miércoles, 17 de febrero de 2016

AISLAMIENTO DE LOS POBLADORES DE LA POBLACIÓN "PACÍFICO NORTE" (2009-2013)

En el habitar del nuevo barrio es ineludible soslayar las problemáticas vinculadas con la percepción de lejanía y los factores que alimentan dicha apreciación. Tocopilla es una ciudad pequeña en comparación a los tres grandes centros urbanos aledaños: Antofagasta, Iquique y Calama. Ciudades que exhiben extensas avenidas y sus bordes urbanos se extienden cada vez más. No obstante, la percepción de apartamiento de los pobladores tocopillanos es algo recurrente en los discursos. La ciudad y sus emplazamientos radiales urbanos, no miden más de cinco kilómetros de punta a punta y el llamado Barrio Norte se emplaza a una distancia que no supera los 1.8 Km desde el último punto edificado en el área urbana.

Son multiasociados los factores que construyen esta percepción de lejanía, de periferia, de vida en un margen urbano. De una población en el borde, al final.

El marco geográfico que define la ciudad de Tocopilla y el Barrio Norte, se caracteriza por dos limitantes naturales que enmarcan y angostan de Este a Oeste el territorio disponible para el asentamiento urbano, estas son la Cordillera de la Costa y el Océano Pacífico. Estas imponencias del medio natural, remiten a la configuración de una estrechez territorial y geomorfológica, constriñendo la planicie litoral que sustenta el origen del asentamiento de la ciudad. Al mismo tiempo, estas imponencias dificultan e imposibilitan un crecimiento conectado del tejido urbano a lo largo del territorio, producto de la conformación de expansivas y pronunciadas masas de rocas que impone el borde cordillerano y el abrupto farellón costero que cruza de norte a sur la planicie territorial considerada como zona primaria del asentamiento de ciudad.

Por efecto de lo anterior, el emplazamiento del barrio se halla morfológicamente disgregado y a una gran distancia respecto a la planicie central que sustenta el origen y desarrollo urbano y material de la ciudad. Es decir, la cordillera costeña fractura la llanura del litoral a la altura de las pesqueras industriales.

La planificación del barrio, no consideró servicios básicos, tales como una posta, centros educativos, ni la posibilidad de estimular la presencia de centros comerciales; hasta el año 2013 carecían de reten policial y de un cuartel de bomberos. No había farmacias ni almacenes para adquirir víveres que permitieran mantener la despensa mensual.

Angélica Martínez nos cuenta: “Yo llegué el 2009 y el cambio era muy brusco, uno se sentía muy sola, no había almacenes porque SERVIU no lo permitía, recién, después de tres años, se autorizó. Aquí no había dónde comprar cosas y si hay es muy caro, el pan y la bebida por ejemplo, en comparación al centro…al final uno termina comprando igual por la necesidad…es complicado por los útiles del colegio, los papeles, los materiales…yendo al centro, se encarece todo. No hay abastecimiento para comer, una siempre se preguntaba: ¿Dónde compramos pan? ¿Una bebida?”.

El esposo de Angélica revela que en los primeros días la situación era compleja y reseña aspectos negativos en los comerciantes: “En los primeros días era complicado, uno se arrepentía de vivir acá, la gente era muy usurera, es carera, porque saben que no hay más y se lanzan con los precios… vienen camiones de verdura pero de baja calidad. Y los negocios venden caros. Pero la necesidad nos obliga a comprar, uno recorre toda la población y los vendedores se mal acostumbraron. Se camina mucho para encontrar cosas tan básicas, uno termina estresado y no dan ganas de nada. Al comienzo el desanimo era muy fuerte, por la lejanía”.

La percepción de lejanía es también, quizás, fruto de la costumbre local de hallarlo todo cerca. No olvidemos que este barrio está conformado por pobladores proveniente de diversos barrios locales. La pequeñez de la ciudad conformó desde la infancia la percepción de que todo, o casi todo, estaba cerca: el hospital, servicios públicos, Carabineros, supermercado, comercio en general, el centro, etc.

Trayectos que desde cualquier calle antigua de Tocopilla no demoraba más de cinco minutos caminando.

