jueves, 25 de julio de 2013

Aluvión del 25 de julio 1940

Calle Colón con esquina Matta en la mañana del 25 de julio de 1940. 


Finalizaba una década de un fuerte trance socioeconómico: la década de 1930. Trance económico que  repercutió en todo el espectro de la sociedad chilena y por sobre todo en la nortina, zona en donde Tocopilla marcaba presencia sustantiva con la exportación de salitre: fueron más de 14 mil los tocopillanos auxiliados por la olla del pobre

El cambio de década devino en catástrofe: esta vez la naturaleza dio su golpe trágico con  el infausto aluvión del 25 de julio de 1940. 

La destrucción material fue colosal en la mañana del 25 de julio, por ello a través de distintos órganos  del Estado, la ciudad trataba nuevamente de levantarse con un proceso de reconstrucción lento. 

El barrio pobre y marginal llamado La Manchuria estaba destrozado al igual que el sector El Salto, Pampa Este y los vastos suburbios obreros ubicados en calle Esmeralda, desencadenando en varios cientos los damnificados en estos barrios periféricos y calamitosos que se hundían ya, antes del lodo, en la miseria, el abandono y en la insalubridad.

Según relatos de la época[1], la avalancha de barro y piedras abatió por la quebrada El Salto y de La Beneficiadora. La primera toma el cauce de la calle Colón hasta llegar al mar, inundando las calles transversales: Matta, Sucre, 21 de Mayo, arrasando con todo a su paso,  hasta llegar al sector de los Baños Municipales, ubicados en la actual calle Barros Arana con Colón.

Otro tramo enormemente dañado fue La Beneficiadora -sector de la actual Población 5 de Octubre- las viejas instalaciones mineras quedaron reducidas a escombros, entre barros, piedras y muertos. Desde allí, la avalancha atroz arrasaría con La Manchuria y afectaría al nuevo hospital tocopillano. 

Desde este sector se arrastraron toneladas de relaves y escorias de cobre que ennegrecieron mucho más el panorama y destruyó complemente las instalaciones mineras que fueron a dar con todas sus fuerzas hacia la zona de la Manchuria. 
           
La conmoción y angustia eran mayúsculas, por ese entonces el Presidente de la Republica, Pedro Aguirre Cerda envió a su joven Ministro de Salud, Dr. Salvador Allende, quien se cerciora de la catástrofe y recorre la ciudad junto al Alcalde Víctor Contreras Tapia y al Gobernador Arístides Poblete. Este mismo ministro ordena la “Zona Seca de Alcohol” para así evitar problemas y el aumento desmesurado del consumo etílico en tiempo critico.

Al mismo tiempo, destacadas organizaciones locales, como Rotary Club, la Universidad Popular del Artes & Letras, organizaron actividades benéficas para socorrer a los agraviados por esta avalancha de barro impetuosa.

Surgíeron varios albergues, muchos de ellos en las bodegas de la Compañía Salitrera Anglo Chilena, en donde se armaron carpas y se tendieron decenas de colchones.

Importante es conocer la visión de quien fuera Alcalde de la comuna al momento de la emergencia, el Sr. Contreras Tapia. Él cuenta: “El año 1940 (…) fue un mal año para Tocopilla. (…) Efectivamente, el mismo día en que murió nuestra primera hijita, tuve que dejar sola a mi compañera, porque se desencadenó una lluvia torrencial que duró ocho horas. Las viviendas de la gente no estaban en condiciones de soportar este chaparrón. Pero, como si fuera poco, el agua remojó la tierra suelta en los cerros y se produjo un aluvión. Bajaban torrentes de barro que arrasaban con todo cuanto encontraban a su paso. Había que movilizarse de inmediato. Comenzamos a evacuar gente en los camiones municipales. Muchas familias quedaron sin hogar, especialmente en la mina La Despreciada donde el agua hizo prácticamente desaparecer el campamento, inundó los terraplenes del ferrocarril y los destruyó. Allí murieron más de cincuenta personas.”[2]

