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El
dirigente obrero es apresado en Tocopilla en 1920 justo cuando había sido
designado como candidato a la Presidencia de la República. Le acompaña en la
fotografía Ramón Sepúlveda Leal.
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por Damir Galaz-Mandakovic (2009)
LOS ANTECEDENTES
Las Mancomunales fueron las primeras agrupaciones de obreros en Chile, las que posteriormente
derivarían en sindicatos. Eran organizaciones territoriales que congregaron a
miles de trabajadores y los guiaron en sus “ofensivas de clase”. Gestionaron masivas y poderosas huelgas a comienzos del siglo
XX.
El 21 de enero de 1900 se funda la
Mancomunal Obrera de Chile, primera organización sindical con sede en Iquique, siendo creada por lancheros: fueron dirigidos por Abdón Díaz.
Esta organización agrupó a más de 5 mil asociados de diversos gremios de la provincia de Tarapacá.
Esta organización agrupó a más de 5 mil asociados de diversos gremios de la provincia de Tarapacá.
El 1° de Mayo de 1902, se crea la segunda
gran Combinación Mancomunal de Obreros en Chile: la de Tocopilla, fundada también por
los lancheros, siendo encaminados por el dirigente Gregorio Trincado
(veterano de la Guerra del Pacífico).
En 1903 la Mancomunal de Tocopilla propone
a Luis Emilio Recabarren trasladarse al puerto salitrero con la tarea de
fundar, dirigir y escribir un periódico. Su sueldo sería de $150 pesos.
Recabarren acepta esta solicitud, y fue así que el 18 de octubre de 1903
aparece el primer número del diario El Trabajo, en cuya editorial escribe:
“Procuraremos
obtener todo lo que aspiramos por la fuerza de la razón, pero si los oídos de
las autoridades se quedan sordos, haremos sentir entonces el efecto que produce
la razón de la fuerza, sin vacilaciones y al precio que las circunstancias lo
requieran…”. [1]
La Combinación Mancomunal de Obreros, que
debía servir al socorro mutuo, a la instrucción, al
establecimiento de cooperativas, a la defensa obrera, a la propaganda social por medio
de la prensa y a la protección de
sus asociados en todas sus manifestaciones, según Recabarren[2],
los trabajadores esperaron con entusiasmo
este acontecimiento: “…esta nueva
manifestación de la cultura, este refugio del
dolor y de la esperanza,
esta brillante iniciativa de la sociabilidad
futura, y corrieron a engrosar sus filas con la fé en el corazón y la
convicción en el alma…”.
Sin embargo, indicaba: “La burguesía tocopillana la recibió con
cierta aquiescencia, sin tratar de detener su paso, pero sin tratar tampoco de
impulsarla, ni mucho menos de protegerla.”
Se elevó por el esfuerzo exclusivo de los trabajadores y rápidamente emprendió los servicios a los que estaba destinada.
Al publicarse El Trabajo, la Mancomunal
tuvo un impulso
enérgico. Lo que en palabras de Recabarren era considerado como la piedra filosofal de la prosperidad
humana: “La Unión se había descubierto
aquí con la más halagadora verdad. Todos los trabajadores del puerto, de las
minas y de la pampa venían
presurosos a mantener o consolidar con su aliento vivificador el edificio de la
fraternidad social.”[3]
Ya en enero de dicho año, 3.000
trabajadores de Tocopilla se habían unido al influjo de aquellos ideales. El
periódico estudiaba y difundía todas las ideas capaces de concurrir al “Perfeccionamiento de la Humanidad”, tal como aparecía en su portada.
