Relocalización de la población Las Tres Marías



Los orígenes de este poblamiento se remonta a la década del 60, a partir de un asentamiento irregular que sostuvo un grupo de familias vinculadas con actividades de crianza de animales para sus propios negocios y otros grupos de escasos recursos y de alta vulnerabilidad socio-económica, quienes, vista la cercanía del basural, se instalaron al costado sur-poniente del actual perímetro barrial, a un costado de la pesqueras. Los terrenos nunca dejaron de pertenecer a Bienes Nacionales. No obstante, en el año 1980, mediante una gestión municipal, en un hecho recordado por los antiguos pobladores, se instaló el alumbrado público y por ende el acceso al circuito eléctrico de forma particular. Pero no todos accedieron a la electricidad.

El villorrio mantuvo la tónica de una urbanización precaria y una estética considerada decadente. Según datos municipales, en el inicio de la década del 2000, aún se contaban con “…Pozos negros individuales. El agua potable era traída en camión aljibe desde la comuna de Tocopilla y distribuida en cada domicilio mediante tambores”.[1]

Hugo López indica: “no teníamos baños, así que nos íbamos a la playa o dónde nos pillaba no más. Porque después del aluvión del 91 nos quedamos sin pozo negro”.

En cuanto a vivienda, el predominio de material ligero era total. La pobreza era medida según el ingreso familiar: “…Promedio ingreso familiar: $65.000”.[2] Sobre el Perfil de vulnerabilidad social, en cuanto a salud: “…0% de menores sin control de salud al día. 8% de mujeres mayores de 35 años sin control de PAP” y en educación: 0% de niños que no asisten al sistema escolar, 11.4% de mayores de 18 años que desean nivelar estudios, 38% de personas entre 18 y 45 años que solicitan capacitación laboral”.[3]

Todos estos datos nos hablan de un estancamiento en cuanto al desarrollo o al mejoramiento de infraestructura. Era un pobreza consolidada que no manifestaba ningún tipo de alteración.

En el cambio de siglo, Tocopilla enfrentaba un problema de peligrosidad, básicamente por tener la cárcel en pleno centro: frente al único supermercado y en la avenida principal del centro cívico y comercial, exponiendo a la población durante varias décadas a los motines y disturbios de los presos. No faltando la ocasión en que los gendarmes tuvieron que disparar a reos en violentos intentos de fuga, hiriendo a los vecinos con lamentables consecuencias físicas y mentales. Entonces fue inexorable trasladar la cárcel hacia un sector que no expusiera a los ciudadanos al peligro, se decidió instalarla en las cercanías de la población Las Tres Marías.

El problema ahora lo vivirían los vecinos del precario barrio. Sin embargo, este tramo se vería potencializado desde el punto de vista urbano, porque se mejoraron los accesos, se implementó iluminaria pública en un tramo mayor: en la práctica se articuló medianamente ésta población con la ciudad.

Comienza a visibilizarse el villorrio, pero quizás no su integración total de su sociabilidad con Tocopilla. Seguían siendo renegados de la oferta pública de soluciones. Comienzan a esbozarse proyectos y acciones que tuvieron como objetivo conseguir una solución a la necesidad de suministrar al poblado de los servicios básicos de urbanización, vivienda y obtención de terrenos productivos para, posteriormente, regularizar la propiedad.

A lo anterior se suma la gestión realizada en el año 2003 por parte de Ministerio de Bienes Nacionales, que consistió en la elaboración de un nuevo loteo que beneficiaría a las familias del sector de tomas de Las Tres Marías, el cual estaría ubicado a 100mt hacia el norte del eje urbanizado que contempló el proyecto de la cárcel.

Como parte de la intervención del Programa Chile Barrio, la Secretaría Regional Ministerial de Planificación (SERPLAC) recomienda técnicamente el proyecto de construcción de casetas sanitarias y red de agua potable dentro del nuevo lote que beneficiaría a los vecinos del sector. En el segundo semestre del año 2003, comienza a ejecutarse dicha iniciativa. Otro hecho significativo que fortaleció la zona barrial en el marco del proceso de urbanización y consolidación urbana dentro del sector, fue la expropiación y relocalización de un terreno de servicio minero e industrial que colindaba con el nuevo loteo, a modo de acondicionar los terrenos del entorno inmediato dentro del proceso que se llevaría a efecto.

En consecuencia, esta etapa marca un hito histórico para los pobladores del sector, puesto que se inicia la erradicación y relocalización de las familias en torno a un nuevo loteo acondicionado a sus requerimientos de desarrollo productivo, como también a la obtención de servicios básicos que permiten mejorar la calidad de vida. Conjuntamente se forjaron instancias para lograr la asociatividad de la población de Las Tres Marías mediante el trabajo con la Junta de Vecinos que reunía a la totalidad de las familias intervenidas.

