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| La camioneta accidentada. |
Tocopilla celebraba su
aniversario el 29 septiembre de 1965. Mientras la comunidad desfilaba a medio
día, un grupo de detectives se dirigía a un procedimiento rutinario.
Realizadas las diligencias
sobre un crimen perpetrado en una mina, la camioneta volvía desde los empinados
cerros costeros: la peligrosidad de las curvas marcaban la ruta minera.
Viajaban tres funcionarios de
la Policía de Investigaciones: el jefe de cuartel Sr. Luis Salinas, quien venía
como copiloto; atrás venía sentado el segundo a mando, el Sr. Hugo Contreras y
conducía la camioneta un joven detective: Walter Marín Gutiérrez.
En una de las tantas curvas,
la camioneta sufrió el corte de frenos. La agreste y empinada geografía vial
indujo a que el vehículo se tornara incontrolable. El vehículo se desprendió de
la ruta volcándose violentamente. Dio varias vueltas de campana, en una rodada
libre. En una de esas rodadas van quedando en el camino el conductor y el
copiloto Luis Salinas.
Cuando se detuvo la camioneta
los funcionarios estaban a muchos metros de esta y solo quedaba dentro de ella
Hugo Contreras, quien estaba atrapado con su pierna. El funcionario, luego de
unos minutos de inconciencia, logró darse cuenta que estaba inmovilizado sin
poder salir de la volcada vehículo.
El tiempo parecía que corría
lentamente: todos los pensamientos se resumían en que la ayuda tardaría en
llegar, según relata Hugo Contreras.
Con el rostro cubierto de
sangre y tierra, los rostros estaban con una especie de barro ocre. Contreras intentó
sacar su pierna pero los fierros retorcidos tornaron imposible la tarea. Los
dolores contribuyeron mucho más.
Cuando el cansancio hacía
presa de su adolorido cuerpo, sintió a lo lejos varios gritos: eran mineros que
desde la altura fueron testigos de la terrible rodada del vehículo y la huella
de polvo que dejaba en su violenta caída.
Los mineros bajaron lo más
rápido que pudieron y comenzaron atender a los funcionarios que quedaron
tirados a varios metros de distancia entre ellos y de la patrullera.
Contreras sentía a lo lejos
los gritos de la gente y al percatarse de estos no llegaban a rescatarlo por
ignorar su presencia atrapado en el móvil desenfundó su arma de servicio,
apuntó al cielo y a través de la ventana disparó tres tiros como señal. Pronto
llegó la ayuda. Lo que nunca imaginó que lo primero que sentiría sería el
gruñido de una pequeña cerda, la cual pertenecía a los mineros que la tenían
como mascota.
Los tres funcionarios fueron
trasladados al hospital en estado de extrema gravedad. La noticia se propagó
por todo el puerto de Tocopilla causando gran consternación en la ciudad.
Rápidamente empezaron llamados a dadores de sangre y los ciudadanos no se
hicieron esperar formando una larga fila en el hospital Marcos Macuada.
Lamentablemente, a los dos
días el joven conductor, detective Walter Marín, falleció.
Luis Salinas fue trasladado
en un avión de la institución a Santiago, quedando solo el funcionario Hugo
Contreras recuperándose en Tocopilla.
De este modo, la ciudad
quedaba consternada ante la perdida del joven.
En 1983 el municipio decidió
nombrar una calle en su nombre: la calle Walter Marín, ubicada en la Población
La Patria de Tocopilla. Un sencillo, pero noble gesto de Tocopilla para con su
mártir, un joven que perdió la vida cumpliendo su deber.

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