Al mismo tiempo, se ponían en práctica
proyectos necesarios, que debían producir los frutos orientados a la
emancipación, y del mismo modo aplicar los ideales de la concordia y de
la felicidad de cada uno de sus asociados. Se socorría y se atendía a los asociados enfermos,
se estableció una escuela taller de tipografía, se aprobó un proyecto de
cooperativas de consumo. Asimismo tenían proyectado el arriendo de un terreno
en las inmediaciones de las salitreras para poder allí edificar y poder establecer
una pulpería, en donde los socios
tendrían mercaderías con un 50% menos
que en las oficinas que, a esas alturas, eran considerados como
verdaderos feudos.
No obstante, para la Mancomunal de Obreros,
las autoridades tocopillanas empezarían a
jugar en contra, especialmente por las opiniones establecidas en su
diario oficial. Fue así que el 15 de
enero de 1904, el Promotor Fiscal, Francisco Basterrica, acusaba al Directorio
de la Mancomunal por subversión y
amenazas, basándose exclusivamente en la propaganda social y
anti-militarista que venía desarrollando dicho diario.
En efecto, contra Recabarren se emprendió
la acusación de promover la deserción de las tropas del ejército, siendo importantes
sus llamados a huir del cuartel y hacer parecer odiosa y ruin la vida militar; “Nada más odioso que ser militar, así es como el hombre se convierte en verdugo i asesino de sus mismos Semejantes. soldado huid
del cuertel: es más digna la herramienta que el sable”. [4]
El mismo núm. 8 dice: “Es la
sacristía, la bolsa i el Cuartel tres centros de corrupción.” [5]
Mayor animadversión provocó en las
autoridades la analogía que hace Recabarren entre los militares y la mula, en
el verso «Al soldado», que aparece en el núm. 4 del citado diario, en la que se compara ambas vidas: el militar al acudir al golpe del
tambor y mula que acude al son del
cencerro.
En otro artículo, el dirigente sindical,
continúa con su campaña anti militar y aconsejaba lo siguiente: “Trabajaremos incansablemente
porque se acaben los soldados, i a los que se queden aconsejémosles, ya que son ellos de nuestra misma clase, que no disparen ni descarguen
sus armas contra nosotros. Roguémosles que no obedezcan cuando les manden a cargar contra nosotros, porque
ellos han sido i serán trabajadores como nosotros así, pues, seamos amigos de
los soldados, para rogarles que abandones ese infame servicio”. [6]
El mismo modo se fomentaba la deserción en
el servicio militar por ser una pérdida de tiempo y un elemento que, según
ellos, sólo servía para empobrecer a las
familias.
En fin: los avisos, poemas y artículos
anti militares son abundantes en los ejemplares del diario por lo que el
llamado “agitador”, fue acusado de
delito militar por aconsejar la deserción en la forma que la establecía el art. 10 del tít. 73, Por ta jurisdicción de los tribunales militares, en
conformidad a lo dispuesto por el art. 5.0 inciso 4 de la ley de I 5 de Octubre de 1875.
La propaganda tuvo sus frutos nefastos
para el Ejército, ya que una vez localizados en Tocopilla el Regimiento Arica,
desertó un Cabo llamado Benjamín Ramírez, quien –como se expresa en una carta
del Teniente R. Valenzuela
Hurtado, dirigida al Gobernador y
Comandante de Armas del Departamento de Tocopilla, el señor Gutiérrez-
este joven soldado habría tenido contactos con los “sediciosos” quienes lo
habrían convencido de cometer el mayor delito en el Ejército: la deserción, “algo similar a la traición a la Patria”. [7]
Uno de los cargos esgrimidos contra esta
sociedad obrera fue nuevamente su propaganda iconoclasta. La mancomunal era
acusada en una nota al juez del teniente
Valenzuela Hurtado, de fecha 5 de
Diciembre de 1903, que dice:
«En
el periódico El Trabajo se aconseja al pueblo a la rebelión, se ínsita a las
autoridades constituidas, se amenaza a los gobernantes i a los industriales con la destrucción de sus propiedades i con la
muerte; se declama contra la lei de Reclutas i reemplazos, aconsejando a los ciudadanos a que no cumplan con ella; se deprime al
Ejército i se aconseja a los soldados la deserción, delito espresamente
condenado por la lei i que cae bajo la sanción de la Ordenanza Militar”.[8]
El diario El Trabajo tuvo que presentar un
receso porque la directiva de la Mancomunal cayó detenida durante un breve
periodo. Después de la primera prisión, continuó su marcha con iguales atrevimientos, entonces iniciaron el juicio civil sobre la liquidación de la Sociedad, solicitado por un “ex socio vendido al oro de los burgueses”.[9]
Algunos dirigentes caían detenidos por
subversión, siendo este caso de atropello a la sociedad mancomunada de obreros,
considerado de gran revuelo por la comunidad.
