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| Plaza Condell, 1950. |
La Plaza Carlos Condell surge en la década
del 90 en el siglo XIX, era un pequeño terreno que, poco a poco, se fue
ampliando gracias a expropiaciones por parte del municipio y a remodelaciones
financiadas por empresarios y Estado.
Gradualmente la plaza fue creciendo. Hasta
que, gracias a un rediseño en 1931, se construye el Odeón, obra neoclásica de
Jorge Tarbuskovic. Este espacio acústico fue inaugurado con el destacamento de
la Escuadra Nacional, allí se instalaría “La Banda de Músicos” que fue
conformada en 1892, agrupación que posteriormente se llamó “Orfeón Municipal
Obrero”. La remodelación de la plaza tuvo un valor de $ 100.000 y el Odeón
constituye una instalación ejemplar y única en Chile.
En 1936 son depositados en formato de osario
los restos de dos marineros de la goleta La Covadonga: Blas Segundo Téllez y
Felipe Ojeda, marineros participantes en el triste Combate Naval de Iquique y
que fueron abandonados en el cementerio local el 22 de mayo de 1879. Esos cuerpos
que fueron descubiertos 50 años después y trasladados a la plaza.
Todas las fotografías de la década del 50, 60
y 70, exhiben una plaza que constituía un verdadero pulmón verde: la
frondosidad de la arboleda era valiosa en un desierto absoluto.
En 1996, en el periodo del alcalde Aleksander
Kurtovic, la plaza fue remodelada casi en totalidad: la iluminación, erradicación
de aves de rapiña, el cambio de suelo, el nuevo enrejado, sus pinturas y
piletas, dio una nueva estampa que lamentablemente sucumbiría a contar del año 2004,
cuya decadencia sería acentuada con el descuido y el terremoto del año 2007.
Recién en el 2014 tenemos buenas noticias
respecto a su recuperación y refacción de un vital espacio familiar, social y urbano.
Este proyecto que será entregado a la
comunidad en los finales del presente año, tiene un costo de $ 1.600 millones
de pesos. Debiéndose sortear deslucidas ideas iniciales de destrucción de áreas
verdes, además del abandono de las obras por parte de una empresa constructora,
llevando al municipio a rediseñar el proyecto y conseguir recursos adicionales.
Es una buena noticia, que esperamos que se
cumpla en los plazos anunciados, a saber que han sido muchos los años de
abandono y de espera por parte de los tocopillanos que vieron sucumbir el sitio
por deficiencias de gestión municipal durante la gestión 2004-2012.
Es de esperar que la comunidad, una vez que reciba
la plaza, pueda cuidarla y la gestión local realicé un trabajo de conservación
como merece este espacio simbólico. Esperamos no volver a tener esa imagen de
sequedad, suciedad, abandono, oscuridad y
deterioro que tuvo la plaza post terremoto en el periodo alcaldicio de Luis Moyano.
Del mismo modo se valora la modificación al
proyecto ante la descabellada idea de encementación
excesiva y la reducción sobredimensionada de espacios verdes ideada por la
gestión anterior.
La plaza, más allá de ser un área de paseo y
respiración, refleja aspectos simbólicos interesantes e identitarios comunales.
Es un espacio que influye a su vez en el estado de ánimo de los ciudadanos en
cuanto lugar de encuentro y centralidad. El verdor y el espacio de descanso
descongestionan la trama urbana y visual, enriquecen el valor cultural y
material de nuestra comuna. Hacen de nuestra ciudad un lugar más habitable y
socializable.
No debemos desatender la plaza porque es
vital en la interacción social. No debemos olvidar que el comportamiento de las
personas y el ambiente son elementos que se influyen mutuamente, así lo ha establecido
la Psicología Ambiental la que considera el valor de la arquitectura, el
urbanismo, el ambiente y a las personas como usuarios articulados en una trama
integral que mejora su cotidianidad.
Como tocopillanos ya sabemos lo que significa
tener una plaza destruida, con troncos caídos, oscura, peligrosa, seca. Sabemos
también de la escasa posibilidad de acceder a espacios de esparcimiento, por
ello es vital su conservación y mantención por ser un espacio multiuso y multivariado
en sus posibilidades.
Desde estos ambientes públicos nos
relacionamos con el cambio de actitudes y valores, con el aprendizaje y la
educación cívica y urbana, con el desarrollo personal, así como con la acción
comunitaria, ya que permite la confluencia y la aglomeración.
La influencia de las áreas verdes, la
construcción y mantención de un edificio o plaza, el diseño de los espacios o
de una calle colindante a nuestro hogar, son preocupaciones psicoambientalmente
relevantes. Desde ahí, nuestra calidad de vida se ve alterada o beneficiada,
influye en nuestros ritmos laborales, rendimiento estudiantil, en la relación
con los otros, en la proyección anímica de nuestras vidas y en el aprecio por
nuestra ciudad.
La interacción entre conducta, ambiente y lo
construido es interminable y no son variables separadas, es un conjunto tanto a
nivel físico, simbólico y social, en ello, las plazas, se constituyen como
espacios de encuentros, también de confrontación, territorialidad, memoria,
cotidianidad y esparcimiento.
En una plaza, se condensa la biografía comunal.
En una plaza, se condensa la biografía comunal.

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