Angélica nos detalla: “Cuando vivía en Tocopilla, si no tenías plata, te ibas caminando al centro, pero acá es difícil caminar, la plata, la distancia, para ir al estadio, a la iglesia, desde acá ya no se puede, ni siquiera para ir a la feria… cerca de las empresas pesqueras está lleno de perros, los vehículos pasan a altas velocidades…todos los vecinos estamos cansados y estresados, muchos se fueron porque no aguantaron…todo se iba en la locomoción, no se puede ni ahorrar…acá no llegan ni los Carabineros, ni las ambulancias…hemos tenido incendios y la demoras como podrás imaginar es súper peligrosa porque todas las casas están pegadas, queremos una brigada femenina porque los hombres trabajan, y nosotras estamos acá todo el día en la casa. No tenemos bomberos, y si alguien tiene emergencia los propios vecinos tienen que llevar a los enfermos al hospital, porque sencillamente no llegan. Sin embargo hay cooperación entre los vecinos, al menos cuando hay emergencia y nos llevan en autos, eso es bueno”.

El crecimiento urbano dejó en evidencia que la distancia y los largos recorridos son parte de una nueva cotidianidad local, no obstante, en otras ciudades los desplazamiento extensos es una normalidad asumida, molesta, pero duramente asumida.

La locomoción colectiva de Tocopilla posee distintas líneas como asociación gremial, pero todas ellas realizan el mismo recorrido. Un recorrido bastante cómodo para quien es taxista, pero que no satisface la demanda de la población. Son vastos los sectores no cubiertos por estos prestadores de servicios, lo que ha significado el cuestionamiento histórico a este rubro. Son recurrente las quejas en los diarios y radios ante el precario servicio de los taxistas partiendo por los tipos de recorridos, los precios sobredimensionados para las exiguas distancias locales y por la atención deficiente.

Una vez implementada la nueva población, la negación de los taxistas de cubrir dicho sector fue rotunda y muy sentida en la comunidad. Argumentaban la “excesiva distancia” y la baja calidad de las rutas y las calzadas. El lunes 4 de enero del año 2010 en el diario La Estrella de Tocopilla se indicaba que los vecinos estaban aburridos de que no pasara locomoción colectiva. “Los habitantes del sector de Las Tres Marías de Tocopilla están aburridos que pocos colectivos pasan por su sector y más encima cobran más de la cuenta, en lo que respecta a la tarifa normal”. [1]










El sábado 20 de marzo del mismo año, la Estrella de Tocopilla titulaba “Apoderados se las sufren toditas”, en el detalle revelaba: “El problema de la locomoción es grave para los alumnos y los trabajadores en el sector de Las Tres Marías, pero quienes cargan con todo este problema son los apoderados. Son varios los casos de mujeres que salen antes de las 7.00 Hrs. a dejar a sus retoños a las escuelas y para ahorrarse algunos pesos y malos ratos con los conductores, deambulan por la ciudad hasta las 13.00 Hrs., para retirar a los pequeños de sus establecimientos. Elsa do Santos es una de ellas, quien señala que al principio iba y volvía, pero que para ahorrarse problemas, se va a la biblioteca para que la mañana pase más rápidamente, ‘qué podría hacer todo ese rato, dejó cocinado en la noche y hasta me ahorro unos pesos’. Otros se las tienen que caminar todas, porque en la mañana son menos los automóviles que van al sector aseguran. La situación no deja de ser preocupante en el caso de una emergencia, donde los segundos para salvar una vida son claves y en este caso un transporte fácilmente se puede demorar media hora en pasar.” [2]

Algo similar nos relata Brígida Castillo en cuanto a que la mayoría de las apoderadas de escuela optan por quedarse en casa de familiares o amigos en la ciudad, mientras sus hijos asisten al colegio, “como a las 19ºº Hrs. retornan a sus hogares aquí, así ahorran locomoción, trabajo y esfuerzo diario, los que volvemos temprano sólo en casa, no nos movemos hasta el otro día.”

En abril, los colectiveros denunciaban una serie de robos en sector Las Tres Marías, “Los colectiveros de Tocopilla, han denunciado una serie de robos que se han registrado en la población Las Tres Marías. Según informaron fuentes dentro del gremio, los delincuentes se suben a los taxis colectivos como pasajeros y esperan lugares con poca luz en el sector para asaltar a los trabajadores de la locomoción colectiva.” [3]

La denuncia de los colectiveros fue interpretada por parte de los vecinos como excusa, como una falacia, para explicar el porqué de sus negativas respuestas a la hora de tomar un pasajero y conducirlo hasta el barrio nuevo.

Todo este problema de servicios precarios de la locomoción, trajo severas molestias y problemas en los vecinos, quienes poseían problemas en los trabajos o escuelas por los constantes atrasos. Las escuelas municipales tuvieron que flexibilizar sus horarios, por ejemplo el Liceo Domingo Latrille al menos en los años 2010 y 2011 dejó de exigir que el horario de llegada fuese a las 8 Hrs. de la mañana. Los muchachos y muchachas llegaban todos los días atrasados por la dificultad de hallar locomoción en las mañanas.

