Son multiasociados los
factores que construyen esta percepción de lejanía, de periferia, de vida en un
margen urbano. De una población en el borde, al final.
El marco geográfico que
define la ciudad de Tocopilla y el Barrio
Norte, se caracteriza por dos
limitantes naturales que enmarcan y angostan de Este a Oeste el territorio
disponible para el asentamiento urbano, estas son la Cordillera de la Costa y
el Océano Pacífico. Estas imponencias del medio natural, remiten a la configuración de una
estrechez territorial y geomorfológica, constriñendo la planicie litoral que
sustenta el origen del asentamiento de la ciudad. Al mismo tiempo, estas
imponencias dificultan e imposibilitan un crecimiento conectado del tejido
urbano a lo largo del territorio, producto de la conformación de expansivas y
pronunciadas masas de rocas que impone el borde cordillerano y el abrupto
farellón costero que cruza de norte a sur la planicie territorial considerada
como zona primaria del asentamiento de ciudad.
Por efecto de lo anterior,
el emplazamiento del barrio se halla morfológicamente disgregado y a una gran
distancia respecto a la planicie central que sustenta el origen y desarrollo
urbano y material de la ciudad. Es decir, la cordillera costeña fractura la
llanura del litoral a la altura de las pesqueras industriales.
La planificación del
barrio, no consideró servicios básicos, tales como una posta, centros
educativos, ni la posibilidad de estimular la presencia de centros comerciales;
hasta el año 2013 carecían de reten policial y de un cuartel de bomberos. No
había farmacias ni almacenes para adquirir víveres que permitieran mantener la
despensa mensual.
Angélica Martínez nos
cuenta: “Yo llegué el 2009 y el cambio
era muy brusco, uno se sentía muy sola, no había almacenes porque SERVIU no lo permitía, recién, después de tres años, se
autorizó. Aquí no había dónde comprar cosas y si hay es muy caro, el pan y la
bebida por ejemplo, en comparación al centro…al final uno termina comprando
igual por la necesidad…es complicado por los útiles del colegio, los papeles,
los materiales…yendo al centro, se encarece todo. No hay abastecimiento para
comer, una siempre se preguntaba: ¿Dónde compramos pan? ¿Una bebida?”.
El esposo de Angélica
revela que en los primeros días la situación era compleja y reseña aspectos
negativos en los comerciantes: “En los
primeros días era complicado, uno se arrepentía de vivir acá, la gente era muy
usurera, es carera, porque saben que no hay más y se lanzan con los precios…
vienen camiones de verdura pero de baja calidad. Y los negocios venden caros.
Pero la necesidad nos obliga a comprar, uno recorre toda la población y los
vendedores se mal acostumbraron. Se camina mucho para encontrar cosas tan
básicas, uno termina estresado y no dan ganas de nada. Al comienzo el desanimo
era muy fuerte, por la lejanía”.
La percepción de lejanía
es también, quizás, fruto de la costumbre local de hallarlo todo cerca. No
olvidemos que este barrio está conformado por pobladores proveniente de
diversos barrios locales. La pequeñez de la ciudad conformó desde la infancia
la percepción de que todo, o casi todo, estaba cerca: el hospital, servicios
públicos, Carabineros, supermercado, comercio en general, el centro, etc.
Trayectos que desde
cualquier calle antigua de Tocopilla no demoraba más de cinco minutos
caminando.
Angélica nos detalla: “Cuando vivía en Tocopilla, si no tenías
plata, te ibas caminando al centro, pero acá es difícil caminar, la plata, la
distancia, para ir al estadio, a la iglesia, desde acá ya no se puede, ni
siquiera para ir a la feria… cerca de las empresas pesqueras está lleno de
perros, los vehículos pasan a altas velocidades…todos los vecinos estamos
cansados y estresados, muchos se fueron porque no aguantaron…todo se iba en la
locomoción, no se puede ni ahorrar…acá no llegan ni los Carabineros, ni las
ambulancias…hemos tenido incendios y la demoras como podrás imaginar es súper
peligrosa porque todas las casas están pegadas, queremos una brigada femenina
porque los hombres trabajan, y nosotras estamos acá todo el día en la casa. No
tenemos bomberos, y si alguien tiene emergencia los propios vecinos tienen que
llevar a los enfermos al hospital, porque sencillamente no llegan. Sin embargo
hay cooperación entre los vecinos, al menos cuando hay emergencia y nos llevan
en autos, eso es bueno”.
