El narcisismo de los millonarios mineros es un fenómeno que puede analizarse desde perspectivas psicológicas, económicas y socioculturales.
En aquellos casos, siempre se evidencia el síndrome del "hombre fuerte" o del "visionario incomprendido" (como un “padre primordial” estructurante): se ven a sí mismos como pioneros y héroes que llevan la civilización y el éxito a zonas remotas, como el desierto de Atacama. De la mano con el concepto de que la oposición y crítica a la minería proviene de "ignorancia" o de “activistas ingratos" que no entienden el progreso.
Entonces, aquellos mineros “influencer” perciben el éxito (a través de la métrica de prestigio que brinda el dinero propio y el corporativo) como señal de superioridad. Consideran que son frutos de la inteligencia, esfuerzo y visión, ignorando factores como el usufructo privado de recursos naturales o políticas gubernamentales que favorecen su industria, como la subcontratación en los obreros, turnos laborales extensos, exposiciones a las rigurosidades climáticas, sin considerar el contrabando que se ejerce con los otros minerales que se van gratis en el concentrado de cobre (oro, zinc, plata, selenio, platino, molibdeno, renio, sulfuro...).
En aquellos discursos se minimizan o justifican estos daños, creyendo que su contribución a la economía (empleos e impuestos) compensa todos aquellos perjuicios. Para contrarrestar críticas, aquellos agentes crean fundaciones, becas o proyectos ecológicos (en los hechos, jardinería casera), financian el arte y el deporte. Una apuesta por la higienización de la imagen corporativa, y también personal (práctica del "colonizador benefactor").
Así como las viejas minas salitreras de fines del siglo 19 mandaban a un pituco o a un futre con paletó y dientes de oro al campo a enganchar “rotos”, contando historias de éxito y con dineros en la manos frente a los “huasos”, hoy el lobby ideológico y antropológicamente político del enganche contemporáneo, fruto del coloniaje minero, se comienza a trabajar en niños y niñas. Ciertamente, se necesitan socios estratégicos como la escuela y también aquellos diarios de trinchera y de relaciones públicas mineras: un engranaje cultural que busca naturalizar la minería como única vía de desarrollo, como una compulsión repetitiva insoluble.
Fotos: *Niños “matasapos” en alguna salitrera (encargados de golpear las colpas de salitre que no ingresaban por los harneros). *Escuela de la Oficina Salitrera Rica Aventura. En la pizarra dice: “Escuela Elemental Nº4 subvencionada por la Compañía Salitrera Sloman, marzo 20 de 1905”. Además, se alcanza a leer la frase en alemán “…Uns gehört die Welt”, que significa: “El mundo pertenece a los valientes”. *El Mercurio de Antofagasta, 09/03/2025, pág. 7.

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