El diario La Nación (Santiago) señaló el 1 de mayo de 1937: “La compañía salitrera cuenta con propiedades en el puerto de Tocopilla, y con un moderno equipo marítimo para el embarque y desembarque de salitre y otros materiales y mercancías”.
Sin embargo, dichos comentarios estaban lejos de la realidad. Porque, si bien todo el devenir de modernización vivido en la pampa salitrera como así también en el transporte del salitre, demostraban que los procesos técnicos eran altamente costosos y resultaron ser una apuesta innovadora con base a una certeza científica y tecnológica. El sistema técnico implementado no abarcó la totalidad de este, sino que, por diversos factores, operó con ciertas asimetrías y diferentes tiempos tecnológicos. Esto lo afirmamos porque gran parte del sistema estaba electromecanizado, pero el puerto de embarque no vivió ninguna modificación.
El embarque del salitre siguió siendo prácticamente manual. He ahí una gran paradoja e incongruencia: en la pampa, con las oficinas salitreras María Elena y Pedro de Valdivia, gran parte de la mano de obra había sido sustituida por las máquinas, enormes dragas recogían el material calichero después de la operación de los detonadores eléctricos con pólvora negra de gran poder, materiales que después eran depositados en un convoy eléctrico de rieles móviles, los procesos de lixiviación y cristalización que hemos descrito, fueron de una verdadera vanguardia. Luego, un gran ferrocarril con alta potencia eléctrica transportaba un salitre químicamente perfeccionado desde minas completamente modernizadas que evidenciaban un aumento en la escala productiva; finalmente, la producción llegaba a un muelle en donde esperaban cientos de trabajadores artesanales conocidos como obreros marítimos, quienes desplegaban sus propias fuerzas y disponían de su propio cuerpo semidesnudo para lograr el objetivo de exteriorizar la producción salitrera. De este modo, el sistema técnico Guggenheim no logró inaugurarse en completitud, porque el puerto y sus obreros de despacho eran prácticamente los mismos que fueron instalados con el sistema Shanks desde los finales del siglo XIX. En ese cuadro, el puerto fue un espacio de resistencia técnica, era un contrapunto tecnológico sumamente asimétrico. En los hechos, la provincia de Tocopilla atestiguó la expresión de dos sistemas técnicos simultáneos en divergencia.
En la fotografía vemos a los recordados vaciadores, un oficio portuario fundamental, pero que era complementario a otros tantos, tales como buzos y ayudantes, Guardianes de lanchas, movilizadores de pacotillas, calafateros o carpinteros de bahía, guardianes de muelles, pañoleros, caldereros o mecánicos de lanchas, jefes de muelle, patrones de bahía, capataces de estibación, jornaleros de mar, tarjadores, costureros, jornaleros de playa, tiradores, estibadores, lancheros de salitre, fleteros de marinos mercantes, marineros y wincheros, entre otros.

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