SOBRE LOS RESULTADOS DEL 23 DE OCTUBRE



Los resultados electorales en Tocopilla demuestran una serie de procesos que a simple vista son complejos de comprender.

En primer lugar, primera vez que en democracia un alcalde tocopillano no es reelegido, a saber que el fenómeno San Román lo constituyó en uno de los más jóvenes en la historia local y el segundo de Chile, con una impronta de critica fuerte, pero que finalmente no se condijeron con una serie de procesos referidos a gestión y también a procesos de orden político.

Los procesos administrativos cuestionados, que no son pocos, han sido materia de pronunciamiento de Contraloría de la República, estando disponibles sus comentarios en la web de la institución.

Pero en el orden político se evidencian una serie de fenómenos que resultaron gravitantes en la impopularidad del alcalde.

A saber que en su primer año de gestión la popularidad del alcalde fue altísima logrando articular un movimiento social que sorprendió nacionalmente por su masividad y distintas acciones transgresoras, en donde se apelaba a luchar contra el “centralismo” político y económico que ha afectado a Tocopilla en los últimos 50 años, no se supo capitalizar ese apoyo ciudadano a nivel de gestión, en el sentido de establecer algún proceso que se orientara hacia la estructura de afectación que ha tenido Tocopilla. Es decir, en vez de proyectar ese movimiento social como estratégico, hacia una ciudad deseada, finalmente se transformó en un movimiento operativo, que se resolvió con algunas píldoras dadas por el gobierno de Piñera. No se supo articular, por ejemplo, con los parlamentarios del distrito algún trabajo en conjunto para poder resolver temas estructurales de Tocopilla. Podríamos preguntarnos, ¿Qué pasó en Tocopilla después de ese movimiento? ¿Qué nos dicen los indicadores económicos, de salud, de población, etc.?

En su segundo año, comenzó a evidenciarse un proceso de impopularidad que fue creciente. Entre ellos, siendo el alcalde un promotor y participante de movimientos sociales locales y de protesta, en su propia gestión se desentendió de ellos, incluso los criticó fuertemente a nivel mediático e instancias judiciales: la misma gente que lo llevó a la alcaldía, al poco tiempo fue desconocida por el administrador comunal, iniciándose una campaña de desprestigio por las redes sociales digitales ante el olvido a los movimientos que él mismo propició siendo candidato. Incluso, algunas de esas protestas y bloqueos de caminos tuvieron resultado de muerte.

Por otra parte, la decadencia de Marco Enriquez-Ominami fue factor importante en la declive popular de F. San Román: era primera vez que en tiempos de democracia un alcalde articulaba su figuración política con una personalidad nacional. El apoyo económico de SQM a la política nacional fue fatal, siendo condenada por el alcalde quien “rompió relaciones” con SQM. Pero al poco tiempo, surge el cuestionamiento de MEO y su vinculación corrupta con SQM. Finalmente, surgió una especie de autogol, porque MEO financió las campañas de los candidatos del PRO: entre ellos estaba San Román. En ese escenario, la ciudadanía comenzó a sospechar y a correlacionar que, indirectamente, SQM y su dinero oscuro, llegó también a San Román. Además las defensas al candidato presidencial fueron obstinadas, a saber que en nada contribuía ese candidato a dilucidar sus relaciones infectas con los sectores que habían asesinado a su propio padre.

Esa misma relación con MEO llevó al alcalde a ser participe del hecho que finalmente catapultó la impopularidad y el rechazo: una visita a Bolivia en donde MEO lanzó un libro sobre su padre asesinado y aprovechó la ocasión para abogar por la salida marítima para Bolivia. Dicho enunciado de MEO fue fatal para el alcalde, porque se entendió, gracias a algunos medios de comunicación escritos, en que también él apoyaba la moción de MEO. El nacionalismo tocopillano (a saber de sus múltiples contradicciones y cegueras) no pudo perdonar dichos comentarios de MEO en donde el alcalde se vio involucrado, siendo caldo de cultivo para sus detractores chovinistas.

Ese mismo nacionalismo obtuso, promovido por grupos y particulares en las redes sociales, significó que comenzaran las fuertes criticas al equipo de trabajo del alcalde compuesto en su mayoría por afuerinos. Contradiciendo la pieza fundamental de su discurso de campaña: “los tocopillanos recuperaremos el municipio” esto en alusión y critica hacia el afuerino alcalde L. Moyano. El localismo y su tocopillaneidad comenzó a adquirir fuerza contra los funcionarios que fueron instalados desde las afueras, los que además iban cambiando seguidamente.