Según el diario La Correspondencia[10] señalaba que, paralelamente en Santiago, se
realizaba un Congreso Obrero, del cual una delegación marchó hacia el
Ministerio del Interior para protestar contra la detención de los dirigentes.
Se inicia así un bullado sumario, el cual
estaría a cargo del Ministro de la Corte de Apelaciones de Tacna, el señor
Marco Quirell, quien luego daría libertad a los dirigentes tocopillanos
Trincado, Figueroa y Bravo, los altos llamados cabecillas, quienes se atribuyeron los “artículos subversivos”.
Sin embargo en el diario La Correspondencia
del 03 de febrero señala que Recabarren habría dicho en su defensa que él sólo
era un empleado que ganaba solo $ 150 por escribir lo que le ordenaban.
El juez Quirell se dirigía, por el lapso
de 5 días -en el mes de febrero- hacia la pampa, especialmente al cantón El
Toco, con el propósito de recabar mayor
información en cuanto a los movimientos
ejercidos por la Mancomunal Obrera.
EL
EMPASTELAMIENTO
Frente al acoso, Recabarren no cesó de escribir
transgresiones, que serían castigadas por la autoridad, quienes optaron por la
destrucción de la imprenta de El Trabajo.
En el diario Los Tiempos se indica que se
había solicitado “… al Juzgado de Letras de Tocopilla la
liquidación de la Mancomunal. El juez Joaquín Elizalde ordenó como medida precautoria el embargo de
la imprenta del “El Trabajo” (…) el 7 de marzo de 1904, a las 5 pm se procedió
a ejecutar el mandato a cargo del receptor Pablo Echiburú acompañado de un
piquete de policía (…) Gregorio Trincado al ver la afrenta procedió a cerrar la
puerta de la sede, ubicada en Aníbal Pinto con calle Sucre, y otros socios
procedieron a descargar el carro en donde se llevaban los implementos de la
imprenta…”.
Se inicia un enfrentamiento entre la
policía y los obreros apostados en la imprenta de calle Aníbal Pinto al llegar
a Sucre. Los obreros reaccionaron ante el desalojo surgiendo los heridos por
los palos, piedras y sables.
Recabarren afirmó que frente a esta
situación estaban siendo ultrajados, “…pero
el pueblo, ante un atropello tan audaz, contemplando el robo de que se le hacía
víctima, no pudo contenerse i cargó
contra los esbirros, arrebatándoles lo que
en realidad constituía el fruto de su trabajo.”[11]
Luego
afirma que: “…El golpe había sido
preparado con maestría, i aunque no pudieron
robarse la imprenta, El Trabajo no
podía ya continuar publicándose; i… nueva prisión a los desheredados de la
fortuna que tuvieron el coraje de defender lo que les pertenecía”. [12]
La autoridad señalaba que Recabarren y su
séquito de tocopillanos escribían artículos fuera de la ley.
No obstante, la suerte de los asociados a
la mancomunal seguía a la deriva. Al mismo tiempo Recabarren decía que por
reclamar, sus cartas habrían sido abiertas y leídas por el gobernador, lo que
él llamó violación de correspondencia.
