martes, 17 de febrero de 2026

SABELLA Y LAS NIÑAS DESEADAS DE TOCOPILLA

 


El poema fue publicado en la Revista del Centro Hogar Tocopillano de Antofagasta, n.º 5, año V, en septiembre de 1984, en la página 6.

 

 

Si bien La niña de Tocopilla se presenta como un poema celebratorio, festivo y de carácter costumbrista, una lectura crítica permite identificar evidentes rasgos de machismo y cosificación de la figura femenina, en particular de las niñas. La protagonista carece de voz propia y de profundidad psicológica: su presencia se reduce casi exclusivamente a su cuerpo —“carnes finas”—, a su gracia y al impacto que provoca en los hombres, lo que responde a una mirada claramente masculina y patriarcal.

La “niña de Tocopilla” es presentada como un objeto de exhibición pública, definida por su corporalidad y por la excitación que despierta en los hombres del puerto. No habla, no piensa ni decide; simplemente circula para ser observada, lo que la sitúa en una posición pasiva y subordinada dentro del relato poético.

A lo largo del poema, la joven es observada, deseada y comentada por el entorno masculino. Versos como “¿Quién podría estarse quieto?” o “Don Pancho le mira el cuerpo” refuerzan la idea de la mujer como objeto de contemplación colectiva, legitimando una observación pública de su cuerpo sin cuestionamiento alguno. La protagonista no actúa por iniciativa propia, sino que existe únicamente en función de las reacciones que genera en los demás.

Asimismo, la constante exaltación de su belleza y sensualidad, presentada como un “don” natural del lugar, contribuye a su cosificación. La mujer se transforma así en un símbolo decorativo del espacio urbano, comparable al puerto, el muelle o los cerros. De este modo, se le despoja de individualidad y se le asigna un valor ornamental, asociado al “orgullo” o la “fortuna” del pueblo, pero no a su autonomía como sujeto.

El poema también reproduce una lógica sexista al presentar el deseo masculino como inevitable y normalizado, mientras la mujer aparece pasiva, silenciosa y complaciente, “riendo por dentro”. Esta representación refuerza estereotipos tradicionales de género, en los que el hombre observa y desea, y la mujer acepta ser mirada, sin posibilidad de cuestionar dicha dinámica.

En conclusión, aunque el poema puede comprenderse dentro de su contexto histórico y cultural, La niña de Tocopilla reproduce una visión machista de la mujer al reducirla a su cuerpo y a su función simbólica dentro de la comunidad. Una lectura crítica contemporánea permite problematizar estas representaciones y evidenciar cómo la literatura puede perpetuar desigualdades de género, incluso en textos que aparentan ser festivos o inocentes.

 


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