El cartonero
es parte de una cadena productiva que participa en el ciclo de grandes empresas
que reciclan el papel y que obtienen beneficios del trabajo de estas personas,
quienes les brindan un servicio a costos sumamente bajos en referencia a las
ganancias de las grandes sociedades.
Durante la
recolección de cartones, momento en que se generan los ingresos, el cartonero
se manifiesta como independiente. El material es regalado, cedido o
recogido desde la calle con base en su significado de representación de
“basura”: al ser basura deja de tener dueño, por lo tanto su dueño se
disipa.
Un rasgo
relevante que podemos observar es el grado de autonomía que otorga este tipo de
trabajo: trabajan cuando quieren, no tienen horarios, ni calendarios
programados.
Durante su
cotidianidad, tanto en la recolección, acumulación, en enfardar,
el carbonero no tiene que interactuar con muchas personas. Sólo saben
que las ganancias están relacionadas directamente con el material recolectado.
Día a día
Eduardo Gutiérrez recibe kilos y kilos de cartones que provienen de distintos
puntos de la ciudad. Se los traen desde un supermercado, del mismo modo recibe
todo lo que sus amigos proveedores encuentran. Él mismo comenta que ha salido a
buscar cajas de cartones y las ha encontrado por decenas. Las lleva en sus
manos y comienza a crecer la acumulación en el gran patio que posee. En ese
patio selecciona cada tipo de cartón, los estira y los apila. En algún momento
llegará el camión del Sr. Campillay el cual será cargado sólo con 4 toneladas,
porque el volumen y altura que alcanza la cartonada, no permite otra cosa.
El camión
irá atiborrado con cartones para vender el material a $ 30 pesos el kilo.
“Lo más
pesado, además de acumular o salir a buscar cartones es estar enfardando. Lo que
significa que hay que estar casi todo el día con la espalda doblada”, nos
cuenta Eduardo, quien ha dedicado toda su vida a la recolección de residuos en
la población Las Tres Marías.
Su hermano
Yerko nos indica que, en promedio, cada 15 días llega el camión dispuesto a
recibir las 4 toneladas de cartón. Cada peoneta cobra $15.000 pesos. El camión
se carga durante toda la jornada. No es fácil amarrar y aprisionar cada uno de
los fardos. “Igual es complicado estar separando los tipos de cartones,
porque está el cartón Blanco 1, el cartón Blanco 2, el 3. También está el
cartón corrugado 2, el clasificado 1 y 2. Están los diarios, los esquineros, el
papel kraft, y tantos más…”.
Los días de
Eduardo transcurren completamente en la rutina de desarmar cajas, estirar lo
desarmado, apilar los pliegues en una especie de molde. Es un trabajo lento,
prolijo y rítmico llevado bajo el sol y la humedad costera imperturbable.
Es un actor
inserto en una trama de reciclaje, de un re-ciclo infinito del cartón hasta que
se destruye. Los acopiadores de cartón, o derechamente los cartoneros,
revenderán a las empresas, en especial a la empresa SOREPA en Antofagasta.
Luego se volverá a fabricar papel que será nuevamente consumido y otra vez arrojado y recogido por los recicladores de cartón, algún día, de nuevo.
Luego se volverá a fabricar papel que será nuevamente consumido y otra vez arrojado y recogido por los recicladores de cartón, algún día, de nuevo.



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