TOCOPILLA FOSCO: ELECTRIFICACIÓN, DISCIPLINAMIENTO Y EXTRANJERIZACIÓN PARA LA MINERÍA ESTADOUNIDENSE







Los hermanos Guggenheim de EE.UU. forjaron un colosal proyecto para desarrollar industrialmente la mina de Chuquicamata, por tal razón conformaron en el año 1913 The Chile Exploration Company (O'brien, 1989). 

La ejecución del proyecto minero estableció un importante radio de influencia en distintas comunidades adyacentes, entre ellas el puerto de Tocopilla distante a 140 kilómetros de la mina, comuna en donde se instaló una planta termoeléctrica para apoyar todo el proceso extractivo. 

De esta forma, se trazó una nueva articulación y dinámica industrial entre el desierto y la costa satelital, surgiendo dos polos de desarrollo industrial, significando la instauración de dos territorios con economías de aglomeración que se articularon a través de procesos económicos, tecnológicos, mecánicos, logísticos y la configuración de un campo social relevante que atestigua una serie de procesos migratorios, laborales, urbanos e identitarios, derivados, en gran medida, por la presencia del consorcio norteamericano.  

En la inauguración de este proceso minero, Tocopilla transitó desde una exterioridad complementaria en un momento preindustrial de Chuquicamata (gracias a la presencia de un puerto, el envío de productos marinos, prestación de mano de obra y tenues migraciones al mineral) hacia una inclusión funcional en un escenario de industrialización, especialmente con la implementación de la termoeléctrica, lo que incluyó un acentuado proceso de proletarización, transformación urbana, extranjerización de sus dinámicas y una polución estructural. 
Esta inclusión funcional fue la consecuencia de un nuevo esquema industrial que creó un nuevo territorio económico, una territorialidad extranjerizada que, en términos de Benedetti y Salizzi (2011), dibujó nuevas formas de producción y relaciones capitalistas innovadoras entre Atacama y su costa, constituyéndose el territorio tocopillano en marginal o como una periferia ante la influencia del Estado chileno. 

No obstante, gran parte de los trabajos que hablan sobre la épica chuquicamatina invisibilizan los procesos vividos en sus márgenes, centrándose sólo en la mina, como un fenómeno insular, sin considerar los poblados que vertieron sus dinámicas para participar en este proceso de industrialización minera. De este modo, la zona de Tocopilla es constituida como una “zona invisible” en la historiografía y antropología regional. Esta invisibilización se sitúa entre el conjunto de trabajos que se ha ocupado de estudiar la “gran transformación” de Atacama por la inauguración industrial de Chuquicamata y los trabajos contemporáneos que abordan problemáticas centradas en contaminación, manejo de aguas y problemáticas con algunas comunidades indígenas, dándole la espalda a los fenómenos densos ocurridos en la costa tocopillana a lo largo de un siglo. 

Esta invisibilización no solo es a través de las ciencias sociales, sino que también a nivel cinematográfico y corporativo: en el año 1950 The Chile Exploration Company produce su gran película, “Cobre, vida y milagros de un metal” dirigida por Pablo Petrowitsch, famosa película corporativa que dio la vuelta al mundo y que al momento de hablar del “lugar en donde se produce la electricidad”, no menciona a Tocopilla, simplemente habla de la “costa”, en donde “se encuentra una gran fábrica de electricidad…”. Después de esa frase, vienen imágenes del mar, perfiles de las torres de alta tensión y un silencio del narrador. 

Antes esos silencios y borraduras, nos preguntamos: ¿Cómo ha sido la experiencia tecnológica, urbana, social y ambiental de Tocopilla una vez que The Chile Exploration Company industrializa la mina de Chuquicamata, instalando para ello una gran termoeléctrica en 1914 en un territorio recientemente anexado a Chile?

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