LOS ALLEGADOS DE TOCOPILLA: ORGANIZACIÓN, PROTESTA Y LA CASA PROPIA



Posterior a la construcción de la Villa Los Andes y la población Padre Hurtado, en la década de los noventa, en Tocopilla no se construyeron más conjuntos de barrios en la modalidad de soluciones habitacionales otorgadas por el Estado. Se argumentaba la falta de terrenos aptos para la implementación de poblaciones, pero la demanda iba creciendo configurándose un déficit que era imposible soslayar.

Los problemas expresados por los allegados eran múltiples y eran muy conocidos, no obstante operaban dispositivos de invisibilización mediática y política sobre estos vecinos.

Con el correr de los años, fueron surgiendo organizaciones que clamaban por soluciones hallando sólo oídos sordos en las autoridades.

La situación reventaría en octubre del año 2003, momento en que los pobladores se tomaron un terreno fiscal ubicado al norte de la ciudad mencionado como Las Ripieras.

La ocupación del lugar eriazo fue de madrugada y las Fuerzas Especiales de Carabineros no demoraron en llegar. Luego de cuatro días, el gobierno provincial de Tocopilla y las 150 familias de escasos recursos que ejecutaron la ocupación llegaron a un acuerdo para deponer la movilización: se comprometía la construcción de 150 viviendas básicas haciendo hincapié que sería dentro del radio urbano. Entre los puntos acordados estaba aquel referido a que, al momento de acceder a la vivienda, se tendría que cancelar un dividendo mensual.

A medida que avanzaba en el acuerdo, rápidamente se fueron desmantelando las tolderías y carpas, además de las divisiones perimetrales organizadamente ejecutadas en el sector. Jorge Peralta, el gobernador en ese entonces, reconocía que el sitio en cual serían levantadas las nuevas viviendas no estaba identificado. Peralta indicaba en los diarios: “Les dimos solución a través subsidios para que cumplan con  los ahorros previos y asegurarles un cierto número de casas. Les damos todo el apoyo a través de Asistentes Sociales para que se organicen como pobladores sin casa y (puedan) acceder a todos los medios que tiene el Estado y el Gobierno para solucionar estos problemas”. [1]



Una de las participantes en este proceso de apropiación del espacio público, nos comenta: “Se hizo una toma en la zona de la quebrada (…) yo tomé la decisión de participar ya que entre todos nos llamábamos por teléfono… y me fui a la toma, llegaron Carabineros, borraron lo que habíamos demarcados en los terrenos. Se habló con el Gobernador Peralta y se firmó un acuerdo consistente en que se iba a proyectar casa para los allegados de Tocopilla. Fue el inicio de una larga batalla para lograr la construcción de viviendas. Todos sabíamos que no se iban a construir más casas, porque ya se habían terminado los proyectos…Eran comités de todos lados de Tocopilla, fueron tantos los inscritos… había 7 comités con 30 ó 40 personas por cada uno de ellos. La agrupación de comités se llamaba Los Palos Parados, pero cada comité tenía un nombre: Tocopilla Unido, Levantemos Tocopilla, Luz y Esperanza, entre otros… el representante era uno solo, pero cada comité tenía una directiva que informaba las gestiones y procesos.” Nos relata Angélica Martínez Timble.

Una forma de subsanar el alto déficit habitacional de la ciudad, hizo que se proyectara la población Villa Norte. Sin embargo la cifra era insignificante: fueron solo 40 casas.

Angélica recuerda que “en la Villa Norte se entregaron 40 casas, y correspondió 10 cupos por cada agrupación, se hizo un sorteo para ver quiénes se adjudicaba las casas. Pero para participar en el sorteo había que tener un ahorro inmediato y muchos no pudieron tener la plata. En todo caso, para tener la plata se trabaja en grupo: se hacían rifas, platos únicos, pero no alcanzaba porque si se hacía un beneficio, pero como eran tantos, se tenía que dividir entre 40 personas que trabajaron, además se pagaba una cuota y todos los meses había que demostrar que se ahorraba. Algunos comités eran con gente muy pobre así que entre nosotros nos ayudábamos.”