LAS
CONDENAS
En definitiva, el dirigente fue acusado de
propagar ideas que tendían al anarquismo
en su forma más violenta, delito que sin duda había sido establecido y
construido por los jueces de Tocopilla, ya que ninguna ley era referida a algo
similar. De todos modos, a Recabarren se le inicia otro proceso durante el cual
estuvo recluido siete meses.
En este proceso
se puede establecer la nómina de los 10 directores, socios y amigos de la
Mancomunal que sufrieron prisiones, con
motivo de los sumarios y persecuciones de que se les hizo objeto:
· Presidente
de la Mancomunal: Gregorio Trincado (20 días de cárcel)
· Tesorero-
Juan Figueroa (20 días de cárcel)
Pro-secretario-
·
Justino Bravo
(20 días de cárcel)
En cuanto a los socios:
·
Germán Olivares
(3 días de cárcel)
·
José del Carmen Ávila (43 días de cárcel)
·
Marcolin Núñez
(43 días de cárcel)
·
Carios Sanhueza (43 días de cárcel)
· José
Miranda (43 días de cárcel)
· Asensio
Augusto Q (43 días
de cárcel)
·
Amador Echagüe
(43 días de cárcel)
·
Señora Mercedes da Silva tuvo que pagar $ 30.00
de multa por haber dado de pedradas a varios Guardianes el 7 de Marzo en el empastelamiento de la imprenta.
En cambio a Recabarren, por ser director,
estuvo recluido tres veces. En la primera estuvo 20 días, 3 días en la segunda
y 210 días en la tercera prisión.
Recabarren Serrano caía preso, aunque
el receptor Echiburú presentó al Juzgado una nota en que daba
cuenta del acato por parte del dirigente
a la orden del Juzgado: a pesar de
aquello, el juez ordenó la prisión incomunicada, ante lo cual señalaba:
“Entregué
la imprenta, considerando suficiente mi protesta, unida a la del pueblo i los
actos posteriores, pero animado de la idea de que al llevarse el juez esa
imprenta, quedando yo libre podría establecer inmediatamente otra, i entonces
la intención de la autoridad de apagar nuestra voz quedaba burlada.” [13]
Efectivamente, se había requisado la
imprenta para enmudecer la voz de un periódico, como consecuencia de aquello, serían dos las
voces periódicas enmudecidas que defendían los fueros de los trabajadores en Tocopilla,
“propagando sus sanos ideales para
instruir a los que aun ignoran la realidad”[14]: El Trabajo, al servicio de la Sociedad Mancomunal, y El Proletario, al servicio de la Asamblea Demócrata.”
Ambos diarios dirigidos por
Recabarren.
Las acusaciones contra las Mancomunales y
sus emisarios son muchas, por parte de jueces y fiscales, quienes para el razonamiento mancomunal era, verdaderos “hongos sociales, sin utilidad alguna para la felicidad humana…”[15], ellos
se preguntaban si acaso constituía delito el ayudar al obrero a zafarse de las
trabas que le impiden desenvolver libremente sus facultades y su personalidad y
luego se respondían “(el) delito es no dejarse robar el trabajo, reclamar
buen trato, negarse a ser víctima de muerte prematura, desobedecer ordenes
tiránicas, no prestarse a servir de carnada guerrera, instruir a los demás
trabajadores en sus derechos, tener un carácter i una voluntad”.
Sin duda, sus pensamientos transgresores y
amenazantes para una sociedad dominada por una política de círculos emergidos
desde el oligarca parlamentarismo.
¿POR
QUÉ ANTI MILITARES?
¿Por qué el sentimiento antimilitarista?
ya que ese fue uno de los mayores cargos
que al redactor de El Trabajo de Tocopilla le hicieron los jueces y fiscales.