Marcos Campos, ex estudiante del Liceo Latrille, nos dice: “me levantaba a las 6:30 am y a las 7:10 ya estaba esperando una micro que cobraba $200, si pasaba la micro llegaba al liceo a las 7:50, de los primeros; y cuando no pasaba la micro los colectivos pasaban cerca de las 8 am de la mañana y era muy molesto porque a veces llegaba pasado las 8:30 al liceo (…) Para devolverme tenía que esperar media hora para que pasaran las micros en la escuela básica Arturo Prat, si no pasaba me iba caminando hasta las últimas casas, cerca de la pesquera para lograr tomar un colectivo; en las tarde era igual: la micro pasaba a las 2:15 llegaba 2:40 y en las tardes me iba a pie porque la micro pasaba a las 4:30 y yo salía 5:30, no alcanzaba, o tomaba un colectivo cerca de las últimas casas”.

Lesly Valderrama, otra estudiante del liceo Latrille, nos reseña: “La verdad es que cuesta mucho tomar un auto, la gente se amontona tenemos que caminar hasta la entrada de Las Tres Marías para poder tomar un auto (…) yo me levanto todos los días un poco antes que las 6:30 Hrs., pero aunque me levante temprano apenas pasan colectivos, (…) además los señores de los colectivos para llevarte a Las Tres Marías te cobran 500 pesos como escolar y es injusto ya que tengo otra hermana y después tenemos que volver en la tarde a clases; mi madre gasta entre mi hermana y yo casi $4000 pesos diarios solamente en la locomoción para ida y vuelta”.

Un colectivo, como servicio escaso, es a la vez motivo de microconflictos entre los vecinos a la hora de “ganar” un auto que los traslade. Insultos, empujones y pequeños conatos verbales han surgido frente a una situación que en las mañanas se cruza con la ansiedad, el estrés de querer llegar a sus trabajos o escuelas y el despotricamiento hacia los taxistas.

Eduardo Galaz Da Rocha, también ex estudiante del Liceo Latrille, era el fiel reflejo de un alumno perjudicado por las precariedades de la locomoción tocopillana.

“Yo vivía en la cárcel, acogido por Gendarmería, ya que el terremoto derrumbó mi casa (…) en ese entonces no había casas en este sector y el camino era de tierra. Todos los días me levantaba antes de las 6:00 y el paramédico de Gendarmería me iba a dejar, aunque a veces no y eso complicaba las cosas y no quedaba más que dirigirme al liceo a pie, distante a varios kilómetros. En las tardes si o si me tenía que devolver a pie, nadie me quería llevar (…) después de un tiempo poblaron el sector y una micro comenzó a pasar a veces y pude aprovecharla al igual que las demás personas. La locomoción colectiva era demasiada difícil que llegara hasta allá porque el camino aún era complicado. Recuerdo que hubo una mañana que no pasó ningún auto y toda la gente tuvo que caminar con sus hijos varios kilómetros hasta llegar a la ciudad (…) un poco antes de terminar cuarto medio me fui de la cárcel, me fui a vivir con un amigo por los temas de locomoción”.

El caso de este joven tocopillano refleja las incomodidades severas que enfrentaban y enfrentan aún los vecinos, al menos cuando tienen que cumplir un horario en sus trabajos o en los establecimientos. Tal como Eduardo Galaz, quien abandonó el sector, se han constatado otros casos de vecinos que han decidido abandonar las casas recién entregadas para arrendar una casa más cercana a los centros educativos o laborales.

“He estado más de una hora en el centro esperando colectivos –denuncia María Villanueva-  y no me quieren parar porque me conocen y saben que vivo acá. Si alguien me trae, me tengo que venir escuchando las quejas de los colectiveros, reclaman por todo: por los neumáticos, por el polvo, por la tierra, etc. El pavimento no solucionó el tema, después empezaron a decir que eran asaltados, puras excusas. A veces es denigrante, al menos para los estudiantes. Hemos llegado al punto de llamar a Carabineros cuando hay gente enferma que tiene que irse a Antofagasta, entonces, ellos vienen y nos ayudan. En la mañanas parece que hubiese una marcha de ver tanta gente caminado. Es peligroso caminar por la carretera, en la noches, para qué le digo: no se ve nada. Las promesas para iluminar ese sector que está entre la cárcel y Tocopilla han sido muchas y no pasa na’.”