El crecimiento urbano dejó
en evidencia que la distancia y los largos recorridos son parte de una nueva
cotidianidad local, no obstante, en otras ciudades los desplazamiento extensos
es una normalidad asumida, molesta, pero duramente asumida.
La locomoción colectiva de
Tocopilla posee distintas líneas como asociación gremial, pero todas ellas
realizan el mismo recorrido. Un recorrido bastante cómodo para quien es
taxista, pero que no satisface la demanda de la población. Son vastos los sectores
no cubiertos por estos prestadores de servicios, lo que ha significado el
cuestionamiento histórico a este rubro. Son recurrente las quejas en los
diarios y radios ante el precario servicio de los taxistas partiendo por los
tipos de recorridos, los precios sobredimensionados para las exiguas distancias
locales y por la atención deficiente.
Una vez implementada la
nueva población, la negación de los taxistas de cubrir dicho sector fue rotunda
y muy sentida en la comunidad. Argumentaban la “excesiva distancia” y la baja
calidad de las rutas y las calzadas. El lunes 4 de enero del año 2010 en el
diario La Estrella de Tocopilla se indicaba que los vecinos estaban aburridos
de que no pasara locomoción colectiva. “Los
habitantes del sector de Las Tres Marías de Tocopilla están aburridos que pocos
colectivos pasan por su sector y más encima cobran más de la cuenta, en lo que
respecta a la tarifa normal”. [1]
Algo similar nos relata Brígida Castillo en cuanto a que la
mayoría de las apoderadas de escuela optan por quedarse en casa de familiares o
amigos en la ciudad, mientras sus hijos asisten al colegio, “como a las 19ºº Hrs. retornan a sus hogares
aquí, así ahorran locomoción, trabajo y esfuerzo diario, los que volvemos
temprano sólo en casa, no nos movemos hasta el otro día.”
En abril, los colectiveros
denunciaban una serie de robos en sector Las Tres Marías, “Los colectiveros de Tocopilla, han denunciado una serie de robos que
se han registrado en la población Las Tres Marías. Según informaron fuentes
dentro del gremio, los delincuentes se suben a los taxis colectivos como
pasajeros y esperan lugares con poca luz en el sector para asaltar a los
trabajadores de la locomoción colectiva.” [3]
La denuncia de los
colectiveros fue interpretada por parte de los vecinos como excusa, como una
falacia, para explicar el porqué de sus negativas respuestas a la hora de tomar
un pasajero y conducirlo hasta el barrio nuevo.
Todo este problema de
servicios precarios de la locomoción, trajo severas molestias y problemas en
los vecinos, quienes poseían problemas en los trabajos o escuelas por los
constantes atrasos. Las escuelas municipales tuvieron que flexibilizar sus
horarios, por ejemplo el Liceo Domingo Latrille al menos en los años 2010 y
2011 dejó de exigir que el horario de llegada fuese a las 8 Hrs. de la mañana.
Los muchachos y muchachas llegaban todos los días atrasados por la dificultad
de hallar locomoción en las mañanas.
Marcos Campos, ex
estudiante del Liceo Latrille, nos dice: “me
levantaba a las 6:30 am y a las 7:10 ya estaba esperando una micro que cobraba
$200, si pasaba la micro llegaba al liceo a las 7:50, de los primeros; y cuando
no pasaba la micro los colectivos pasaban cerca de las 8 am de la mañana y era
muy molesto porque a veces llegaba pasado las 8:30 al liceo (…) Para devolverme
tenía que esperar media hora para que pasaran las micros en la escuela básica
Arturo Prat, si no pasaba me iba caminando hasta las últimas casas, cerca de la
pesquera para lograr tomar un colectivo; en las tarde era igual: la micro
pasaba a las 2:15 llegaba 2:40 y en las tardes me iba a pie porque la micro
pasaba a las 4:30 y yo salía 5:30, no alcanzaba, o tomaba un colectivo cerca de
las últimas casas”.
