Con
asombro y preocupación hemos podido leer la frívola reproducción de
estereotipos, prejuicios y xenofobia generalizada en una revista producida por
tocopillanos migrantes. Hablamos de la Revista Oficial del Centro de Hogar
Tocopillano de Santiago Nº 56, 2015.
En
el mensaje del presidente, después de un liviano análisis ambiental, podemos
leer: “otra situación que nos preocupa
grandemente, es el nivel de delincuencia en nuestro puerto. Nunca en toda su
historia (¿?), Tocopilla había tenido
que soportar tantos hechos delictivos, semejante a lo que ocurre en los peores
barrios de Santiago.”
En
primer lugar, afirmar que Tocopilla vive su “peor momento delincuencial” es un
simplismo y una deshistorización de la vida local, remitiéndonos a un pasado
inexistente, a un pasado “puro”, “calmo” y “sin delincuencia”. Por ello,
recomendamos, solamente, darle una mirada a los diarios locales de las décadas
del 1920, 1930, 1940 ó 1950 en donde nos saturamos con noticias trágicas de
asesinatos, robos, alcoholismos, violaciones, peleas, agresiones, etc. Para realizar
semejante afirmación, se deben tener datos duros, historiográficamente
comprobables, en lo posible cuantificar esa realidad que se intenta acusar. Sin
considerar el clasismo comparativo solapado el mencionar que en Santiago hay “buenos
barrios” y “peores barrios”. Segregación barrial desde la enunciación que poco
y nada merece una revista de más de 50 años.
El
discurso continúa realizando una acusación monocausal, simplificadora y
derechamente un llamado reivindicador del odio: “ (la delincuencia) es motivada especialmente por la cantidad de
gente a ajena a nuestras costumbres e idiosincrasia (…) esos mismos forasteros
han demostrado que a nosotros no nos quieren (…) porque de ser una ciudad
limpia y tranquila, hoy se ha convertido en otra cosa muy distinta, en donde la
seguridad es el recurso más caro y escaso a que puede acceder la población”
Asumir
como única causa de la delincuencia al inmigrante, es otro simplismo grave,
ignorando la gran cantidad de estudios sociológicos y antropológicos que
abordan la delincuencia, siendo éste un problema multiasociado y multicausal, con innumerables aristas nacionales y locales.
Acusar al migrante como causante, es una turbación a la seriedad y a la ciencia social. No merece discusión el esencialismo cultural atribuido a Tocopilla al hablar de "costumbres" e "idiosincrasia" ¿Quién, cuándo y cómo se definieron esas categorías culturalistas?
Adicionando
que, por efecto de la inmigración la ciudad “se ensucia” y se “intranquiliza”. Tampoco merece mayor comentario mencionar a la seguridad como bien de consumo: “el recurso más caro y escaso a que puede
acceder la población” cabe preguntar: ¿La seguridad se compra? ¿cuánto
debemos pagar por ese “recurso caro? ¿En qué feria se vende? ¿la seguridad es igual a un sillón?
El
disparo de prejuicios es altamente grave cuando acusa a los inmigrantes en
Tocopilla como paradigma y pedagogía del delito: “algunos de nuestros jóvenes, al ver con la facilidad que los extraños
delinquen, han adoptado el mismo procedimiento, porque el dinero fácil es
realmente tentador y pagador de muchos vicios”.
La
continuación del artículo es un exhorto al policiamiento comunal bañado de
moralidad vecinal y una crítica al “garantismo” del proceso penal, sin mayor
consideración a los protocolos. Derechamente se llama a “detener para
investigar” a saber que la consigna es inversa: “investigar para detener”
Es
peligroso que una revista “oficial” del grupo de migrantes tocopillanos
radicados en Santiago, la que circula para el Aniversario de Tocopilla, culpe a
otros migrantes de la supuesta decadencia moral y delictual de Tocopilla.
Han
sido múltiples los estudios y las campañas para evitar caer en imaginarios ignaros,
desinformados y malintencionados contra los que han manifestado movilidades
geográficas. Lamentable por Tocopilla, por la revista, por su gente y por los
migrantes, sufrientes de estas livianas campañas del miedo que, curiosamente, es promovida por tocopillanos en condición de migrantes.

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