De todos modos, debemos indicar que el tema de la relocalización de la población ya era tratado desde 1997. Así queda constatado en las actas de reuniones de la Junta de Vecinos. Un pasaje importante nos habla del sentimiento de menosprecio que vivían los residentes de este barrio, al menos quedó registrado cuando un gobernador, en 1997, indicaba sus ideas: “el Gobernador Pedro Valdés se refirió a lo que él haría si tuviese una máquina pesada respecto a Las Tres Marías, ‘yo le pasaría la maquinaria a todo esto y la echaría al mar’ palabras que cayeron muy mal en todos los presentes” (24 de noviembre 1997).

El 9 junio del año 2000, un acta de reunión indica lo siguiente: “Con la presencia del Intendente de la 2º Región y el Seremi de Bienes Nacionales, se da comienzo a la reunión extraordinaria (…) Luego del planteamiento de los pobladores de Las Tres Marías a las autoridades presentes más el Alcalde Aleksander Kurtovic, lamentablemente recibimos la mala noticia de que seremos erradicados del sector donde nos encontramos, porque será urbanizado este sector según el nuevo Plano Regulador”.

Antonio López señala que el proceso previo a la erradicación de la población, fue demasiado extenso y confuso: “Como nos querían erradicar, comenzamos a buscar terrenos, estaba el sector denominado como El Chileno (ubicado una docena de kilómetros al norte de la ciudad), Tamaya y Barriles, pero el transporte de los animales ¿cómo lo haríamos? ¿Cómo llevaríamos a los animales? ¿Qué pasa con la gente que anda con la carreta? Era difícil. Así que elegimos estos terrenos, en donde estamos ahora, porque era más digno y así podíamos continuar con nuestras labores. Además nos querían erradicar porque el plano urbano se iba a ampliar, y dejábamos de ser rural, por ello no podríamos criar animales. Y con eso mataban a la población. Después nos querían entregar sólo una vivienda y un terreno chico, yo tenía 101 chanchos, ¿dónde los iba a meter?. Había gente que tenían hasta 200 chanchos. Entonces estaban matando la pega. Entonces no nos estaban ayudando con estas soluciones habitacionales”.

Una vez tomada la decisión se da paso a una iniciativa  que contemplaba, a través del Ministerio de Bienes Nacionales, la otorgación de un total de 27 Títulos de Dominio gratuito a las familias beneficiarias del programa, en un proyecto de erradicación. Se lleva a cabo la construcción de 27 Casetas Sanitarias, la instalación de una red de agua potable y alcantarillado.

Los beneficiados fueron finalmente 24 familias, que recibieron como solución viviendas de material ligero y sólido de 20 MT2 aproximadamente. El beneficio fue otorgado a través de los Subsidios habitacionales Progresivos y Privados SERVIU II región. El total de este proyecto tuvo un costo de $66.300.000, siendo financiado por el SERVIU. El costo unitario de casa solución habitacional fue de $2.762.500.

No obstante los vecinos aluden a ciertos cambios en el proyecto:negociamos un terreno más grande, nos prometieron 1000 MT2 con opción de otros 1000 MT2 cuadrados con opción de compra. Firmamos y a mitad de camino, nos dejaron con la opción de compra nula. Entonces, igual, hay que ser agradecido. La Junta de Vecinos rescató a gente que vivía en el vertedero, así que los incorporó al proyecto de la nueva población.”

En el área social, la intervención se orientó hacia optimizar las condiciones ambientales del asentamiento, con algunos proyectos de mejoramiento sanitario que permitieron generar capacidades a los beneficiarios en prevención, con el propósito de limpiar y preservar el medioambiente. Además de centrarse en lo sanitario, el proyecto buscó mejorar el tejido social de las relaciones entre los vecinos. Un componente importante en la intervención del programa se orientó a capacitar a los vecinos y tratar de empoderarlos a través de la reactivación de la Junta de Vecinos. Este fortalecimiento de la organización comunitaria permitió que se transformara en un interlocutor válido frente al municipio. Además de estas instancias propias del programa Chile Barrio, la comunidad también se vio favorecida con la ejecución del programa Un Barrio para mi Familia desarrollando líneas de acción de fortalecimiento de líderes y organización social. A esto se suman las instancias de involucramiento de los padres en el comedor infantil que se ubicaba en la propia sede social.