Lesly Valderrama, otra
estudiante del liceo Latrille, nos reseña: “La
verdad es que cuesta mucho tomar un auto, la gente se amontona tenemos que
caminar hasta la entrada de Las Tres Marías para poder tomar un auto (…) yo me
levanto todos los días un poco antes que las 6:30 Hrs., pero aunque me levante
temprano apenas pasan colectivos, (…) además los señores de los colectivos para
llevarte a Las Tres Marías te cobran 500 pesos como escolar y es injusto ya que
tengo otra hermana y después tenemos que volver en la tarde a clases; mi madre
gasta entre mi hermana y yo casi $4000 pesos diarios solamente en la locomoción
para ida y vuelta”.
Un colectivo, como
servicio escaso, es a la vez motivo de microconflictos entre los vecinos a la
hora de “ganar” un auto que los traslade. Insultos, empujones y pequeños
conatos verbales han surgido frente a una situación que en las mañanas se cruza
con la ansiedad, el estrés de querer llegar a sus trabajos o escuelas y el despotricamiento
hacia los taxistas.
Eduardo Galaz Da Rocha,
también ex estudiante del Liceo Latrille, era el fiel reflejo de un alumno
perjudicado por las precariedades de la locomoción tocopillana.
“Yo vivía en la cárcel, acogido por Gendarmería, ya que el terremoto
derrumbó mi casa (…) en ese entonces no había casas en este sector y el camino
era de tierra. Todos los días me levantaba antes de las 6:00 y el paramédico de
Gendarmería me iba a dejar, aunque a veces no y eso complicaba las cosas y no quedaba
más que dirigirme al liceo a pie, distante a varios kilómetros. En las tardes
si o si me tenía que devolver a pie, nadie me quería llevar (…) después de un
tiempo poblaron el sector y una micro comenzó a pasar a veces y pude
aprovecharla al igual que las demás personas. La locomoción colectiva era
demasiada difícil que llegara hasta allá porque el camino aún era complicado.
Recuerdo que hubo una mañana que no pasó ningún auto y toda la gente tuvo que
caminar con sus hijos varios kilómetros hasta llegar a la ciudad (…) un poco
antes de terminar cuarto medio me fui de la cárcel, me fui a vivir con un amigo
por los temas de locomoción”.
El caso de este joven
tocopillano refleja las incomodidades severas que enfrentaban y enfrentan aún
los vecinos, al menos cuando tienen que cumplir un horario en sus trabajos o en
los establecimientos. Tal como Eduardo Galaz, quien abandonó el sector, se han
constatado otros casos de vecinos que han decidido abandonar las casas recién
entregadas para arrendar una casa más cercana a los centros educativos o
laborales.
“He estado más de una hora en el centro esperando colectivos –denuncia María Villanueva- y no me quieren parar porque
me conocen y saben que vivo acá. Si alguien me trae, me tengo que venir
escuchando las quejas de los colectiveros, reclaman por todo: por los
neumáticos, por el polvo, por la tierra, etc. El pavimento no solucionó el
tema, después empezaron a decir que eran asaltados, puras excusas. A veces es
denigrante, al menos para los estudiantes. Hemos llegado al punto de llamar a
Carabineros cuando hay gente enferma que tiene que irse a Antofagasta,
entonces, ellos vienen y nos ayudan. En la mañanas parece que hubiese una
marcha de ver tanta gente caminado. Es peligroso caminar por la carretera, en
la noches, para qué le digo: no se ve nada. Las promesas para iluminar ese
sector que está entre la cárcel y Tocopilla han sido muchas y no pasa na’.”
Carecer de un vehículo y
depender complemente de la locomoción para cualquier tipo de actividad o
trámites, además de las eternas esperas, el estrés, de las caminatas hasta el
sector de las carreteras, además de ser un desgaste mental y físico, se induce
un alto gasto económico en la locomoción, siendo un importe adicional y
permanente que perfectamente puede ser usado en otros ítems familiares.
Brígida Castillo alude a la desventaja de género en
cuanto a la descortesía de los
colectiveros que, según ella, están centradas mayormente en las mujeres y sus
niños: “para mi, como para varias mujeres es complicado el tema de la
locomoción, ya que mientras más niños tienen menos te paran los colectiveros,
peor si vas con un coche. Hay
varios que te preguntan ¿cuántos
pasajes va a pagar?. Las autoridades, Carabineros, radio locutores locales, te
dicen: ¡No pregunten, súbanse no más!, ¡si los tienen que llevar!
