lunes, 18 de agosto de 2025

NERUDA EN EL DESIERTO SALITRERO: SACRIFICIO Y SURREALISMO.


 

Debido a su extrema aridez, Atacama cuenta con vastas áreas de salitre, un fertilizante óptimo para los remotos campos de cultivo del mundo. El poeta Pablo Neruda vivió lejos del desierto, pero lo visitó y escribió sobre sus minerales:

 

Salitre, harina de la luna llena,

cereal de la pampa calcinada,

espuma de las ásperas arenas,

jazminero de flores enterradas.

Polvo de estrella hundida en tierra oscura,

nieve de soledades abrasadas,

cuchillo de nevada empuñadura,

rosa blanca de sangre salpicada.

(Neruda,1971, p. 316).






 

Son múltiples las imágenes en las que Neruda retrata el desierto; el eje estructurante es la imaginación del peligro, la muerte y la violencia política de un paisaje desolador. La palabra desierto es sinónimo de deserción en su raíz latina: desertus, deserere; es decir, partida, abandono, olvido. Vivir en el desierto era oponerse a la etimología y ontología misma del territorio. Ahí radica la problematización de los imaginarios, la estética y, sin duda, el desafío del extractivismo.

 

La vida sacrificial del desierto minero conmovió al poeta, quien visitó las minas de salitre hacia 1945, momento en el que observó los rostros de los mineros: “Son hombres de rasgos chamuscados; su soledad y el abandono al que están condenados han quedado fijados en la intensidad oscura de sus ojos” (Neruda, 2021, p. 211). El poeta describió la transformación corporal producida por el extractivismo en un espacio seco y calcinante; los ojos eran el archivo de la soledad y el aislamiento, y los rostros quemados eran los cuerpos sacrificados del “trabajo inhumano” (Neruda,  2021, p. 211), que vivían en condiciones de vivienda deplorables. 

 

Neruda describe un paisaje minero surrealista: “Adentrarse en esas tierras bajas, enfrentarse a esas extensiones de arena, es como visitar la luna. Esta región que parece un planeta vacío guarda las grandes riquezas de mi país, pero el abono blanco y el mineral rojo hay que extraerlo de la tierra árida y de las montañas de roca” (Neruda, 2021, p. 211).

 

El capitalismo valora el desierto por lo que no muestra superficialmente. El valor del desierto está en lo que esconde. Sin embargo, en la superficie entra en juego la problematización de la existencia. El mundo de la riqueza era un mundo de pobreza: “Hay pocos lugares en el mundo donde la vida es tan dura y ofrece tan poco por qué vivir. Se necesitan sacrificios incalculables para transportar agua, cuidar una planta que produce incluso la flor más humilde, criar un perro, un conejo, un cerdo” (Neruda, 2021, págs. 211-212). 

 

Este paisaje dislocó la autobiografía de Neruda: “Tuve una infancia llena de lluvia y nieve. Enfrentar ese desierto lunar fue un punto de inflexión en mi vida” (Neruda, 2021, p. 212). 

 

Sintetizó cómo el desierto transformó las biografías y las vidas de las familias migrantes, los nómadas del trabajo, que llegaron a trabajar a esos campamentos mineros. Los lugares y sus silencios construyeron la imagen de secretos arcanos: La tierra desnuda, sin una sola planta, sin una gota de agua, es un enigma inmenso y esquivo. En los bosques, junto a los ríos, todo le habla al hombre. El desierto, por el contrario, es poco comunicativo. No podía entender su lenguaje: es decir, su silencio” (Neruda, 2021, p. 212).