Al detallar el auxilio del Municipio, relata que se habilitaron las escuelas, El Cuartel de Bomberos y  “… al mediodía teníamos ya funcionando la ‘olla común’. Por otra parte, la ayuda del Gobierno Popular no se hizo esperar. Llegó a nuestro puerto nada menos que el Ministro de Salud, Salvador Allende (…) juntos planificamos la ayuda que el pueblo necesitaba. Antes de que se cumpliera una semana, Allende hizo realidad todo lo planificado: llegó al puerto el vapor "Araucano" colmado de materiales de construcción, frazadas, víveres y ropa.” [3]

Los obreros del puerto trabajaron y cooperaron en forma voluntaria para descargar el vapor, los sindicatos de la provincia acordaron entregar un día de salario para los damnificados. Y luego se constituyó un Comité dirigido por el Gobernador, un representante de la Municipalidad y  Carabineros, destacando el rol del teniente Ernesto Correa.

Paralelamente se construían los Edificios Colectivos de la Caja del Seguro Obrero Obligatorio. Los cierres perimetrales de la construcción quedaron completamente destruidos, las bodegas, la cocina del campamento, la lavandería con sus valiosas maquinarias eléctricas fueron totalmente anegadas por el barro y el agua. Los daños materiales en este establecimiento se calculaban en medio millón de pesos. 

Por su parte las bases del edificio resultaron completamente inundadas. “el personal de constructores y empleados se salvó casi a nado (…) hay en este lugar más de veinte toneladas de fierros y materiales, los cuales fueron llevados por la avalancha  en dirección hacia el mar”[4]


Testigos de la época corroboran este dato y explican su coincidente versión, “en el sector del antiguo cementerio y de la playa que colinda –Balneario El Salitre- vimos un montón de tablas flotando en el mar y muchos fierros en la arena. El mar estaba bien oscuro por el barro pero nosotros sabíamos que era material de  la construcción de los Colectivos”[5]. Otro testigo nos cuenta lo dramático de la avalancha, “bajó tanto barro por el aluvión, que incluso hay pisos, aquí en el pabellón oriente,  que aún están hundidos, se nota por las ventanas que poseen casi 20 cm del suelo, fue imposible sacar tanto barro. Así quedaron, para siempre. Muchos que creen que es fruto del diseño, pero no es así. En algunos departamentos que estaban casi listos, entró mucho barro”.[6] 


En la escena de conmoción local, un recordado personaje barrial se glorificaría ante la desgracia generada por el lodazal: el Roto de la Mula. Se llamaba Manuel Vergara Gaete, era de contextura gruesa y de baja estatura, conocido por haber pertenecido al equipo de box de la Armada.



Cuando llegó el gigante lodazal que arrasó con todo, sin diferencia entre objetos y vidas humanas, fueron varios los tocopillanos los que fueron a dar al mar después de un largo arrastre: este bizarro hombre rescató los cuerpos desde el turbio mar, alrededor de 13 cuerpos de la playa fueron rescatados, luchando contra la oscuridad y con la bravura del mar turbio de tanto barro depositado.

Por efecto de este aluvión hubo 50 muertos, entre Tocopilla, Gatico y la mina La Despreciada, pero los muertos en Tocopilla eran todos residentes de los dos sectores por donde descendió el alud: Colón con Esmeralda y la zona de la actual población 5 de Octubre. 


Hubo un tercer sector por donde bajó el barro, pero estaba despoblado en ese momento, me refiero al actual sector de la población La Patria. Cabe indicar que en la actualidad los sectores por donde bajó el alud se hallan densamente poblados sin ninguna medida de mitigación. 


No olvidemos la diferencia entre peligro y vulnerabilidad. La naturaleza nos proporciona los peligros,  que son eventos concentrados en tiempo y espacios, pero la vulnerabilidad la construye la población. 








[1] Pozo (2007)
[2] Contreras (1981) pág. 108.
[3] Ibídem, pág. 109.
[4] La Prensa de Tocopilla, 27 de julio de 1940. Pág. 1
[5] Fernández (2011).
[6] Aste (2011)


1 comentario:

  1. Soy de Iquique desde pequeño he temido un derrumbe del cerro, ahora con 74 años y lejos de mi querida ciudad siento el dolor de mis coterraneos, Pero siempre nos hemos levandado de las tragédias, Arriba hnos. que Dios les de fuerza y espiritud renovador.

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