Carecer de un vehículo y depender complemente de la locomoción para cualquier tipo de actividad o trámites, además de las eternas esperas, el estrés, de las caminatas hasta el sector de las carreteras, además de ser un desgaste mental y físico, se induce un alto gasto económico en la locomoción, siendo un importe adicional y permanente que perfectamente puede ser usado en otros ítems familiares.

Brígida Castillo alude a la desventaja de género en cuanto a la descortesía de los colectiveros que, según ella, están centradas mayormente en las mujeres y sus niños: “para mi, como para varias mujeres es complicado el tema de la locomoción, ya que mientras más niños tienen menos te paran los colectiveros, peor si vas con un coche. Hay varios que te preguntan ¿cuántos pasajes va a pagar?. Las autoridades, Carabineros, radio locutores locales, te dicen: ¡No pregunten, súbanse no más!, ¡si los tienen que llevar! Lamentablemente para mí, no los puedo obligar, tengo tres hijos y una más en camino, si yo los obligo a venir vienen de mala voluntad, quejándose, reclamando y manejando de mala forma, para mi eso es un riesgo. Así también como muchas otras mujeres tomé la opción de aprender a conducir así me evito ese tipo de problemas y es más independencia.” Para Brígida y otras vecinas, el logro de la autonomía se hace tangible a la hora de conducir un vehículo. Es la solución buscada que ha llevado a muchas familias a endeudarse para adquirir un automóvil.

Los medios de comunicación comunales, infinitamente han dado a conocer las problemáticas de traslado de los vecinos de Las Tres Marías y Pacífico Norte. Derechamente los taxis se niegan a llevarlos, se acusa la distancia y el repetido argumento “vengo de allá” o “no trabajo para esos sectores”, frases expresadas, incluso, por dirigentes del gremio quienes son los primeros en bloquear las carreteras al momento en que se les exige a los gremios colectiveros mejorar condiciones de seguridad a través de una planta de revisión técnica.
Cada vecino, cuando está en el centro de la ciudad o cualquier otro punto, al hacer parar un colectivo siempre pregunta: “¿Va a Las Tres Marías?”. Es una pregunta, transformada en ritual, generalmente viene la negación del chofer y el respectivo portazo del rechazado.

“Todos en la casa nos levantamos muy temprano y cerca de las siete de la mañana, ya estamos en la esquina esperando, lo mejor es ponerse a caminar hasta que aparezca un colectivo, es algo de todos los días, era y es muy cansador…los atrasos eran terribles en las escuelas…uno se levantaba temprano, los niños decían que era de noche, en la tarde llegaban muertos de cansados, las tareas no se hacían porque se dormían temprano…” expresa Juan Carlos Gómez.


 Angélica Martínez comenta: “Es una rutina caminar cientos de metros para tomar colectivos, y se hizo una rutina levantarse muy temprano a la costumbre que uno traía desde la ciudad…nos hace falta paraderos para evitar esas caminatas largas. (…) Al fin y al cabo, se termina conociendo a los taxistas que van o no van a Las Tres Marías, una sabe cuándo vienen, uno los reconoce. Si vienes solo, no te paran, te preguntan cuántos van; si es menos de tres no te llevan. Aducían que estaban fuera del límite urbano, lo cual era falso, y cobran más de lo que corresponde, son muy usureros en todos los sentidos de la palabra”.

Las conclusiones referidas sobre el mal servicio de la locomoción colectiva de Tocopilla es evidente, histórico y complemente argumentado y comprobado día a día por cada uno de los tocopillanos, en especial por los vecinos de la Pacífico Norte que deben soportar las negativas de los choferes. La necesidad de un servicio público de locomoción es una urgencia que cada día toma más cuerpo y es recordada cada mañana y cada tarde por los vecinos y estudiantes que necesitan movilizarse.

Debemos reconocer que la pavimentación fue tardía, irónicamente se construyó la población y después se pensó en los accesos. La urgencia de la entrega de casas no consideró el pavimento de las vías. Distancia y baches, son las palabras que quedaron para siempre en el discurso de los taxistas. Los vecinos acusan un tema de “mala voluntad”, “de flojera”, “ de mal servicio”.

Sumemos la oscuridad o la “boca de lobo” tantas veces denunciada por el diario La Estrella. Existe un tramo de casi un kilometro completamente lóbrego y carente de seguridad. La planificación de los órganos del Estado también olvidó la postación e iluminación y la implementación de aceras para los transeúntes totalmente necesarias en una carretera en donde se circula a altas velocidades, con camiones de alto tonelaje y la infinitud de buses que transitan durante las 24 Hrs. entre Iquique y Antofagasta.