Ellos respondían: “…antes que delito es motivo de satisfacción i de aplauso, porque ser
anti militar envolvía la idea humanitaria i feliz de acabar con una institución que, además de su carácter
parasitario, representa una amenaza constante para la fraternidad de individuos
i Sociedades. [16]
Ahora los mancomunados se preguntaban, “¿cuál es el oríjen del Ejército i cuál su
papel directo cerca del pueblo…?.[17]
Para la Sociedad Mancomunal de Obreros de
Tocopilla, el Ejército nació con las primeras ambiciones de los hombres, cuando
alguno de éstos, en su “fiebre de acaparación de cuanto naturaleza” había formado
para uso y provecho de todos: “…quisieron guardar exclusivamente para sí la propiedad
de los productos del trabajo jeneral i la
Potestad sobre los demás hombres.
Se creaba, pues, una institución de carácter esencialmente autoritario y
violento, i que andando el tiempo ha venido a ser árbitros de las cuestiones de
mas trascendencia en la vida de los pueblos, dejando tras de su paso una huella
sangrienta i abominable, que puede verse en cualquier punto de los hemisferios
del globo terrestre. Sirviendo al objeto para que fue creado, el Ejército ha
estado en todo tiempo i en todos los países al servicio de las tiranías, sean
ellas monárquicas o republicanas, para ahogar con el humo de sus cañones o con
el ruido de sus machetes la voz de protesta del pueblo hambreado o los gritos
de indignación de los hombres que sufren las consecuencias i los excesos del
poder. Ha convertido la vida de los pueblos, de suyo lastimosa a consecuencia
de sus otros defectos orgánicos, en una continua i dolorosa trajedia que
amenaza concluir con la especie”.[18]
Un letrero de la Mancomunal de Tocopilla
expresaba lo siguiente:
“La
fuerza armada ha sido el factor principal que ha encendido las revoluciones
políticas i ha levantado los tiranos: Nerón, Enrique IV, Luis XVI, París,
Rozas, Nicolás 11, Humberto 1 i tantos otros no habrían ensangrentado el suelo
de sus respectivos países con sus instintos feroces de represión, si no
hubieran contado con el apoyo de las bayonetas de los ejércitos…”.[19]
Luego se referirían a la alienación
militar al decir que “entra un ciudadano al cuartel i se apodera de él, antes que dé dos pasos adentro de
la puerta, la disciplina, por intermedio de códigos brutales, inhumanos,
asesinos. La tendencia sucesiva será anular en ese soldado de la patria todo
sentimiento honrado, toda independencia de criterio para pensar i obrar
conforme a su raciocinio; cambiar al hombre por medio de la sumisión
incondicional a los jefes en un ente de ridículas maneras, atento al jesto o al
monosílabo del superior para cumplimentarlo; sustituir la persona autómata i
servil a la personalidad consciente i
al yo propio; cambiar su voluntad soberana por la de los que lo mandan, sin
serle permitido siquiera el derecho sagrado de la protesta i del disentimiento
pasivos; i, por último, trocar la blusa del artesano, del obrero, esa blusa que
es el emblema de la civilización misma, del progreso material de las
sociedades, por una indumentaria ridícula, signo inequívoco de la inconsciencia
i de la dejeneracion mental de
quien la lleva”.
Sin duda que todas las ideas planteadas
por Recabarren a través de su diario, eran ideas consideradas totalmente
infractoras del régimen establecido. Y el caso de Tocopilla era inédito, la
ciudadanía solo tuvo un rol pasivo, pero aquello no implicaba que no estuviera
conmovida por la injusticia que se estaba cometiendo.
LOS
PERIÓDICOS
La importancia de la
comunicación impresa en aquella época era mayúscula ante la carencia de algún
otro medio, por ejemplo de radios. Esa es la razón por la cual era imperante
para las autoridades acallar un medio de comunicación que incomodaba. Sin
embargo, no fue un obstáculo para la publicación el alto precio de las impresiones,
y en esa situación fue palpable el esfuerzo de estos dirigentes tocopillanos.
