EL FIN DE LAS VILLAS. LIQUIDACIÓN DE LA COMUNIDAD POLÍTICA Y DISCIPLINARIA DEL COMPANY TOWN TOCOPILLANO



Fin al company town

Un proceso relevante surgido como efecto colateral de la privatización de la termoeléctrica se refiere a que, en conjunto con la pérdida y menoscabo de beneficios socioeconómicos que recibían los trabajadores, surgió el fin a la preponderancia de la compañía sobre el company town, básicamente sobre las denominadas Villas. De esta forma, la empresa se desligó del carácter disciplinario y gestionadora de la vida de los trabajadores que se constituyó en el campamento con la empresa norteamericana y que fue mantenido por Codelco hasta 1996. 

En los hechos, la privatización significó el fin de la Pulpería, la cual se transformó en un supermercado con acceso a todo tipo de público llamado La Batalla, perteneciente a una cadena de supermercados regionales. Además del carácter público, desde entonces los trabajadores y sus familias debieron comprar con dinero en efectivo, ya no con tarjetas, ni “vales”, ni descuentos por planillas. 

Del mismo modo, ya había sido diluido sistemáticamente el sistema de vigilancia barrial, expresado a través de los llamados Serenos y vigilantes, derivando en el fin de los policiamientos y controles y administraciones sobre las conductas barriales. 

A su vez, muchas de las casas del campamento fueron traspasadas a los trabajadores, aunque no todas. Pero también se permitió la residencia de vecinos no vinculados con la termoeléctrica ante la venta de algunas propiedades y la aparición de los alquileres de los inmuebles. 

Al mismo tiempo, las casas pudieron ser intervenidas y ampliadas a modo de desarrollar un proceso de autoconstrucción de habitaciones y espacios residenciales. Situación que antes estaba prohibida por la empresa. En ese sentido, la arquitectura, que dialogaba con un temprano Movimiento Moderno, derivó en una arquitectura del bricolaje y en el surgimiento de la deshomogeneización del barrio. El barrio comenzó a mostrar nuevos colores, nuevas formas, ampliaciones, una deformación del barrio norteamericano significativo, impactando fuertemente en lo visual. Era la deconstrucción del carácter uniforme. Podemos decir que se pasó de un barrio del Movimiento Moderno, a un barrio postmoderno, en donde se manifestaba la resistencia a la homogeneidad. La cimentación de antejardines, garajes, rejas, nuevos ventanales, nuevas pinturas, ampliaciones en altura, etc., eran la manifestación de esta postmodernidad material y arquitectónica. 

Al mismo tiempo, en el crucial año 1996, se inauguró por el mismo impulsor de la privatización el Presidente de la República Eduardo Frei Ruiz-Tagle una población aledaña a la Villas, la población Serviu Padre Alberto Hurtado, significando un proceso de deconstrucción de la estructura barrial inaugurada por la termoeléctrica por la llegada de cientos de familias desde el otro lado de la ciudad.


El campamento de trabajadores de Codelco contaba con una playa exclusiva conocida como la playa Hostería, la que contaba además con un hotel y salones de baile. Dicha playa colindante a la hostería, contaba con altos y gruesos muros para impedir el paso y la mirada del resto de los tocopillanos. Esos mismos muros comenzaron a ser paulatinamente desarmados para el acceso comunitario. Los muros de la playa privada fueron desmantelados por los propios tocopillanos que accedieron ante las miradas atónitas de los otrora “clase alta” de la Villa. De este modo, se “perdía” a ojos de los trabajadores otro tipo de beneficio, esta vez, un “beneficio” de la segregación. 

Este proceso de finiquito del company town tocopillano estaba inmerso en un proceso neoliberal de la economía nacional, repercutiendo en una nueva forma de relación capitalista local, surgiendo nuevas fragmentaciones internas en la termoeléctrica expresadas en las reducciones de personal, reconversiones internas, marcado también por una profunda flexibilización de los regímenes de trabajo y la introducción de contratistas, es decir, de trabajadores subcontratados que recibían menores rentas, siendo muchos de ellos trabajadores de la zona central y sur de Chile, expresándose de este modo, una nueva forma de enganche, eran los llamados “Plazo fijo”, es decir, trabajadores con contratos cortos y con periodos muy bien definidos. 