 

Para el poeta, esos silencios eran peligros vitales. Los gritos de los trabajadores cruzaron el páramo sólo para encontrar el eco de sus voces. Sus demandas y peticiones fueron ignoradas por administradores mineros como Henry Sloman, un alemán que, valiéndose del hambre, la explotación laboral, el sacrificio biológico y la violencia paramilitar, construyó la Chilehaus en el distrito Speicherstadt y Kontorhaus de Hamburgo entre 1922 y 1924. Este enorme palacio expresionista muestra la lujuria de un hombre rico y la plusvalía del trabajo de los trabajadores. Hoy en día, el edificio es Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO en 2015, lo que da lugar a narrativas limpias del pasado de los colonos mineros. Al otro lado del Atlántico, en el desierto, sólo queda un gran agujero; la tierra ha sido removida, y los muros en ruinas de la extracción de salitre quedaron con sus muertos como archivos de una sociedad borrada. Tomamos prestada una frase de Małgorzata Nieszczerzewska que los describe perfectamente: "Ya no se parecen a una obra arquitectónica, sino que empiezan a parecerse a una escultura específica, accidental y surrealista, como una forma que emerge debido a un proceso de decadencia y colapso" (Nieszczerzewska, 2015, pág. 391). 

 

La zona de sacrificio produce una zona de ganancia, alejada del desierto. La zona de sacrificio es un lugar de peligro, y las tareas diarias también las detalló Neruda: “El suelo del enorme taller estaba, como siempre, embarrado de agua, aceite y ácidos. Los dirigentes sindicales y yo caminábamos sobre una tabla que nos mantenía alejados de ese lodo. 'Estos tablones', me dijeron, 'nos costaron quince huelgas seguidas, ocho años de peticiones y siete muertos” (Neruda, 2021, p. 212).

 

El capitalismo minero contó e intercambió materiales por vidas humanas de manera surrealista. Las infinitas llanuras salitreras sabían de la violencia extrema y de la locura patronal. El poeta dijo: “Las muertes se produjeron cuando la policía privada de la empresa se llevó a siete dirigentes durante una huelga. Los guardias montaban a caballo, mientras los trabajadores, atados con cuerdas, los seguían a pie por las solitarias extensiones de arena. Sólo hicieron falta unos pocos disparos para asesinarlos. Sus cuerpos quedaron tendidos al sol y al frío del desierto, hasta que fueron recogidos y enterrados por sus compañeros de trabajo” (Neruda, 2021, p. 212).

 

El poeta chileno describe banderas que lo saludan en cada uno de los campamentos mineros. Después de instalarse en un dormitorio, comenzaba un desfile de personas con peticiones y quejas sobre las condiciones laborales. Conociendo las complejidades vitales de la minería del salitre, el poeta comenta los delirios de las peticiones: “A veces sus quejas eran del tipo que un extranjero podría considerar cómicas, caprichosas o incluso grotescas. Por ejemplo, la escasez de té podría provocar una huelga que tendría graves consecuencias. ¿Son concebibles necesidades típicamente británicas como esa en una región tan desolada?” (Neruda, 2021, p. 214).

 

Si el desierto era valorado por los minerales escondidos bajo su superficie, el minero tenía que bajar a los grandes agujeros para extraer su riqueza: “Mi recompensa es la ocasión trascendental en la que […] un hombre salió del túnel a pleno sol sobre el ardiente campo de salitre, como si saliera del infierno, con el rostro desfigurado por su terrible trabajo, los ojos inflamados por el polvo, y extendiéndome su mano áspera, […] me dijo con los ojos brillantes: “Hace mucho que te conozco, hermano mío”. Esa es la corona de laurel de mi poesía, esa abertura en la pampa desolada de donde emerge un trabajador al que el viento y la noche y las estrellas de Chile le han dicho muchas veces: “No estás solo; hay un poeta cuyos pensamientos están contigo en tu sufrimiento” (Neruda,  2021, p. 216).

 

Los trabajadores iletrados escucharon la poesía de Neruda, una poesía sonora para analfabetos subterráneos, cuerpos sacrificiales de un desierto que no dejaba de transformarse a sí mismo ni a sus habitantes. 


Esta investigación es resultado del proyecto ANID  Fondecyt  Regular  N°1230223  “La participación  de  Chile  en  la  segunda  mundialización y la expansión del salitre. Actores diplomáticos formales e informales y actores subalternos en la contradictoria construcción de  la  imagen  exterior  del  país  entre  1884 y 1918”.  

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.