MASONERÍA TOCOPILLANA Y UN MASÓN VISIBLE




Los masones tocopillanos poseen una larga tradición desde que se fundara la antigua Logia Unión y Esperanza Nº 20, taller que trabajó bajo la jurisdicción del Gran Oriente Peruano con sede en Lima desde el 27 de agosto de 1858. Eran los tiempos de la Tocopilla boliviana.

La Logia Unión y Esperanza Nº 20 fue perdiendo fuerzas por las distintas catástrofes naturales de la década de 1860 (terremoto y maremoto de 1868) las crisis sanitarias, como la fiebre amarilla, el vomito negro y la peste bubónica. Adicionándose la crisis económica en los principios de la década de 1870. Poco a poco se fue desarticulando.

No obstante, en el deseo de mancomunión masónica, la Logia fue reinstalada en Tocopilla en el año 1876. Tocopilla ya había sido declarado como Puerto Menor por el Estado boliviano. Ya había dejado de ser una caleta y una aduanilla.

Sin embargo, la Logia Unión y Esperanza Nº 20 de Tocopilla, tuvo que “abatir columnas” en 1879. Porque en 1877 había sufrido por otro terremoto y maremoto, y porque desencadenó el desangramiento fraternal por los efectos de la una guerra propiciada por el capitalismo minero: la cruenta Guerra del Pacífico.

Una vez que fue superada la guerra del Pacífico, además de la guerra civil de 1891, cuando el presidente Balmaceda se suicidó, la Logia tocopillana mediante decreto de la Gran Logia del Perú, expedido el 17 de septiembre de 1896, reinstaló columnas nuevamente en Tocopilla, pero esta vez bajo el Nº 32 de la Orden. Desdichadamente, tuvo que “abatir columnas” el 31 de octubre de 1899.

Actualmente la logia tocopillana lleva por nombre “Unión y Esfuerzo” N° 85. Fue fundada el 8 de abril de 1944, bajo los auspicios de la “Logia Unión y Cultura” N°14 de Antofagasta. 

Este resurgimiento se inscribe en el deseo de superar el vacío institucional evidenciado desde 1899. No obstante, lo anterior no significó que durante ese vacío institucional de 45 años hayan nacido prohombres en Tocopilla. Porque durante ese vacío institucional, sería justamente un tocopillano el que marcaría la historia de Gran Logia de Chile, nos referimos a Eduardo Phillips Müller, nacido en 1909 en el puerto salitrero.

Phillips Müller era hijo de un inmigrante inglés y de una mujer con ascendencia alemana. Lamentablemente para este niño su familia fue víctima de la Fiebre Amarilla ocurrida en 1912, quedando practicamente huérfano a los cuatro años.

Su infancia transcurrió en Tocopilla hasta que en 1929, apenas egresado de la Educación Secundaria, fue contratado como corrector de pruebas en el diario El Mercurio, su primera relación directa con el trabajo editorial. 

En dicho periódico estaba a cargo de una columna en la sección “Día a Día”.  Ese mismo año, ingresó a la Escuela de Derecho y funda la Revista "Mástil". No terminó sus estudios, sino hasta muy avanzada su edad, cuando ya era un empleado del  Servicio de Seguro Social, labor que ejerció gran parte de su vida.

Sin embargo, aunque estuvo lejos de su ciudad natal, en 1931, Eduardo Phillips Müller sería unos de los primeros en tratar de dilucidar  la  duda sobre la etimología de la palabra “Tocopilla”, y para ello publicaría algunos artículos en La Prensa de Tocopilla.

Phillips, en su inquietud intelectual, sentía que existía un sesgo en los diarios, por ello consideraba necesaria una labor de síntesis masónica que permitiera cierto resumen ordenado y panorámico de los acontecimientos del país.

Es por ello que, en abril de 1944, en los puestos de diarios de Santiago, y de las principales ciudades del país, aparecía una nueva publicación: la revista “América”, que se definía como una revista mensual al servicio de un mejor conocimiento de los pueblos y problemas de América. Eduardo Phillips Müller era su fundador y su principal redactor.

Los contenidos iban desde la política nacional hasta un resumen de noticias significativas de la prensa nacional, política internacional, problemas socioeconómicos, educación, literatura y artes. Incluía comentarios sobre libros y análisis sobre la poesía.

A los pocos días de circulación de la revista, Eduardo Phillips decidió cambiar de nombre y surgió la revista “Occidente”. Era agosto de 1944.

La revista comenzó a circular en variados países latinoamericanos. Su reconocimiento se sustentó en la contribución al laicismo y a la cultura del libre pensamiento chileno. Había, además, un fuerte raigambre filosófico, se publicaban monografías sobre el existencialismo, cuestiones relativas a la axiología, lógica, e historia de la filosofía. Del mismo modo, monografías sobre historia nacional e internacional, sobre religión y sociología. Otra área relevante fue la literatura. Ella era analizada y criticada, pero también había espacio para la divulgación de la narrativa y la poesía.

La revista “Occidente” que circula hasta el día de hoy, es un importante medio del pensamiento masónico y también de la ciencia, abriendo interesantes debates entre los medios ilustrados, buscó y aún busca generar espacios de libertad en un medio que tendía al monólogo cultural, producto del manejo tendencioso de la información y del conocimiento de sus medios de comunicación masivos.

Así, Eduardo Phillips, un tocopillano intelectual, contribuyó con una obra a la historia del pensamiento chileno. Su valía de letrado queda reflejada cuando, en 1962, es aceptado como miembro de la Sociedad para la Promoción de los Estudios Helénicos de Londres, y al año siguiente, pasó a integrar el Círculo de la Correspondencia de la Logia de Investigación Masónica "Quatuor Coronati" de Londres.

Escribió varios libros y artículos publicados  en anuarios masónicos, entre ellos  “Sobre la Regularidad Masónica”, “Occidente al encuentro de su propia religiosidad”, “La Katharsis por el ruido” (Instrucción Preliminar),  “La Prédica de Jesús”, “El  Significado de Pentalpha”, “Las "Nubes" el libro-ensayo “De Aristófanes, una Comedia "antimasónica" “Del Siglo V Antes De Cristo.”, entre otros escritos.

Eduardo nunca olvidó Tocopilla, siempre hablaba de ella. Según los anales de la Gran Logia de Chile, fue Eduardo Phillips el proyector del diseño del templo que hoy existe en Tocopilla, edificio inaugurado el 22 de diciembre de 1968. Gran edificio que siempre ha sido la manifestación monumental de una arquitectura neoclásica, simbolizando con ello la “civilización”, la sabiduría y el progreso a través de la monumentalidad expresada. Todo un hito material para Tocopilla.


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