En la noche del 16 de agosto de 1957 se registró en la ciudad de Tocopilla un hecho inédito para la historia local: el primer nacimiento documentado de cuatrillizos en el Hospital de la ciudad. La protagonista de este acontecimiento fue la señora Elsa Ledezma de Flores, de 34 años de edad, casada con el trabajador minero Eleuterio Flores Ortiz, de 40 años, ambos domiciliados en calle Guillermo Matta N.º 2644. El parto múltiple, que se desarrolló en un lapso aproximado de una hora y cinco minutos, dio como resultado el nacimiento de tres niñas y un niño.
La Prensa de Tocopilla, 18/08/1957.
La señora Ledezma de Flores fue trasladada al hospital a primeras horas de la tarde en una ambulancia de la Cruz Roja. El primer alumbramiento se produjo a las 21:40 horas, seguido por los restantes nacimientos a intervalos regulares, concluyendo a las 23:30 horas.
“[…] el primer alumbramiento tuvo lugar en la noche a las 9.40 y correspondió a una mujercita que pesó un kilo seiscientos gramos. Media hora después nació la segunda mujercita con un peso de 1 kilo 500 gramos. A las 10.45 dio a luz la tercera mujercita con un peso de 1 kilo 150 gramos y finalmente a las 11.30 nació el varoncito, que pesó 1 kilo 600 gramos […]” (La Prensa de Tocopilla, 18/08/1957).
Los recién nacidos presentaron pesos inferiores al promedio, situación habitual en partos múltiples, lo que determinó su inmediato traslado desde la Maternidad a una Sala de Pensionado del hospital, espacio que ofrecía mejores condiciones térmicas para favorecer su supervivencia. La atención del parto estuvo a cargo de la matrona Margarita Sandoval, con la intervención del médico de turno, Sr. Mateo Budinich y la ayudante Andrea Milla.
Este acontecimiento adquirió especial relevancia en el contexto de la historia sanitaria de Tocopilla, ya que hasta entonces solo se recordaba un antecedente de parto múltiple, correspondiente al nacimiento de trillizos ocurrido en 1953, cuyos recién nacidos no lograron sobrevivir pese a los cuidados disponibles en la época.
El matrimonio Flores-Ledezma era parte del mundo trabajador de la ciudad: Eleuterio Flores se desempeñaba desde hacía dos décadas en la Compañía Minera de Tocopilla, sección Mina Despreciada, y el grupo familiar contaba con trece hijos previos, incluyendo un parto gemelar. La magnitud del acontecimiento generó una amplia reacción solidaria en la comunidad local, destacando la donación de mil pesos realizada por el vecino Armando Muñoz Rojas, destinada a colaborar con los gastos derivados del cuidado de los recién nacidos.
Los cuatrillizos permanecieron hospitalizados durante sus primeros meses de vida. En ese período, y en un contexto marcado por las limitaciones propias de la medicina neonatal de mediados del siglo XX, desarrollaron graves afecciones de salud, principalmente cuadros infecciosos respiratorios y estados febriles, como la neumonía, patologías frecuentes en recién nacidos prematuros y de bajo peso en una época carente de unidades especializadas, antibióticos de amplio espectro y tecnologías de soporte vital avanzadas.
El desenlace fue progresivo y doloroso: el primero en fallecer fue Pedro Enrique Flores, el 9 de diciembre de 1957; le siguió María Ester Flores el 12 de enero de 1958, luego María Angélica Flores el 25 de enero del mismo año y, finalmente, María Isabel Flores el 31 de enero de 1958.
Sus muertes marcaron profundamente a la familia y a la comunidad tocopillana, quedando este episodio inscrito como un testimonio significativo de las condiciones de vida, salud y solidaridad social existentes en la ciudad durante la década de 1950.
Pie de foto: “El matrimonio Flores-Ledezma y sus cuatro nuevos hijos en la sala del Pensionado del Hospital de Tocopilla. El varón es el tercero, de izquierda a derecha. Las cuatrillizas duermen en una cuna, de dos en cada extremo; sus padres han sido muy felicitados por el acontecimiento y han recibido ofrecimientos de cooperación de parte de numerosos sectores de Tocopilla, para la manutención de los recién nacidos” (La Prensa de Tocopilla, 18 de agosto de 1957).
*Archivo: La Prensa de Tocopilla, 18 de agosto de 1957, gentileza de María Angélica Cortéz.
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