Igualmente debemos
mencionar que la circulación de los diarios fue
también un promotor en la campaña de alfabetización impulsada también
por Luis Emilio Recabarren en un escenario en donde el analfabetismo era
significativo.
Tocopilla a la sazón del
inicio del siglo, poseía un total de 4.664 habitantes[20]. Y en
1909, ya capital departamental cuenta 5.366 habitantes en el puerto y un total
de 15.861 en su Departamento. Esto es una muestra del aumento de su población
que se explica por la prosperidad de la industria salitrera.
Poseía junto a Gatico una
fundición de cobre, pero su categoría se la dio el ferrocarril que, con el
trazado más bizarro de Chile, la une a la pampa salitrera del Toco. Su vida
citadina se cumple con el equipamiento de una ciudad moderna de la época, generación de electricidad, tendido
telefónico, etc. El periodismo también dio muestra de “progreso”.
La censura bruta al diario
El Trabajo, no implicó un descenso ni un amedrentamiento en la articulación y
surgimiento de diversos diarios.
Los periódicos registrados
en el puerto son los siguientes:
ü Los
Tiempos 1896 a 1918, de carácter bisemanal confeccionado en imprenta homónima.
ü El
Liberal de 1899 a 1903, también bisemanal.
ü El Trabajo,
de 1903 a 1906, semanal.
ü La
Correspondencia, 1903–1926, bisemanal.
ü El Futre,
1904.
ü El
Proletario de 1904 a 1935, bisemanal es otra publicación de larga data.
ü La Lucha,
1906.
ü La
Vanguardia, 1906.
ü El Mate,
1906, impreso en la Imprenta El Proletario.
ü La
Reforma, 1908-1909.
ü Diario 18
de Septiembre, 1909.
ü El Norte,
1909.
ü El
Comercio Libre, 1910.
ü La Razón,
1910 a 1923.
ü La
Tribuna, 1914 – 1916.
ü El Grito
del Pueblo, 1916 – 1917.
ü El Triunfo,
1917 – 1918.
ü La Voz de
la Juventud, 1918, semanal.
ü La
Federación, 1920.
ü Voz del
Pueblo, 1920.
En ese contexto el periodismo obrero en el norte
grande comenzó con el siglo y consecuentemente buscó su refugio en Iquique, el gran fogón de la
reivindicación, y prontamente se propagaría por Tocopilla, el segundo bastión
de la lucha obrera. Y el objetivo de
difusión plantado por Recabarren fue
exitoso.
Los periódicos
circulan por las salitreras de El Toco, entre las oficinas alemanas y españolas
del cantón. Sus metas eran necesarias: la educación de las clases obrera y la
unión de sus trabajadores. En fin, se buscaba que el “obrero tomara conciencia de sí y una vez que se auto-conocía podría
cambiar su situación existencial”.
En este gran tesón y porfía, Recabarren funda en 1906
en Tocopilla La Vanguardia,
diario que le sirvió de tribuna y los ayudó aun más en la propagación de
sus ideales. Ese mismo año fue elegido diputado por las provincias del norte,
sin embargo, le costaría mucho ejercer su cargo debido a lo extraño que
resultaba que un dirigente obrero
llegara al parlamento.
Una vez que Recabarren abandonó Tocopilla, la prensa a
cargo de obreros del puerto, continúo circulando en todos sus tonos, no siempre
respetando las normas establecidas por la autoridad, quienes no dudaban en
censurar y en acallar cualquier
comentario “desobediente”. Las autoridades denunciaban implacablemente a la justicia cada periódico y a cada periodista,
las denuncia eran así:
“Policía de Orden y de
Seguridad. Tocopilla 26 de abril de 1920
Acompaño a US un número del
periódico El Proletario de fecha 25 de
los corrientes en el que bajo el
seudónimo de M V, en el artículo
titulado “proletarios de pie” se incita a las clases trabajadoras a suspender sus labores y a imitar a los
mártires de Chicago, convirtiéndose en émulos
de aquellos. Esto significa claramente pedirles que imiten aquella acción y según
el termino empleado que aun
excedan. Podrá US ver la inconveniencia de esta publicación y espero de US
resuelva lo que estime conveniente deba hacer. Aníbal Larenas”.[21]
La cita de la denuncia anterior, expresa de manera
explícita la clara vigilancia y la delación de la cual eran víctimas los
periódicos tocopillanos con connotación política-obrera, siendo aquello junto a
las carencias económicas el otro gran obstáculo para expresar la “injusticia, lo omitido y lo censurado por la
cultura oficial.”
