sábado, 14 de marzo de 2026

EL RUIDO INVADE LA CIUDAD


En Tocopilla, uno de los problemas que preocupa cada vez más a los vecinos son los ruidos molestos. Muchas personas deben convivir diariamente con distintos ruidos que interrumpen el descanso y afectan la tranquilidad del hogar. Esta situación no solo genera incomodidad, sino que también afecta la calidad de vida y la salud de la comunidad.

 

Entre los principales agentes de contaminación acústica se encuentran los gimnasios que reproducen música a volúmenes excesivos, especialmente aquellos orientados a clases con reggaetón. Algunos de estos establecimientos se ubican colindantes a jardines infantiles, generando emisiones de ruido que pueden prolongarse hasta por 15 horas diarias, afectando gravemente el entorno.

 

A ello se suman los bares de las calles 21 de Mayo y Serrano; los vehículos con escapes modificados que recorren la ciudad —algunos difundiendo canciones evangélicas—; los camiones repartidores de gas, fanáticos de la cumbia; las motos ruidosas; las bandas de guerra y bandas de bronce que ensayan en la calle durante varias horas de la noche; y los oradores evangélicos que, a fuerza de gritos desaforados, ocupan las esquinas armados con parlantes y megáfonos.

 

También deben considerarse los bailes religiosos que, a golpe de bombo y caja, invaden el descanso comunal; los centros de eventos —muchos de los cuales no pagan impuestos—; la maquinaria de construcción; y, en ciertos casos, diversas actividades industriales.

 

Todos estos ruidos pueden transformarse en contaminación acústica cuando superan los niveles normales o se producen en horarios de descanso.

 

El descanso es una necesidad fundamental para las personas. Cuando los ruidos molestos se vuelven constantes, provocan estrés, cansancio e incluso conflictos entre vecinos.

 

Parte importante del problema es la falta de fiscalización. Aunque existen normas que regulan los niveles de ruido, muchas veces no se aplican con la frecuencia necesaria. Esto provoca que algunos continúen generando ruidos sin considerar el impacto que causan en los demás.

 

En Chile, la contaminación acústica está regulada principalmente por la Norma de Emisión de Ruidos Molestos generados por Fuentes Fijas (Decreto Supremo N.º 38 del Ministerio del Medio Ambiente), que establece los niveles máximos de ruido permitidos según el tipo de zona y horario. Esta normativa busca proteger la salud de las personas y la calidad de vida en las ciudades. Sin embargo, cuando actividades comerciales, industriales o recreativas superan los límites de ruido establecidos, se produce un incumplimiento de la normativa ambiental que puede derivar en sanciones, multas o medidas correctivas por parte de las autoridades. Paradójicamente, desde una perspectiva histórica, el ruido actual supera en decibeles a todos los registrados a lo largo de la historia: somos una ciudad más ruidosa que nunca.

 

En Chile, varias instituciones tienen la responsabilidad de fiscalizar estas situaciones. Entre ellas se encuentran la Municipalidad de Tocopilla, que puede aplicar ordenanzas municipales; Carabineros de Chile, que puede acudir ante denuncias por ruidos molestos o desórdenes; la @Superintendencia del Medioambiente, que fiscaliza el cumplimiento de las normas ambientales relacionadas con la contaminación acústica. De igual modo, la Delegación Presidencial Provincial de Tocopilla puede establecer controles en el marco de la seguridad pública.

 

Sin embargo, muchas veces los vecinos perciben que estas instituciones no actúan con la rapidez ni con la frecuencia necesarias. Por ello, resulta fundamental fortalecer los mecanismos de fiscalización y, al mismo tiempo, promover una mayor cultura de respeto entre las personas. Solo así será posible mejorar la convivencia urbana, disminuir los ruidos molestos y resguardar el derecho al descanso de todos. De esta manera, también se podrá avanzar hacia una comunidad más tranquila y dejar atrás la percepción negativa de que Tocopilla es una “tierra de nadie”.

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