jueves, 25 de septiembre de 2014

ORIGENES MINEROS DE TOCOPILLA



Los primeros datos sobre establecimientos mineros en la actual costa tocopillana, se remiten a la década de 1830, periodo en que comienza la explotación de un conglomerado de minas cupríferas: “Rosario”, “San Carlos”, “Argentina”, “Percense” y “Feliciana”, además de otras minas pequeñas. “Al frente de las firmas explotadoras estuvieron sucesivamente los industriales señores Pedro Alessandri, Guillermo Billinghurst y posteriormente Diego de Alcantara y Gana”. (Bello, 1965) [2]

Desde entonces, el sector que comenzó a forjar lo que sería la futura ciudad fue el tramo de Caleta Duendes, pequeño campamento minero implementado con pocilgas, chozas y barracas.

Desde 1830 hasta la mitad de la década de 40, la extracción de cobre adquirió tal volumen que “determinó el levantamiento de algunas casas para el personas, tendido de líneas férreas y cesión de terrenos fiscales para la ampliación de las plantas”.[3] Los que tuvieron a cargo dichas gestiones fueron los señores Neylor Oxley y CIA, dueños de “Establecimientos Mineros Duendes”. Paralelamente, según Bello, se había emplazado otra pequeña empresa denominada “Fundición de los Hermanos Dorados” que desde 1842 estaba instalada en Caleta Duendes.

Con fecha 17 de febrero de 1842, el gobierno boliviano celebró con empresas contratistas, un convenio de sociedad, para la explotación y exportación del guano, posteriormente el 23 de junio de 1842, se firma en ciudad de La Paz, la modificación al contrato. Carlos Barroilhet, ciudadano francés avecindado en Valparaíso, participa en esta ceremonia representando a la empresa Gibbs, Crawley y Cía.

En su regreso a Chile, Barroilhet pasa por Cobija, lugar donde le es endosado un pedimento minero. En esta solicitud se demandaba la propiedad de tres minas ubicadas en el cerro Tocopilla el cual estaba emplazado en la Quebrada de Duendes, 18 leguas al norte de Cobija.

En la ciudad Valparaíso, Barroilhet se asocia con Zenón Urbistondo y Pedro Alessandri; estos empresarios por escrituras públicas de fecha 14 de febrero de 1843, constituyen la célebre “Sociedad Mineralójica de Tocopilla”. En esta sociedad Barroilhet aportó las minas ubicadas en cerro Tocopilla, Alessandri puso el capital de explotación y Urbistondo debió venir a vivir a Tocopilla para así administrar en terreno el mineral. Los mineros requeridos, para iniciar la explotación en el naciente mineral fueron reclutados en las vecindades de Valparaíso. Urbistondo, el administrador, no sólo proyectaba, organizaba y controlaba la labor de sus trabajadores, sino que también por su condición de “primeros” habitantes mineros, debieron dedicarse a construir las casas que los albergarían.

Así fue que la creciente actividad minera, sumada a la explotación de las guaneras de Paquica, generaron una especie de herradura con pequeños caseríos desde Punta Algodonales, en el sector sur, hasta Caleta Duendes, en el norte, pasando por el caserío donde estaría ubicado el futuro Pueblo Bajo, sector de la actual avenida Barros Arana.[4]

Fue en ese contexto cuando surgió la necesidad de una línea férrea para vincular sectores extractivos y de procesamientos. Además, en la pequeña planicie costera local se constituyeron otros pequeños caseríos y micro aldeas.

En ese tenor, corriendo el año 1843, el Prefecto de Cobija, Andrés María Torríco, habilitó a Domingo Latrille y a Mariano Benavides[5], como Secretario de la Prefectura, para que ejecutaran las mensuras del terreno en la zona costera que llegaría a ser la ciudad de Tocopilla.

El viernes 29 de septiembre –y no día domingo como se ha escrito siempre- se procedió a la mensura del terreno de la futura población, quedando delimitado entre la Punta Algodonales y el sector norte, lugar en donde se levantó el barrio La Manchuria, actual sector del Hospital de Tocopilla. Acorde a esta autorización, la ubicación exacta fue fijada en la Bahía Algodonales, en 22 grados, 5 minutos y 47 segundos de latitud sur y 70 grados, 13 minutos y 50 segundos de longitud oeste. El emplazamiento contuvo la representación en un plano de 30 cuadras de largo por 20 de ancho. Por causa de la estrecha planicie costera, el plano y la representación quedaron sólo en el deseo frente a la limitante topográfica.