Desde 1919, el país estaba conmovido, provocando una
de las coyunturas sociales y políticas más dramáticas de principios del siglo,
donde inciden factores fundamentales, tales como la efervescencia de los
trabajadores, especulación desenfrenada
de los empresarios, la impericia del gobierno de Sanfuentes y la acción de las
capas medias que aspiraban al poder, representando lo más ilustrado del país.
La situación social fue acumulando un grado
ascendente de tensión, que posibilitó varias explosiones sociales.
En la zona norte la agitación obrera subió
peligrosamente de tono debido a los despidos masivos y a las rebajas de sueldo,
que oscilaban entre los 2 y 3 pesos diarios, en circunstancias que los
alimentos encarecían constantemente, así como el arriendo de las herramientas
de trabajo, que se les entregaba a los operarios, previo pago de una garantía,
que era retenida por la compañía si aquellas sufrían deterioro.
Estas arbitrariedades hacen que los dirigentes
socialistas pasen a ser los más legítimos voceros de los trabajadores, lo que
provocará la represión del gobierno de Sanfuentes, no dispuesto a tolerar la
agitación proletaria. Producto de ello, se arremete contra Recabarren, que es
detenido en Tocopilla en 1920, por parte de las autoridades locales.
Desconociéndose su paradero, los trabajadores de la pampa salitrera se
movilizan, paralizando las faenas por 24 horas, a modo de advertencia. Durante
la jornada de paralización, tres obreros y una mujer son asesinados en el poblado
de Coya por carabineros que trataban de dar un escarmiento a los huelguistas.
Conocido su paradero, una pobladora trató de liberar
al líder obrero pero, Recabarren les recordó los mismos argumentos que le
manifestara a los anarquistas en 1904, cuando pretendían sacarlo de la cárcel
por la fuerza. Argumentos que apuntaban a lo peligroso de dicha medida.
La permanencia en prisión durante ese año, fundamentalmente
tuvo como propósito sacarlo de la postulación a la Presidencia de la República
levantada por los trabajadores salitreros. Fue liberado sólo el 23 de octubre,
luego del pago de una fianza.
[1] Ljubetic Vargas (1992) Don Reca. Santiago, Ediciones ICAL.
[2] Boletín Proceso
de la Persecución Gubernativa contra la Sociedad Mancomunal de Tocopilla.
Imprenta Mejía 1905 Santiago.
[3] Ibídem, pág. 6
[4] Edición n.° 8 de El Trabajo
[5] Ibidem
[6] El Trabajo n° 4
[7] Carta citada en Pers.
Gubernativa…1905
[8] Ibídem, pág. 10
[9] Ibidem, Pág. 11
[10] La Correspondencia, 1 febrero 1904
[11] Pers. Gub.
pág. 11
[12] ibídem. pág. 12.
[13] Ibídem, pág. 36.
[14] Slogan del diario El Trabajo
[15] El Trabajo, n° 10.
[16] Ibídem, pág. 56
[17] Ibídem, pág. 57
[18] Ibídem, pág. 59
[19] Mencionado por La Correspondencia, 1904.
[20] Según el primer censo chileno realizado en Tocopilla
en el año de 1885.
[21] Bahamonde:
1970

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