Los trabajadores que lograron sortear el proceso privatizador, pudieron seguir viviendo en las Villas, pero poco a poco el estatus proyectado por los gringos fue desmantelándose. La noción de “clase alta”, poco a poco fue desarmándose al verse como familias que, desde entonces, desde 1996, tuvieron que pagar la luz, el agua, pagar los estudios universitarios de los hijos, tuvieron que comprar en el supermercado sin mayores privilegios, tuvieron que ir a las farmacias, comprar sus propios remedios, etc. entonces, su propia realidad económica fue precarizada por el nuevo proceso surgido por la privatización. 

Al desarmarse la influencia de la compañía sobre el campamento, además de la subcontratación de trabajadores, la ciudad comenzó a tener otro tipo de protagonismo en cuanto a servicios relacionados con los trabajadores: comercio, hospedaje, comida, diversión, etc. De este modo, se entretejieron nuevas redes que siguieron deconstruyendo el esquema urbano planteado por The Chile Exploration Company que luego fue conservado por Codelco. Surgió la obsolescencia de los dispositivos de regulación de la vida cotidiana, de las normativas, de las formas de circulación y relación entre los tocopillanos y los residentes en las Villas. 

La privatización de la termoeléctrica y el fin del company town, fue el fin de paternalismo empresarial, de cierta biopolitización del territorio. Fue la inauguración del final de la dicotomía clasista monumentalizada por la compañía estadounidense. 

De la comunidad política a la im-política 

El campamento de obreros termoeléctricos fue la constitución de una comunidad política, en el sentido que constituyó un cierre identitario barrial, significando la confrontación y expresión de la diferencia con los del sector denominado como Pueblo. En ese sentido, cuando se diluye el control disciplinario y comunitario de la empresa, consideramos que surge el tránsito de una comunidad política a una comunidad im-política (Esposito, 2006). Esto lo decimos porque al surgir cierto “revoltijo” y heterogeneidad del barrio de la compañía, surgió una exposición a lo diferente, a lo distinto, a un devenir de existencias singulares y diversas, un proceso inerradicable que significó la apertura a la alteridad, a una real convivencia comunitaria que también puede ser entendida como la colonización de Tocopilla hacia un sector en donde no existía una diversidad laboral, hacia un sector que estuvo por muchos años clausurado a la diferencia interna de Tocopilla por gestión de una empresa termoeléctrica.

Entendemos la comunidad política como el proyecto empresarial de una identidad cerrada, absoluta y controlada tras la unidad de significado barrial, y la transición que acusamos, que surge con la privatización y fin del company town, es el surgimiento de una realidad que se tornó inaprensible e irrepresentable, indisciplinada al control de sus limites, sustentada por el fin del company town. Siendo, desde entonces, dichas villas, parte e integrante de la ciudad en integridad. La diferencia entre “Pueblo” y “Villas” comenzaba su dilución. 

Guidiño (2011) considera que la política es un intento de domesticación, de producción de una unidad ontológica de sentido, pero que siempre coindice con “su fractura”, con su propio límite, nos dice:
En su acontecer y emergencia infinita, lo (im)político no establece una frontera de indiferencia en relación con la política misma, sino que es la mirada misma de la política y de la comunidad desde sus umbrales instituyentes  y  ambivalentes  de determinación. Considerar a la comunidad como a una entidad cerrada, posible de ser clausurada políticamente, y en donde los sujetos partícipes establezcan una común unión identitaria, es considerar a la comunidad como al espacio propicio para el aniquilamiento de la otredad y de la diferencia. Convivir no debe ser  interpretado  como  la  producción  de vida comunitaria, a partir de la existencia de principios en común que identifiquen y determinen una proximidad de fusión entre los individuos.” (Guidiño, 2011:34). 

En ese sentido, la compañía apuntó a un convivir entre pares, entre iguales, aunque marcados con diferencias laborales, eran todos de la misma empresa y bajo los mismos controles. Guidiño afirma que convivir es todo lo contrario: “Convivir es lo contrario. No es la producción de un cierre político e identitario de la comunidad sobre sí, sino la posibilidad de exponernos y de convivir en la no­identificación, en la alteridad y en la constante apertura hacia lo otro.” (Guidiño,2011:35). 

