Se lo denominada “angelito” a los niños que al fallecer tenían menos de tres años. Dichos niños difuntos eran velados vestidos como ángel en el marco de una tradición popular. Es decir, eran niños vestidos con túnicas blancas, con alas, cintillos o coronas con estrellitas, las manitos iban juntas y eran rodeados con velas blancas. El ataúd también tenía que ser blanco.
En sus velorios se rezaba el rosario, se cantaban y recitaban plegarias o cánticos piadosos por el alma de aquellos niñitos. A su vez, se armaba una mesa donde se colocaban fotos o figuras de santos y se instalaban flores.
Al ser un bebé, se creía que iba directamente al cielo, por estar purificado y no contaminado por los “pecados del mundo”. En ese sentido, en aquellos velorios no se lloraba porque, al hacerlo, se contaminaba el alma del niño fallecido.
Antes de depositarlo en el ataúd blanco, los niños eran fotografiados no solo para el recuerdo familiar, sino que también para que dicho registro sirviera como testimonio legal ante distintos trámites que debían realizarse.
En las fotografías, vemos a dos angelitos tocopillanos fallecidos en 1921.

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