A esta oscuridad referida, se han atribuido una serie de accidentes vehiculares. Uno de ellos le costó la vida al vecino Jorge Cortés de 67 años. Accidente ocurrido el viernes 13 de septiembre del año 2013 cuando el camión conducido por Cortés se incrustó contra un cargador frontal que se encontraba estacionado. La muerte fue instantánea de este trabajador dedicado a la compra y venta de chatarra. Frente a este tipo de accidentes, Carabineros de Tocopilla, a nombre del Mayor de la Cuarta Comisaria Vicente Urrutia manifestaba la certeza en cuanto a que la causal basal era la oscuridad. El llamado a la solución del problema era recurrente en los medios de comunicación comunal. Esa misma causa basal, ha dado pie a un buen número de atropellos, con fatales consecuencias. Lamentablemente, en ese sector oscuro, de día es posible visualizar una gran cantidad de animitas que recuerdan a las víctimas.
Superar el aislamiento en base a la implementación de equipamientos, en el año 2011 fue un tema sobre el cual la autoridades realizaban promesas dilatadamente.

El Sábado 7 de mayo de 2011, el diario local mencionaba que, “Ya parecen el cuento del tío las obras del acceso a Las Tres Marías, cuyo sector tiene pavimentado gran parte de la vía, a excepción de diez metros en la entrada, pero lo que pena y se suponía que estaba dentro de las obras de mejoramiento del sector, es la falta de alumbrado público, el cual está a la espera de ser colocado, cuando se cumplió un mes desde el plazo de término original fijado por las autoridades para las obras.”.[4]

Los dirigentes de la población, en especial el señor Juan Cabello, indicaba que se habían dado los plazos “se dio un plazo adicional de 40 días y cuando está por cumplirse, vemos que no hay nada hecho, es como que jugaran con nosotros”. El dirigente venía realizando una serie de gestiones con el objetivo de que se cumplieran las promesas que desde el 2009 se venían manifestando. “El problema ya no es tanto la pavimentación, sino que la falta de luz, muchas veces los vecinos por falta de dinero o simplemente porque los vehículos de la locomoción colectiva se niegan a venir, deben transitar por este lugar en completa oscuridad, con todos los peligros que ello significa para la integridad”.

El tramo que va al sur de la cárcel, que atraviesa la pesquera y llega al sector de la costanera, está complemente vacío de casas, sin edificaciones residenciales, sin servicios, carente de  iluminación  y de seguridad, elementos que amplifican el aislamiento y una visualidad cruzada por separación del resto de la ciudad. Lo anterior es producto o consecuencia de un barrio reciente, que se expresa con servicios restringidos y deficiente en equipamientos, con áreas verdes aún sin consolidar, siendo necesario revertir estas características ante la desconexión expresada y las dificultades que existe en el desplazamiento para sus habitantes.

Una buena noticia llegaría en junio del año 2013, momento en que se anunciaban dos servicios de transporte escolar gratuito por parte del Ministerio de Transportes, siendo un centenar de niños los beneficiados. El Mercurio de Antofagasta indicaba: “Los alumnos beneficiados tendrán una locomoción más segura y podrán asistir a clases de manera regular, ya que el organismo implementó dos nuevos servicios de transporte escolar gratuito. Estos nuevos recorridos beneficiarán a los estudiantes de las escuelas Arturo Prat Chacón y Carlos Condell, luego que tuviesen que enfrentar largas caminatas por el borde la carretera para llegar a sus establecimientos, debido a la escasa locomoción colectiva existente en el sector”.

En ese escenario, el entonces Seremi de Transporte, Jaime Valdebenito, comentaba al mismo diario que, “estos dos nuevos servicios nos permiten garantizar a los estudiantes de La Tres Marías acceso a sus establecimientos educacionales. En marzo ya habíamos avanzado en este sentido, cuando implementamos un recorrido para 61 alumnos del sector que estudian en la Escuela Bernardo O’Higgins de Tocopilla”. [5]

Esta iniciativa era parte de los servicios de conectividad implementados por el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones en Tocopilla, destinándose un total de 128 millones de pesos anuales de la Ley Transantiago.






[1] La Estrella de Tocopilla, 4 de enero 2010.
[2] La Estrella de Tocopilla, 20 de marzo 2010.
[3] La Estrella de Tocopilla, 9 de abril de 2010.
[4] La Estrella de Tocopilla, 7 de mayo 2011.
[5] Diario El Mercurio de Antofagasta, 11 de junio 2013.

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