domingo, 27 de septiembre de 2015

XENOFOBIA Y PREJUICIOS SOBRE EL MIGRANTE EN EDITORIAL DE LA REVISTA DEL CENTRO DE HIJOS DE SANTIAGO


Con asombro y preocupación hemos podido leer la frívola reproducción de estereotipos, prejuicios y xenofobia generalizada en una revista producida por tocopillanos migrantes. Hablamos de la Revista Oficial del Centro de Hogar Tocopillano de Santiago Nº 56, 2015.

En el mensaje del presidente, después de un liviano análisis ambiental, podemos leer: “otra situación que nos preocupa grandemente, es el nivel de delincuencia en nuestro puerto. Nunca en toda su historia (¿?), Tocopilla había tenido que soportar tantos hechos delictivos, semejante a lo que ocurre en los peores barrios de Santiago.

En primer lugar, afirmar que Tocopilla vive su “peor momento delincuencial” es un simplismo y una deshistorización de la vida local, remitiéndonos a un pasado inexistente, a un pasado “puro”, “calmo” y “sin delincuencia”. Por ello, recomendamos, solamente, darle una mirada a los diarios locales de las décadas del 1920, 1930, 1940 ó 1950 en donde nos saturamos con noticias trágicas de asesinatos, robos, alcoholismos, violaciones, peleas, agresiones, etc. Para realizar semejante afirmación, se deben tener datos duros, historiográficamente comprobables, en lo posible cuantificar esa realidad que se intenta acusar. Sin considerar el clasismo comparativo solapado el mencionar que en Santiago hay “buenos barrios” y “peores barrios”. Segregación barrial desde la enunciación que poco y nada merece una revista de más de 50 años.

El discurso continúa realizando una acusación monocausal, simplificadora y derechamente un llamado reivindicador del odio: “ (la delincuencia) es motivada especialmente por la cantidad de gente a ajena a nuestras costumbres e idiosincrasia (…) esos mismos forasteros han demostrado que a nosotros no nos quieren (…) porque de ser una ciudad limpia y tranquila, hoy se ha convertido en otra cosa muy distinta, en donde la seguridad es el recurso más caro y escaso a que puede acceder la población”

Asumir como única causa de la delincuencia al inmigrante, es otro simplismo grave, ignorando la gran cantidad de estudios sociológicos y antropológicos que abordan la delincuencia, siendo éste un problema multiasociado y multicausal, con innumerables aristas nacionales y locales. Acusar al migrante como causante, es una turbación a la seriedad y a la ciencia social. No merece discusión el esencialismo cultural atribuido a Tocopilla al hablar de "costumbres" e "idiosincrasia" ¿Quién, cuándo y cómo se definieron esas categorías culturalistas? 

Adicionando que, por efecto de la inmigración la ciudad “se ensucia” y se “intranquiliza”. Tampoco merece mayor comentario mencionar a la seguridad como bien de consumo: “el recurso más caro y escaso a que puede acceder la población” cabe preguntar: ¿La seguridad se compra? ¿cuánto debemos pagar por ese “recurso caro? ¿En qué feria se vende? ¿la seguridad es igual a un sillón? 

El disparo de prejuicios es altamente grave cuando acusa a los inmigrantes en Tocopilla como paradigma y pedagogía del delito: “algunos de nuestros jóvenes, al ver con la facilidad que los extraños delinquen, han adoptado el mismo procedimiento, porque el dinero fácil es realmente tentador y pagador de muchos vicios”.

La continuación del artículo es un exhorto al policiamiento comunal bañado de moralidad vecinal y una crítica al “garantismo” del proceso penal, sin mayor consideración a los protocolos. Derechamente se llama a “detener para investigar” a saber que la consigna es inversa: “investigar para detener”

Es peligroso que una revista “oficial” del grupo de migrantes tocopillanos radicados en Santiago, la que circula para el Aniversario de Tocopilla, culpe a otros migrantes de la supuesta decadencia moral y delictual de Tocopilla.

Han sido múltiples los estudios y las campañas para evitar caer en imaginarios ignaros, desinformados y malintencionados contra los que han manifestado movilidades geográficas. Lamentable por Tocopilla, por la revista, por su gente y por los migrantes, sufrientes de estas livianas campañas del miedo que, curiosamente, es promovida por  tocopillanos en condición de migrantes. 



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