El surgimiento de esta población despertó el desanimo en muchos vecinos frente a la desilusión que generó la entrega de una casa pequeña, que reproducía el hacinamiento. Por ello, muchos vecinos se retiraron de los comités.

“Una vez que se entregaron las casas en la Villa Norte, muchas  personas se salieron, pero por el desanimo, porque se dieron cuenta que las casas eran chicas o porque las entregaban con muy pocos avances: había que invertir mucho para tenerla buena. Pero la gente no pensaba en lo importante que era una casa. Yo les decía que no era justo rechazar una casa aunque fuese pequeña.” Indica Angélica Martínez.

Según lo narrado por los vecinos, los que recibieron casas en la Villa Norte, gracias al sorteo, siguieron perteneciendo al grupo de allegados para ayudar a los demás, “ese era el acuerdo, seguir ayudándonos hasta que nos entregaran casa a todos.”

La reciprocidad y la cooperación mutua entre los integrantes de estos comités, tenía que ver también con determinadas normas explicitadas en cada una de sus reuniones. Nuestra informante señala: “Hicimos dos tomas de terrenos, después de la primera toma, se deshizo el grupo por el miedo y se acordó en que todos teníamos que ser unidos, por eso, el que se arrancaba dejaba de pertenecer al grupo, ese fue el acuerdo. Las reuniones eran grandes y en la calle, todos tenían que participar, era mucha gente de Tocopilla, de todas las poblaciones, día a día iba creciendo el comité, pero aquel que llegaba tenía claro las reglas”.

Un dato relevante filtrado generó el rechazo de los pobladores en cuanto a la información que indicaba que serían ubicados en el sector de Las Tres Marías; la negación se basaba en la lejanía, por la cercanía con las pesqueras industriales y por la proximidad con el Vertedero Municipal. Entonces, ante la falta de higiene y alejamiento los vecinos preferían quedarse en Las Ripieras a pesar de estar en un sector vulnerable a los aluviones.

Los años comenzaron a transcurrir sin mayor noticia sobre las soluciones habitacionales. No obstante, los comités de allegados seguían agrupados, algunos divididos, otros reformulados incluso algunos se habían diluidos por efectos de estafas o robos de dinero por parte de sus propios dirigentes. [2]

El terremoto del año 2007 desnudó nuevamente esta realidad de precariedad, de hacinamiento, de pobreza y carencias. Por ello, al momento de la atención a los diferentes grupos comunitarios afectados por el terremoto, los allegados fueron considerados como un grupo prioritario, con el objetivo de homologar en ellos las soluciones habitaciones entregadas para los damnificados y propietarios de bienes inmuebles.

Para ellos se planificaba la construcción de 1300 viviendas, eran considerados en términos formales como “no propietarios” o simplemente como allegados, siendo definidos como aquellos núcleos familiares que permanecían en viviendas de familiares, amigos o figuraban como arrendatarios.

María Villanueva cuenta que pertenecía al comité Nuevo Barrio y las reuniones eran en sus propias casas. “Estábamos organizados mucho antes del terremoto, buscábamos terrenos y el alcalde nos daba algunas sugerencias, pero al final a todos le ofrecía el mismo terreno. Después teníamos el terreno listo, porque éramos pocos, 12 familias. Pero siempre andaban con cosas raras”. Indica María.

Dentro de los 30 comités en Tocopilla, el comité de María Villanueva no participó en ninguna toma de terrenos. Alude a la desconfianza, porque era sabida la existencia de fraudes en cada uno de los grupos. “También pasaba que muchos dirigentes se aseguraban con sus familias. Eso generaba muchas peleas y alianzas entre los dirigentes estafadores. Algunos grupos se disolvían. Después del terremoto pasamos a ser los allegados históricos y se hacían reuniones con SERVIU para ir organizando a la gente. Algunos grupos se llamaban “Mi Casa Propia”, “Mi Sueño Por Un Día”, “La Casa Nueva” agrega.

