Los peninsulares
instituyeron la Sociedad Española de Beneficencia, organización filantrópica que fue fundada el 20 de
septiembre de 1894. Su primer directorio estuvo compuesto por el Presidente
Melitón Casacubierta; su vicepresidente, Antonio Fernández y su secretario,
Julio Yubero. Tesorero Celestino Giménez. Los requisitos para integrarla
hablaban de “buena conducta y
antecedentes honorables…” [4]
dejándose de lado la política y la religión en las reuniones.
Con el correr de los años, es evidente que esta institución se
transformó en una de las más vetustas de este puerto sin modificar sus
estructuras, ni reglamentos y se caracterizaron por la frecuencia de reuniones.
Ellos, los hispanos, en carácter que expresa transnacionalidad,
buscaban vivir España en Tocopilla, por ello además de mantener su sonsonete,
querían mantener sus tradiciones, sus costumbres, su folklore, música, bailes y
canciones, su forma de ser e incluso su gastronomía. No obstante, la gran
mayoría contrajo matrimonio con hijas de este puerto e iniciaron la trayectoria
de conocidas y recordadas familias. Años más tarde, otros tantos peninsulares,
motivados por el ejemplo de sus familiares y amigos, también emprendieron la
aventura de dejar su patria e iniciar una nueva vida en el norte de Chile.
Usualmente, la participación en este grupo era de profesionales
liberales y autónomos, empresarios y comerciantes. Casi todos de buen pasar económico.
Entre otras labores que realizaban, estaba la de prestar apoyo a los consulados.
Pero su obra más valorada por la comunidad fue la creación de la 4º Compañía de
Bomberos en 1895. No obstante, su reglamento explicitaba que, para ser parte de
la compañía el requisito fundamental era ser español de nacimiento o bien, ser
hijo de español. Esta situación se mantuvo hasta 1931 cuando se vio lo inviable
de aquella regla. En esa fecha, la compañía pasa a ser denominada “Patria y
Trabajo”.
La presencia de españoles se acentúa en la segunda mitad de la década
del treinta. En especial por los españoles que huyeron de la
sangrienta guerra civil, quienes hallaron en Tocopilla el cobijo.
Por ejemplo, seis familias de pescadores llegaron
por gestiones del Comité Chileno de Ayuda a los Refugiados Españoles,
auxiliados además por la Municipalidad de Tocopilla en tiempos de Víctor
Contreras Tapia (1938-45). Los refugiados, una vez llegados a Tocopilla, se
radicarían en Gatico gracias a las diligencias del Alcalde ante la Compañía
Minera de Gatico que les proporcionó habitaciones. Asimismo, por acuerdo de los
regidores la municipalidad proporcionó las herramientas para comenzar sus
trabajos y los víveres necesarios para mantenerse en las primeras semanas. La
admiración y gusto por los inmigrantes europeos por parte de las autoridades,
se retrataba en La Prensa de Tocopilla. “Como
se presume que el trabajo de estos hombres, que difiere del trabajo de nuestros
pescadores, traerá para Tocopilla una época de abundancia de pescado, la
Municipalidad había pensado en obtener del Instituto de Fomento Minero la
instalación de una cámara frigorífica para guardar allí el pescado y poder
enviar, de acuerdo con las necesidades del consumo a la pampa y otros puntos de
la provincia”.[5]
La cita anterior refleja en gran medida lo evidenciado en varios testimonios,
en cuanto a que, aparentemente, lo europeo se conecta con el trabajo arduo,
responsable, que supuestamente, supera a lo que el hombre tocopillano podía
entregar. No era más que la expresión de ese imaginario social de
“superioridad” indicada hacia lo europeo.
Varios
españoles fueron destacados en el comercio local. Entre ellos el español dueño
del restaurant “La Cumparsita” de José Rodríguez o “La Estrella de Chile” de la
familia Arias. Está también el caso del comerciante Jesús Monzoncillo, español que instaló a
principios de siglo una Casa de Prestamos llamada “La Confianza”. Más adelante
instalaría la tienda “Casa Española”, que también tendría una orientación hacia
el empeño de mercaderías. También vendía joyas y confeccionaba trajes. La casa “La Paloma” y “El Sol” también
perteneció a socios ibéricos, los Sres. Val y Álvarez; vendían sombreros,
trajes, zapatos y algunos juguetes. “La Casa Española” siempre en calle 21 de
Mayo, expedía mercaderías, zapatos, ropa, adornos caseros y sombreros. “La Mina
de Oro” en 21 de Mayo con Aníbal Pinto, su dueño fue José Martínez, también
siguió la tónica de sus connacionales: zapatos, ropa, trajes, sombreros, etc.
Se contó con el “Hotel Español” en calle San Martin, con la residencial “La Española” ubicada
en calle Prat Nº 1224. Recordado es José Iñesta, propietario de la radio
“Covadonga”, más conocida como la radio "Iñesta”, radio que se conservó
gracias a un gran esfuerzo económico. A través de la radio “Iñesta” se
incentivaron las inquietudes artísticas y culturales del puerto. Fue el primer
agente de la Línea Aérea Nacional, la cual funcionaba con el aeródromo de
Barriles, y además ayudaría a la fundación del Club Aéreo de Tocopilla. Hubo algunos
sastres, entre ellos el peninsular Francisco
Barrio Palenciano, quien tuvo su lugar de trabajo en la calle 21 de Mayo
esquina Sargento Aldea.
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