En ese contexto, podemos corroborar que la “real” convivencia comenzó cuando la otredad “invade” al antiguo campamento termoeléctrico. Porque en el decir de Norberto Esposito, con-vivir implica compartir la vida con la otredad, con aquello que resiste la domesticación por la política de la identidad, que finalmente se constituye como violencia. Ese mismo análisis indica que la política es el trabajo con la finitud, con un limite esencialista de lo que significa el resto de la ciudad, el resto de la población diferente. “La política es concebida como la emergencia de un orden y de un sentido institucional en el que se intenta aprehender y capturar el acontecer caótico y dislocante que caracteriza a lo político, lo (im)político reposa en la liminariedad instituyente que atraviesa a la interacción entre estas dos dimensiones”[1] (Esposito, 2006:14). De este modo, el proyecto político coincide con el orden de su fractura, entendiendo que la idea general de la política y también de los culturalistas y esencialistas es ver la diferencia, derivando en discursos de defensa de la identidad para construir órdenes unitarias (Agamben, 2003: 43). 

El company town tocopillano fue la intensidad de la diferencia, del estatus, del clasismo, es decir, una expresión exitosa de la política de la empresa en su afán disciplinante. Se estableció una lucha persistente ante las posibilidades de desarme del proyecto, derivado un aborrecimiento a los otros, a los de la población de “allá arriba”. Este proceso de disciplinamiento sucumbió ante las políticas neoliberales y cuando la empresa se privatiza, devino un proceso de dislocación y de ruptura paradigmática, tornando imposible las dimensiones estáticas que pretendían estructurar en el barrio la unidad de sentido (Nancy,2000). Evidenciamos, entonces, el desarme de las políticas disciplinarias del proyecto de identidad, fundándose un nuevo proceso, esta vez centrado en la idea de vacío diferencial (Nancy, 2000), el cual ofreció una forma plural de convivencia, surgiendo una apertura hacia lo distinto, hacia la inscripción de lo múltiple.  

Podemos entender que el company town estaba estructurado en la violencia simbólica y tangible. Consideramos, por otra parte, siguiendo a Agamben y Esposito, que la comunidad considerada im-politica, es aquella en donde se desarrolla el espacio de la emergencia de la otredad, de lo heterogéneo y de lo residual, en total resistencia a toda instancia de confinamiento, de clausura y de nominación política. En decir, una dinámica im-politica imposible de ser confinada e irreconciliable con el orden discursivo institucional de la política empresarial, emergiendo un modo de convivencia con ausencia de identidad, no interviniendo en la dispersión ni en lo múltiple. En el decir de Guidiño (2011), “sólo hay comunidad y posibilidad de convivencia mutua en la aceptación de lo heterogéneo, de lo alterno, en la apertura hacia lo otro y distinto de sí.” (2011: 40). 

Es por ello que las empresas The Chile Exploration Company y luego Codelco, a través de sus Departamentos de Bienestar, buscaron la reproducción social de un sistema organizado para constituir la comunidad política, estableciendo la clausura identitaria, derivando la confrontación simbólica y tangible, a través del discurso, la discriminación, la segregación y la mirada despectiva hacia los otros. 

Según Agabem (2003), una comunidad im-política nunca está definida, porque todo está por venir, por ello es infinita, dinámica, resistiendo a ser identificada eludiendo toda instancia de representación política. Es decir, ese mismo carácter o condición de irrepresentabilidad, la constituye como el reverso, como la antítesis a los procesos avasalladores de la identidad, a los regímenes de verdad y biopolíticos de los trabajadores. Es por ello, una resistencia la nominación. 

La Villa al ser, desde 1996, un recipiente de diversidad y deconstrucción de la “clase” social de la termoeléctrica es un territorio de la diversidad de significación y convergencia de multiplicidades de identidad, “la diversidad no tiene identidad, ni está determinada respecto  a un concepto (…) La diversidad pertenece a un todo, pero sin que esta pertenencia pueda ser representada por una condición real: la pertenencia, el ser tal es aquí, sólo mantiene relación con una totalidad vacía e indeterminada” (Agamben, 2006: 57).


-----


[1]Lo (im)político es lo político observado desde su límite exterior. Es su determinación en el sentido literal que perfilan sus términos” (Esposito, 2006: 40).


 

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Chile....la alegria ya viene cantaban aquellos que trabajaban por codelco,y pensando que seria todo mejor....ahora trabajan todos para privados,que risa me da