lunes, 22 de septiembre de 2014

"HUASOS" TOCOPILLANOS, VIOLENCIA SIMBÓLICA Y AUTOCOLONIZACIÓN EN FIESTAS PATRIAS




Han concluido las llamadas “Fiestas Patrias” en una zona que es formalmente chilena solo desde 1879, tras la Guerra del Pacífico. Pese a esta imposición forzada de la “chilenidad”, el desierto de Atacama se llena de huasas y huasos disfrazados, en una escenografía que reproduce, casi de manera caricaturesca, la extensión del centralismo cultural chileno en el territorio más árido del planeta.

No se trata únicamente de la presencia de estos personajes. También emergen copihues de papel, caballos de plástico, ramadas sin ramas, carretas sin ruedas, cuecas “exóticas” acompañadas de cantos paisajísticos que evocan lugares nunca vistos por quienes las interpretan. Más grave aún, los niños en la escuela son obligados a imaginar paisajes que jamás han experimentado para cumplir con tareas que refuerzan la ficción de un campo ajeno y distante.

Estos huasos, que además se organizan como “grupos folclóricos”, funcionan como instrumentos de un dispositivo de colonización cultural sostenido por el centralismo político-militar chileno, y reproducido acríticamente por municipios y docentes. Ver a un huaso en el desierto no se diferencia demasiado de contemplar a alguien disfrazado de Batman, del Principito o de Superman: todos operan en la lógica del disfraz, del carnaval y de lo ajeno, con la diferencia de que, en el caso del huaso, el disfraz se inscribe en un proyecto estatal de chilenización. Tras la guerra, el Estado buscó desperuanizar y desbolivianizar estos territorios, ofreciendo una versión homogénea de “lo chileno” anclada en la mitología militar, la historiografía oficial y la reproducción escolar.

Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, este fenómeno es ilustrativo de la violencia simbólica: una forma de poder que se naturaliza e interioriza hasta volverse evidente e incuestionable, incluso para quienes la padecen. El poder simbólico —señala el sociólogo— solo puede ejercerse con la colaboración de los dominados, que lo reconocen como legítimo. Así, huasos que nunca han visto un copihue, jamás han montado un caballo ni conocen la vida rural, terminan reproduciendo una identidad foránea que les es presentada como propia.

Bourdieu explica que esta violencia opera a través de mensajes culturalmente internalizados: en la publicidad, las canciones, los refranes, las caricaturas o las novelas, todos asumidos como verdades absolutas. En Tocopilla, la proliferación de grupos folclóricos y campeonatos locales de cueca constituye una acción racional en la cual el “dominador” ejerce un poder indirecto, invisible y no físico sobre los “dominados”. Estos, al no percibirlo como violencia, se convierten en cómplices involuntarios de su propia colonización cultural.

En consecuencia, la presencia de huasos y grupos folclóricos en el desierto no solo introduce un elemento festivo y exótico: opera como un mecanismo de borradura de la cultura local, sustituyendo memorias, expresiones y tradiciones propias por una identidad ajena impuesta desde el centro.


Desfile de niños desifrazados de huaso participantes en un campeonato comunal de cueca promovido por municipio y escuela. Agentes de reproducción de una cultura centralista y ventriloquia de violencia simbólica. 

1 comentario:

  1. Ya podemos imaginarnos cuál sería la opinión de Bordieu si viese a los habitantes de este pequeño puerto del desierto más árido del mundo, ¡disfrazados de "papá noel" en pleno mes de Diciembre!
    Mientras sudan la gota gorda con sus barbas falsas y sus trajes de poliéster, estos vecinos dan vida a una tradición de la que rara vez conocen su verdadero origen.
    ¿Acaso, una "pomada" de cristianismo basada en la mitología de la Iglesia, impartida con su acostumbrada violencia simbólica?

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