En la indicación de Óscar Bermúdez, las explotaciones guaneras se habían acrecentado desde entonces, a la vez que las minas de cobre menudeaban en distintas partes de la costa alcanzando al norte de Cobija hasta Caleta Duendes, cerca del paralelo 22, donde una firma industrial extranjera había instalado un plantel importante. Apunta Bermúdez que, “La Prefectura de Cobija otorgó a esa empresa una concesión de terrenos para levantar una población y Don Domingo Latrille recibió el encargo de practicar las mensuras del terreno”. [6] Caleta Duendes siendo vecina de Tocopilla, las medidas adoptadas en 1843 por la Prefectura Departamental, iban a favorecer más tarde al gradual poblamiento de Tocopilla, inmediatamente al Sur de la Caleta. Influiría en este proceso el movimiento generado en el sector llamado como Desembarcadero, ubicado a la altura de la península de Algodonales. El poblamiento en torno a ese sector sería crucial dada la cercanía con este micro puerto.

Posterior a este suceso, Domingo Latrille agenció una fundición de cobre en Caleta Duendes, en los 22 grados, 3 minutos de latitud sur y 70 grados 11 minutos de longitud oeste. Los dueños originales y constructores de esta fundición fueron ingleses pertenecientes a la compañía Neylor, Oxley y Cía.

Gallardo[7] nos cuenta que, “El establecimiento ‘Duendes’ de propiedad de don Domingo Latrille, fue el primero en instalar hornos de fundición, en Tocopilla hacia fines de 1857. Su éxito fue de tal magnitud que en 1859 contaba con 5 hornos de fundición y 3 máquinas de torno, constituyéndose en el principal establecimiento de fundición del Departamento Litoral.” Luego afirma que, el establecimiento “Tocopilla” propiedad de Dickson Harker y Cía., contaba en 1859 con 3 hornos de fundición y 1 máquina de torno. A esa fecha, este establecimiento era dirigido por la sociedad “Samuel Lean, John José y Cía.” según contrato de arriendo celebrado en Valparaíso el 30 de mayo de 1856. Posteriormente, la sociedad Lean, José y Cía., compraría el establecimiento “Bellavista”.

Bello nos indica que la mensura de terrenos en los cuales estuvo involucrado Latrille es sustancial, “este hecho va tener una importancia trascendental para el futuro caserío, en primer lugar la cesión de terrenos y el consiguiente levantamiento de una población significaron un progreso material”.[8] Todas estas mensuras nuevas significaron un mejor ordenamiento en cuanto a la cesión de terrenos. Permitió una planificación optima para que así, otros pequeños industriales pudieran instalar trapiches y fundiciones. Bello apostilla que, el progreso material local fue más allá de Caleta Duendes, ya que se desplazó en importancia a este último caserío. “Los antiguos nombres bolivianos de Algodonales y Duendes, empiezan a ser desplazados por el de Tocopilla…”.[9]

A partir de este hecho trascendental en el cual estuvo envuelto Latrille, Tocopilla adquiriría un proceso de apogeo de establecimientos mineros. Por ejemplo, se instala la firma Dickson-Harker en 1850. Ocho años más tarde los señores Jorge Odgers y CIA instalan la fundición “Bellavista”. Esta última compañía era la mayor inversión realizada hasta entonces, “sus tres hornos y disponía de veleros para la exportación de sus productos y para la internación de mercaderías surtidas y carbón”. Otras compañías que se instalan son la perteneciente a Carne-Knuckey que, a través de la fundición “Buenavista” instalada en 1860, se apropiaron de gran parte de las minas costeras tocopillanas.

Como era natural, alrededor de las instalaciones de procesamiento de mineral, se emplazan casas y barriadas habitacionales, diseñando poco a poco las primigenias calles.

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NOTAS:

[2] Bello (1965) Página 45.
[3] Ibídem, pág. 45.
[4] Según Ricardo Donoso en su libro Alessandri agitador y demoledor escrito en 1952, afirma que Pedro Alessandri en 1845 se desprendía de algunos negocios de minas que tenía en Tocopilla, “República de Bolivia: por escritura de 6 de agosto de 1845 vendió por sí, como apoderado de don Carlos Barroillet y en compañía de don Zenón Urbistondo, en la suma de 26,000 pesos, a la firma Naylor, Boardman, Oxley y Gemenll Harker y Cía., parte de la mina, y dos meses más tarde traspasó en 13.000 pesos, a la firma Agustín Hemenway y Cía., la parte que había conservado de la misma. Escrituras de 28 de julio, 6 de agosto y 18 de octubre de 1845.” Citado por Donoso.
[5] Latrille y Benavides figurarían en el año 1842 como suscriptores de la revista “El Museo de Ambas Américas” editada por Juan García del Rio colombiano, colaborador de Andrés Bello en la Biblioteca y el Repertorio londinenses. Radicado en Valparaíso fundó esta publicación semanal, cuyos treinta y seis números aparecieron desde abril a diciembre de 1842. Volumen 2, pág. 493.
[6] Bermúdez (1963) Págs. 187-188.
[7] Gallardo (1990)
[8] Ibídem pág. 46
[9] ibídem pág. 46.



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