo, entretención, comercio, etc.
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El barrio y función
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Referido a la funcionalidad estructural del
barrio, o rol que juega dentro de la estructura socio-urbana. La ciudad tiene
un papel en la reproducción social y material, la ciudad es un recurso cuyo
valor de uso abarca diferentes funciones, el Barrio Norte forma una “parte”
de este proceso. A lo largo de la historia local se han desarrollado barrios
donde ciertas características funcionales resaltaban del resto, como la
residencial, la localización comercial, industrial, portuaria, administrativa
y se articulan otras variables como el poder local, el centralismo, las
organizaciones intermedias, las unidades administrativas, educacionales,
funcionales, culturales y formas de vida. En nuestro caso, evidentemente, la
residencialidad es la funcionalidad más desarrollada.
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El
barrio como segregación
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Las variables de
espacialidad, escenario y funcionalidad, adquieren sentido dinámico en una
dimensión estructural dentro del sistema urbano. Aquí se sitúa el barrio como
insumo de la reproducción necesaria de las clases trabajadoras, resultado de
la división del trabajo y de la distribución desigual de la urbanización, en
oposición a los espacios centrales de las ciudades, apropiados,
históricamente, por las clases dominantes o administrativas. Estos barrios
del norte tocopillano son la manifestación de la reproducción y localización
social y económica de cierto grupo de la población tocopillana, todos ellos
definidos anticipadamente como allegados.
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El barrio como intersticio
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La intersticialidad de lo barrial se manifiesta
como un espacio en el que confluye lo público y lo privado y desde donde
emerge lo popular. El Barrio Norte se distingue del espacio urbano general
destinado a los centros vinculados al Estado, centros educativos,
comerciales, etc. En ese sentido, lo barrial no está reducido sólo al espacio
doméstico, lo barrial abarca también el espacio de la interacción primaria,
tanto pública como doméstica.
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El barrio inclusivo
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Este tipo de
barrio pone en consideración las diferentes relaciones de lo barrial con
escenarios y nociones de totalidad que lo abarcan, como la ciudad y la
sociedad “mayor”. El paradigma de la modernidad estimula la ponderación de
determinados valores que actúan como ejes de diferenciación entre los lugares
centrales (comercio, poder) y los sectores barriales. El barrio inclusivo
representa la proximidad, la confianza, el conocimiento mutuo.
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El barrio como periferia
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La idea de centralidad de lo urbano va pareja a
la de periferia de lo barrial en la conjugación de una dicotomía. La idea de barrio bajo es el resultado de esta
diferenciación: parte de la ciudad que queda por debajo o al margen de lo
moderno-urbano, y marcado principalmente por su carácter “caótico”,
“marginal”, “aislado”, “lejano”, o por concepciones ligadas a la pobreza. El
centro de la ciudad y sus sectores aledaños, hegemonizan y miran al resto de
la ciudad desde sí mismos, desde allí se construye la perifericidad.
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El barrio como zona a
integrar
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Desde esos mismos
discursos desde el “centro”, se constituye también la necesidad de la
integración de las partes “disfuncionales” o alejadas de la ciudad. La inclusión
social, los derechos y la justicia dan pie a estos fenómenos. Se establecen,
entonces, las posibilidades de cambio o adaptación a los modos de vida
centralmente concebidos como urbanos. El barrio mismo es la zona que, con su
gente, debe estimular también la fuerza de integración, a modo de exigencia.
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El barrio como identidad
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La identidad social, referenciada en distintos
barrios, es lo que definimos cuando los actores y grupos sociales adscriben a
identificarse y reconocerse como integrantes de un barrio que posee cierta
cualidad social, material, simbólica, etc. Usualmente, pertenecer a
determinados barrios va cruzado con la sensación de satisfacción, lealtad o
apego a la población. La adscripción a un barrio concreto funciona como marca
de distinción social y llega a condicionar las conductas colectivas. Sin duda
que en lo últimos años, han derivado aspectos negativos, muchos de ellos
vinculados a identificar estas poblaciones tocopillanas como lugares
contaminados y conflictivos. No obstante, la protesta y las posteriores
visibilizaciones del sector, remiten a la intención de transmisión de una
imagen que conlleva los siguientes conceptos según lo atestiguado en
informantes: “lucha”, “unión”, “rebeldía”, “sacrificio”, “cooperación”,
“reciprocidad”, “solidaridad”, “mutualismo”. Además de ruralidad, autonomía
laboral (recicladores y criadores) y emprendimiento.
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El barrio como segmento
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Sin duda que al
hablar de identidad de barrio, estamos facturando una noción que encierra
globalidad y “homogeneidad”. Sin embargo, la particularidad que poseen los
barrios es la de incluir en su interior a sectores de identidades
heterogéneas, sin perder la relación de una relativa unidad dentro de la
misma identidad barrial. Esa unidad ha estado dada con la serie de
problemáticas poblacionales que, desde un foco negativo que la explica, ha
llevado el surgimiento de un foco positivo: la unión de los vecinos con el
propósito de solucionar ciertas dificultades; es desde allí en donde se
explica la visibilización de la población. en barrio es inclusivo de
distintos segmentos: temperamentos, situación laboral, tipologías de trabajo,
tipos de conductas, costumbres, manías, situación civil, escolaridad, etc.
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El barrio y lo típico
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Es la atribución de categorizaciones genéricas,
dicotómicas y estereotipadas sobre determinadas identidades barriales o de
los grupos pertenecientes a un barrio. Por ejemplo, el carácter de clase de
barrios determinados y sus problemáticas específicas, o el carácter marginal
respecto a ciertos consumos urbanos, que se esgrimen como estereotipos de la
trama urbana. Las actividades de crianza de animales, trabajos vinculados a
temas de reciclajes, la cercanía con vertederos y lugares contaminados,
ciertos olores o bien las condiciones de allegados que recibieron la ayuda
del Estado, son las categorías con la que operan algunos discursos externos a
estas poblaciones centrados en estereotipos.
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El barrio como imaginario
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El barrio adquiere
la función de ser referente de una representación, de una imagen sostenida
por actores. Junto a su carácter físico-espacial pasa a ser un conjunto de
rasgos, atributos, signos ubicables en la esfera ideológico y simbólica,
ligada a la relación entre esas imágenes y las ocupaciones del espacio
barrial concreto.
En términos
históricos se sitúan las imágenes de los clanes familiares, la amistad y las
relaciones de vecinos, cruzadas por relaciones laborales especificas que
marcaron una diferencia con el resto de la ciudad (crianza y reciclaje). La
imagen del barrio tiene fuerza a la hora de reivindicar el tipo de vida que
allí se lleva, surge lo barrial como
utopía o aspiración, en contraste con las condiciones de vida del “centro”
urbano marcadas por la fugacidad.
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