Sin embargo, debido a la inexistencia de un espacio y de una estructura adecuada para su instalación, la pieza permaneció resguardada durante varios años en dependencias municipales.
Solo durante la administración del alcalde Julio Fernández Jiménez se concretó su puesta en valor, impulsándose la construcción de una torre especialmente diseñada para albergarlo.
Así, tras más de una década bajo custodia, el reloj pudo finalmente ser instalado y presentado oficialmente a la comunidad en 1959.
Desde entonces, se convirtió en un referente urbano y patrimonial, integrándose a la vida cotidiana y al paisaje simbólico de Tocopilla.
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