El movimiento de protestas en Tocopilla ha puesto a la
ciudad en un escenario mediático a nivel del orbe en la denuncia de problemáticas
antiguas, siendo una situación inédita en la historia local. La protesta se
torna transfronteriza y articulada entre los tocopillanos repartidos por el
mundo. Desde todo el globo llegan mensajes de apoyo y de incentivo a este
proceso. Es una protesta a modo de “transnacionalismo” con formas de organización e
identidad hacia Tocopilla que no están limitadas por las fronteras regionales o
nacionales.
Además de las tocopillanas y
tocopillanos activos en la última semana, hay “un” “Tocopilla” en las afueras;
un Tocopilla que se plantea en un “hiperespacio”, evidenciado desde Suecia, Bélgica
hasta EE.UU., desde Arica a Punta Arenas. Así se pasa a vivir una
tocopillaneidad deslocalizada. Es una construcción social y cultural simultanea
facilitada por las redes sociales digitales, superando los espacios geográficos.
Un sentimiento trans-local.
Las emigraciones vividas en Tocopilla, han permitido el surgimiento de
una topofilia, de un amor al lugar, que permite establecer
una relación de translocalidad en estos tocopillanos que han partido hacia el
exterior. En ese tenor notamos la existencia de intercambios, conexiones y prácticas transfronterizas que trascienden,
por tanto, el espacio nacional como punto de referencia básico para actividades
e identidades. Hallamos aspectos que poseen gran relevancia, como el
mantener y establecer conexiones socioculturales que trasciendan a los confines
geopolíticos para conservar conexiones sostenidas a pesar de la distancia, las
prácticas y relaciones que continúan vinculando a los emigrantes con su
comunidad de origen. Inclusive las estrategias empleadas por los migrantes y
sus familias para mantenerse en contacto, visitarse y/o reforzar los vínculos
con la comunidad originaria.
En los que han partido surge un rasgo fuerte,
consolidado y melancólico, practicado a través de la cotidianidad y, quizás, la
configuración de un discurso expresivo del llamado “mito del retorno”. En ese sentido, la eventualidad del retorno, con
independencia de su ejecución, viene a generar una particular memoria y
expectativas respecto de los contextos de origen, que como sabemos no siempre
guardan relación con las transformaciones que éstos sufren.
Se demuestra que los migrantes, los tocopillanos que viven repartidos por el mundo, son
capaces de reproducir en otros contextos sus formas culturales de ser y de
pensar, además de incidir en las relaciones sociales de su país de origen. Es
decir, el
migrante no migra y trasplanta su cultura, lo que hace es reproducirla, la
reestructura y con ello la reformula y la expresa. El
tocopillano ido, en diáspora, se siente y vuelve de pronto más tocopillano, más querendón con su tierra
en comparación al momento en que residía en la misma ciudad.

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