Lamentablemente para mí, no los puedo obligar, tengo tres hijos y una más en
camino, si yo los obligo a venir vienen de mala voluntad, quejándose,
reclamando y manejando de mala forma, para mi eso es un riesgo. Así también
como muchas otras mujeres tomé la opción de aprender a conducir así me evito
ese tipo de problemas y es más
independencia.” Para Brígida
y otras vecinas, el logro de la autonomía se hace tangible a la hora de
conducir un vehículo. Es la solución buscada que ha llevado a muchas familias a
endeudarse para adquirir un automóvil.
Los medios de comunicación
comunales, infinitamente han dado a conocer las problemáticas de traslado de
los vecinos de Las Tres Marías y Pacífico Norte. Derechamente los taxis se niegan a
llevarlos, se acusa la distancia y el repetido argumento “vengo de allá” o “no trabajo
para esos sectores”, frases expresadas, incluso, por dirigentes del gremio
quienes son los primeros en bloquear las carreteras al momento en que se les
exige a los gremios colectiveros mejorar condiciones de seguridad a través de
una planta de revisión técnica.
Cada vecino, cuando está
en el centro de la ciudad o cualquier otro punto, al hacer parar un colectivo
siempre pregunta: “¿Va a Las Tres Marías?”.
Es una pregunta, transformada en ritual, generalmente viene la negación del
chofer y el respectivo portazo del rechazado.
“Todos en la casa nos levantamos muy temprano y cerca de las siete de la
mañana, ya estamos en la esquina esperando, lo mejor es ponerse a caminar hasta
que aparezca un colectivo, es algo de todos los días, era y es muy cansador…los
atrasos eran terribles en las escuelas…uno se levantaba temprano, los niños
decían que era de noche, en la tarde llegaban muertos de cansados, las tareas no
se hacían porque se dormían temprano…” expresa Juan Carlos Gómez.
Angélica Martínez comenta:
“Es una rutina caminar cientos de metros
para tomar colectivos, y se hizo una rutina levantarse muy temprano a la
costumbre que uno traía desde la ciudad…nos hace falta paraderos para evitar
esas caminatas largas. (…) Al fin y al cabo, se termina conociendo a los
taxistas que van o no van a Las Tres Marías, una sabe cuándo vienen, uno los
reconoce. Si vienes solo, no te paran, te preguntan cuántos van; si es menos de
tres no te llevan. Aducían que estaban fuera del límite urbano, lo cual era
falso, y cobran más de lo que corresponde, son muy usureros en todos los
sentidos de la palabra”.
Las conclusiones referidas
sobre el mal servicio de la locomoción colectiva de Tocopilla es evidente,
histórico y complemente argumentado y comprobado día a día por cada uno de los
tocopillanos, en especial por los vecinos de la Pacífico Norte que
deben soportar las negativas de los choferes. La necesidad de un servicio
público de locomoción es una urgencia que cada día toma más cuerpo y es
recordada cada mañana y cada tarde por los vecinos y estudiantes que necesitan
movilizarse.
Debemos reconocer que la
pavimentación fue tardía, irónicamente se construyó la población y después se
pensó en los accesos. La urgencia de la entrega de casas no consideró el
pavimento de las vías. Distancia y baches, son las palabras que quedaron para
siempre en el discurso de los taxistas. Los vecinos acusan un tema de “mala voluntad”, “de flojera”, “ de mal
servicio…”.
Sumemos la oscuridad o la
“boca de lobo” tantas veces
denunciada por el diario La Estrella. Existe un tramo de casi un kilometro
completamente lóbrego y carente de seguridad. La planificación de los órganos
del Estado también olvidó la postación e iluminación y la implementación de
aceras para los transeúntes totalmente necesarias en una carretera en donde se
circula a altas velocidades, con camiones de alto tonelaje y la infinitud de
buses que transitan durante las 24 Hrs. entre Iquique y Antofagasta.
