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lunes, 1 de enero de 2018
« Se lanzó al mar con un saco de piedras atado al cuello »
“Un anciano se suicidó ayer; se lanzó al mar con un saco de piedras atado al cuello, murió en el Hospital”. Así tituló el diario La Prensa de Tocopilla el 12 de agosto de 1940 la trágica decisión de un octogenario habitante.
La Prensa de Tocopilla, 12 de agosto de 1940.
A las 7.25 de la mañana del 11 de agosto, un anciano se suicidó lanzándose al mar con un saco de piedras atado al cuello. El hecho ocurrió en la playa ubicada a 200 metros al norte de los Baños Municipales, es decir, en el sector conocido como La Gasolinera.
El diario local mencionó que el anciano fue visto por unos niños que pasaban por el sitio, quienes vieron cuando el anciano luchaba desesperadamente con las olas. Los niños dieron cuenta a Carabineros e Investigaciones.
El anciano fue sacado en estado agónico y llevado al Hospital en donde falleció a los pocos minutos sin que dieran resultados los esfuerzos realizados por salvarle la vida por medio de masajes y respiración artificial.
El matutino agregó:
“Hasta el momento de fallecer, nadie tenía antecedentes sobre la identidad del suicida. Hubo necesidad que personal del Gabinete de Identificación, al mando del Jefe señor Fernando San Martín, se trasladara a la Morgue del Hospital y se le tomaran las impresiones digitales.”
Gracias a dicha diligencia, se estableció que el cadáver pertenecía a José María Godoy Díaz, de 81 años de edad, minero que tenía un hijo llamado Alberto que vivía en la Estación Central.
El diario enfatizó que no se conocían los móviles del suicidio o si tenía parientes en esta ciudad. Pero cabe indicar que dicho suicidio ocurrió casi tres semanas después del fuerte aluvión del 25 de julio de 1940, momento en que la principal mina de Tocopilla, La Despreciada, fue totalmente colapsada por la gran cantidad de barro y piedras que atiborraron el socavón, y que arrasó completamente con el campamento minero, generando el desplazamiento forzoso de los sobrevivientes hasta el puerto de Tocopilla, quienes llegaron al puerto prácticamente con lo puesto, cesantes y con muchos familiares desaparecidos.
A través de diversos documentos estatales, hemos podido conocer que al poco tiempo de ocurrido el aluvión, una serie de mineros deambulaba por la ciudad en estado de shocks, quienes expresaban densos delirios y alucinaciones ante el recuerdo de familiares perdidos, la falta de dinero y las destrucciones en las diversas minas, a las cuales no pudieron retornar.
Muchos de estos mineros traumados tuvieron que ser socorridos por personal de salud y alimentados por la Olla del Pobre que implementó el alcalde Víctor Contreras Tapia. Como así también, muchos de ellos fueron internados en el Hospital.
Coincidentemente, en dicha zona en donde ocurrió el suicidio, se rescataron decenas de difuntos arrastrados por el lodo desde diversas poblaciones, especialmente desde La Manchuria y también desde la mina La Despreciada.
Damir Galaz-Mandakovic

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