Después del terremoto, comentan las otras integrantes del comité, rápidamente comenzó a hablarse del sector Corpesca no obstante, muchos vecinos preferían el sector sur.  “Había muchas peleas en las reuniones, muchas discusiones y desacuerdos. Entonces nosotros, los de mi comité, en vez de pelear, decidimos venirnos al sector norte a Corpesca. Hacíamos visitas a la casas cuando se estaban construyendo. Eso influyó a que eligiéramos las casas y conociéremos el sector. Aunque me dieran la punta del cerro, yo me iba a ir, porque quería mi casa. Y con el comité éramos muy unidos, y quedamos todos juntos, todos cerquita en la nueva población, eso ha sido muy bueno. Al final eran 17 casas, 17 familias, y ahora somos todos vecinos. Todos los del Pasaje 104, nuestro antiguo barrio cerca de la costanera, estamos juntos, nos conocemos de toda una vida”.

Sin duda que las nóminas post-terremotos aumentaron en cantidad. Se adicionaban las personas que nunca se habían organizados en algún comité. Entre los comités que surgieron estaban: Comité Claudio Tognola, Las Torres, Nueva Tocopilla, Jardines del Norte, Villa Prat, entre otros. Comités que se sumaban a los considerados como antiguos: Los Palos Parados, San Lorenzo, El Teniente y Comité Los Chubi.

Muchos de ellos tuvieron que ir a vivir en los campamentos. La espera fue larga, más de tres años aguardando el momento de llegar a una casa y abandonar la mediagua. Fueron años soportando el hacinamiento, la humedad y frio en invierno, la alta temperatura veraniega, las incomodidades, la inseguridades, el ruido y la ansiedad. Compartiendo colectivamente baños y duchas que estaban a varios metros de las mediaguas.

Se realizaron una gran cantidad de reclamos ante SERVIU a través de los medios de comunicación, hubo protestas, marchas y cacerolazos exigiendo que se acortaran los tiempos de espera. A su vez se difundían por los diarios la información de la rebaja de presupuesto para la construcción de casas, situación que habría dilatado los plazos.

Llegarían los días claves y recordados por los vecinos. Por ejemplo, el 8 de agosto del año 2008 comienza la construcción de casas en la Villa Covadonga, con un total de 236 residencias destinadas para los allegados históricos. El 3 de septiembre del mismo año, se adjudica la construcción de viviendas SERVIU destinadas para allegados en el sector denominado provisoriamente como Corpesca, era un total de 514 viviendas.[3] Todos estos proyectos se ejecutaban en base a las nóminas de allegados que sumaban 712 beneficiados, los que estaban distribuidos en 35 grupos.

Paradojalmente se iniciaba la construcción de la población, pero el estudio de impacto ambiental tendría sus resultados en julio del año 2009, es decir, 10 meses después de iniciada la edificación del barrio. Un cruel detalle estatal, un descuido que sólo el paso del tiempo dirá qué impacto tendrá en la salud de los vecinos. Cruel detalle manipulado por el sueño de la casa propia.






[1] El Mercurio de Antofagasta, 1 de noviembre 2003.
[2] “Son más de 50 las familias afectadas por esta situación. Pero lo grave de este asunto es que este sujeto continúa pidiendo dinero a algunos pobladores que no forman parte de los comités de los “Palos Parados”, con la excusa de conseguirles su casa. Aún cuando ya no forma parte de esta agrupación, ya que fue desaforado con el apoyo de nuestros estatutos, una vez que nos dimos cuenta de esta situación”, expresaron los dirigentes en La Prensa de Tocopilla, 17 de agosto 2005.
[3] La construcción en paralelo de la población ubicada en la Villa Covadonga, la elección de los vecinos en cuanto a optar por la población Pacífico Norte o Villa Covadonga tuvo que ver con varios factores. “Muchos se fueron a la villa, a la Villa Covadonga, para estar más cómodos; hubo muchos cambios los que eligieron el norte es por comodidad, por la cercanía a los trabajos, algunos tenían parientes en la cárcel, entonces la Asistente Social permitía los cambios. Otros tenían hijos en la villa, o sus hijos estudiaban en la Escuela F-6 y por eso se permitía el cambio de casas y se iban a la villa” Angélica Martínez, habitante de la población Pacífico Norte.

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