A esta oscuridad referida,
se han atribuido una serie de accidentes vehiculares. Uno de ellos le costó la
vida al vecino Jorge Cortés de 67 años. Accidente ocurrido el viernes 13 de
septiembre del año 2013 cuando el camión conducido por Cortés se incrustó
contra un cargador frontal que se encontraba estacionado. La muerte fue
instantánea de este trabajador dedicado a la compra y venta de chatarra. Frente
a este tipo de accidentes, Carabineros de Tocopilla, a nombre del Mayor de la
Cuarta Comisaria Vicente Urrutia manifestaba la certeza en cuanto a que la causal
basal era la oscuridad. El llamado a la solución del problema era recurrente en
los medios de comunicación comunal. Esa misma causa basal, ha dado pie a un
buen número de atropellos, con fatales consecuencias. Lamentablemente, en ese
sector oscuro, de día es posible visualizar una gran cantidad de animitas que
recuerdan a las víctimas.
Superar el aislamiento en
base a la implementación de equipamientos, en el año 2011 fue un tema sobre el
cual la autoridades realizaban promesas dilatadamente.
El Sábado 7 de mayo de
2011, el diario local mencionaba que, “Ya
parecen el cuento del tío las obras del acceso a Las Tres Marías, cuyo sector
tiene pavimentado gran parte de la vía, a excepción de diez metros en la
entrada, pero lo que pena y se suponía que estaba dentro de las obras de
mejoramiento del sector, es la falta de alumbrado público, el cual está a la
espera de ser colocado, cuando se cumplió un mes desde el plazo de término original
fijado por las autoridades para las obras.”.[4]
Los dirigentes de la
población, en especial el señor Juan Cabello, indicaba que se habían dado los
plazos “se dio un plazo adicional de 40
días y cuando está por cumplirse, vemos que no hay nada hecho, es como que
jugaran con nosotros”. El dirigente venía realizando una serie de gestiones
con el objetivo de que se cumplieran las promesas que desde el 2009 se venían
manifestando. “El problema ya no es tanto
la pavimentación, sino que la falta de luz, muchas veces los vecinos por falta
de dinero o simplemente porque los vehículos de la locomoción colectiva se
niegan a venir, deben transitar por este lugar en completa oscuridad, con todos
los peligros que ello significa para la integridad”.
El tramo que va al sur de
la cárcel, que atraviesa la pesquera y llega al sector de la costanera, está
complemente vacío de casas, sin edificaciones residenciales, sin servicios,
carente de iluminación y de seguridad, elementos que amplifican el
aislamiento y una visualidad cruzada por separación del resto de la ciudad. Lo
anterior es producto o consecuencia de un barrio reciente, que se expresa con
servicios restringidos y deficiente en equipamientos, con áreas verdes aún sin
consolidar, siendo necesario revertir estas características ante la desconexión
expresada y las dificultades que existe en el desplazamiento para sus
habitantes.
Una buena noticia llegaría
en junio del año 2013, momento en que se anunciaban dos servicios de transporte
escolar gratuito por parte del Ministerio de Transportes, siendo un centenar de
niños los beneficiados. El Mercurio de Antofagasta indicaba: “Los alumnos beneficiados tendrán una
locomoción más segura y podrán asistir a clases de manera regular, ya que el
organismo implementó dos nuevos servicios de transporte escolar gratuito. Estos
nuevos recorridos beneficiarán a los estudiantes de las escuelas Arturo Prat
Chacón y Carlos Condell, luego que tuviesen que enfrentar largas caminatas por
el borde la carretera para llegar a sus establecimientos, debido a la escasa
locomoción colectiva existente en el sector”.
En ese escenario, el
entonces Seremi de Transporte, Jaime Valdebenito, comentaba al mismo diario
que, “estos dos nuevos servicios nos
permiten garantizar a los estudiantes de La Tres Marías acceso a sus
establecimientos educacionales. En marzo ya habíamos avanzado en este sentido,
cuando implementamos un recorrido para 61 alumnos del sector que estudian en la
Escuela Bernardo O’Higgins de Tocopilla”. [5]
Esta iniciativa era parte
de los servicios de conectividad implementados por el Ministerio de Transportes
y Telecomunicaciones en Tocopilla, destinándose un total de 128 millones de
pesos anuales de la Ley Transantiago.




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