Debemos agregar el exceso de exhibicionismo, una especie de “egopolítica”, cierto culto al líder promovido por sus asesores y comunicadores; además de los continuos idealismos que día a día se iban contradiciendo con sus acciones, comenzaron a pasar la cuenta por el exceso de presuntuosidad y cierta farandulización, además de la autocomplacencia, de cierto carisma que puede ser definido como mesianismo refundacional.

F. San Román representa una figura política que articula un discurso de deconstrucción anti-sistémico que se luce con una oratoria adecuada: no fue casual, entonces, que en su juventud supiera instalar el tema de la contaminación en el debate público y pudo denunciar a través de irreverencias gráficas e investigativas los oscuros procesos de administración de L Moyano, alcalde desde el año 2004 hasta el 2012. Pero una vez siendo alcalde, la frontalidad impactó a una sociedad conservadora como la tocopillana: una ciudad sin centros de formación superior ni técnica, con bajos niveles de escolaridad, con altos niveles de religiosidad, etc. Entonces, apoyar el movimiento gay (LGBT) con performances como izar la bandera del arcoíris en la plaza y en el municipio continuamente, en apoyar como casa consistorial el matrimonio de dos tocopillanos, entre otras acciones, no fueron del agrado de los conservadores tocopillanos que, nuevamente, comenzaron a difundir por Facebook una campaña de criticas. Además la critica frontal hacia las empresas contaminantes, generó miedo en aquellos que trabajan en dichas empresas, temiendo una potencial cesantía, ante un “eventual cierre”.

Por otra parte, se adiciona la transmisión de la idea de usar el municipio con trampolín político para algún cargo parlamentario, los continuos viajes para apoyar al alicaído MEO, además del fracaso en la implementación de la Farmacia Popular y el Supermercado Popular (cuestionados por Contraloría) solamente contribuyeron al naufragio del político.

Definitivamente, la señal fue que lo nuevo en la política no sirvió. Que no bastó sólo la critica, que la juventud se mostró como inexperiente en su articulación de procesos políticos y simbólicos, acompañados por una escasa capacidad técnica y asesores que confundieron sus alturas y se marearon con su debut en el poder local, situaciones que los llevaron a la ruina electoral...

Como la juventud “no sirvió”, esto a ojos de los electores castigadores, se retrocedió hacia quien administró la ciudad durante 8 años. Los serios problemas de memoria, de preocupante amnesia de los tocopillanos reeligieron a L. Moyano quien trabajó una campaña basada en “restablecer el diálogo con las empresas”, con la campaña del terror que las “termoeléctricas se irían de Tocopilla” delirante argumento a saber que en su periodo Tocopilla fue declarada como Zona Saturada de contaminación sin contar con el apoyo del alcalde, quien, en relaciones estrechas y genuflexas con las compañías contaminantes, defendía la contaminación a saber “que daban trabajo”, por mientras las cifras del cáncer crecieron superando todas las tasas de mortalidad regional y nacional. (La ausencia de la campaña en las redes sociales, nos remite a que sus electores fueron los adultos mayores, que en Tocopilla son numerosos y cumplen sagradamente el ritual electoral).

La pregunta es, ¿Cuánto durará la popularidad? ¿Quiénes conformarán el equipo? ¿Serán los mismos que hundieron al poblado con sus arraigadas malas prácticas administrativas? A esos extraños contubernios y arreglos bajo la mesa? ¿Volverá Tocopilla a ser esa ciudad sucia y seca que vimos en los años 2010-11-12? ¿Se convertirá nuevamente el municipio en una máquina de empleabilidad para pagar las miles de promesas laborales? ¿Volverá ese municipio desordenado, sin rumbo e insultante que persiguió laboralmente a quienes se atrevieron a comentar alguna falencia? ¿Será este municipio material, nuevamente, para Contraloría?

Sin duda que la abstención electoral de los jóvenes, además de la media de la escolaridad tocopillana se refleja en el desinterés por elegir a figuras profesionales e independientes, sin oscuridad ni compromisos desvergonzados, recurriendo a esos viejos políticos, con biografías cruzadas por la corrupción y turbiedad, por cesantes que ven la política como la oportunidad para servirse, para pagar favores, por quienes atropellan cuando hablan con sus delirios narcisistas y ególatras.

Esperamos que Tocopilla no naufrague y no se arrepienta tan rápidamente de sus propias decisiones. Solamente esperamos que de una buena vez la ciudad pueda estar mejor, que logre resolver sus dramas estructurales y cotidianos, que haya espacio para los profesionales, para gente que tenga ganas de trabajar y aportar desde distintas áreas hacia su ciudad.

La luna de miel hacia la nueva –pero vieja- autoridad, puede durar poco o mucho, depende de cómo se lleven las riendas.



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