El 31 de agosto del año 2005, a través de los medios de comunicación local, se anunciaba la ampliación de la población Las Tres Marías. La noticia la daba a conocer el municipio, quienes en coordinación con el programa Chile Barrio, programaron la relocalización. Una importante reunión sostuvo ayer el alcalde de la comuna, Luis Moyano, junto con los profesionales del Programa Chile Barrio, con el objetivo de definir el ansiado traslado de los vecinos que sueñan con una vivienda digna en la población Las Tres Marías de Tocopilla.” indicaba La Prensa de Tocopilla.

El proyecto consistía en la entrega de 24 viviendas y 27 soluciones sanitarias a los pobladores de este sector, contando con una inversión cercana a los 490 millones de pesos, dineros aportados por el Fondo Nacional de Desarrollo Regional, FNDR, la Municipalidad de Tocopilla, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, la Subsecretaría de Desarrollo Regional y el Programa Chile Barrios. Se comprometía por aquellas fechas un operativo total de limpieza del sitio, donde se erradicaría las calaminas y los desechos para dejar impecable este lugar para el traslado del campamento. Situación que demoró bastantes meses.

La Prensa testificaba: “Moyano puntualizó que en diciembre todo quedaría listo y dispuesto para trasladar a los vecinos a sus nuevas viviendas, donde se efectuaría un nuevo operativo que contaría con la ayuda de personal del Batallón Logístico de Tocopilla, los organismos policiales, voluntariados, personal del municipio y todos aquellos que deseen apoyar este sueño de la vivienda propia. Al respecto, el edil mencionó que para mejorar la calidad de vida de los vecinos del lugar tiene contemplado erradicar el Vertedero Municipal para el próximo año, trasladándolo hasta el sector de Barriles.” [4]

No obstante, el mismo alcalde, al año siguiente seguía anunciando por el mismo diario la erradicación del basural. “Erradicarán basural del sector norte de Tocopilla debido a las deficiencias sanitarias y para mejorar la calidad de vida de los vecinos del sector” indicaba (Lunes 31 de julio de 2006). Una importante noticia entregó el Alcalde Luis Moyano, en relación al mejoramiento de la calidad del ambiente en la ciudad. Ya comenzaron las gestiones a nivel de la administración municipal y el gobierno regional para trasladar el vertedero municipal, fuera de la ciudad, específicamente al sector de Tamaya, en la ruta B-24 camino a María Elena.” [5]

Repetidamente en los diarios se indicaba que el sector de Las Tres Marías ya era atractivo para la construcción de un conglomerado de viviendas sociales. Al menos esa era la visión de la Seremí de Vivienda y Urbanismo, liderado en ese entonces por Roberto Rivera. El Seremi indicaba en La Prensa que, “…este basural no cuenta con las condiciones necesarias para seguir funcionando y alteraría la calidad de vida de los futuros residentes, lo cual entraría en contradicción con la nueva política habitacional, de privilegiar la integración de las nuevas soluciones habitacionales a los centros urbanos, las cuales además deberán contar con un entorno barrial adecuado para el desarrollo de estas comunidades”.[6]

Las intenciones, de pronto, quedaban sólo en eso: en intenciones. Porque a nivel de gestión el resultado era nulo. “De acuerdo a lo indicado por el edil –Moyano- que dice que se ha reunido en dos oportunidades con la directora de la COREMA, Patricia Latorre, quien conoce la realidad sanitaria de este lugar y le requirió que la solicitud a Bienes Nacionales de los terrenos del sector de Tamaya, a 13 kilómetros del puerto, se extiendan por un plazo mínimo de 25 años, pues su administración había efectuado una petición por diez años”. La publicidad de supuestas gestiones contrastaba rotundamente con los resultados concretos.

El proyecto era diseñado en base al financiamiento que podría otorgar el Fondo Nacional de Desarrollo Regional para la construcción de un Vertedero Municipal que incorporara toda la normativa ambiental. El alcalde Moyano decía: “por tratarse de un tema sanitario se incorporará en el presupuesto del próximo año. Con lo cual el puerto eliminaría el foco infeccioso del basural, que replica otros micro basurales en sus cercanías y afecta la calidad de vida de quienes habitan en esa zona. En el lugar del antiguo se procedería a efectuar un relleno sanitario, donde se proyecta incluso la instalación de áreas verdes.” [7]

Pero no todo sería una panacea. La marginación seguía operando en la memoria, en el discurso y en las medidas sanitarias. Por ejemplo, en febrero del año 2006 se denunciaba la presencia de un verdadero río de aguas servidas proveniente desde la cárcel. El canal pasaba por el centro de la población, siguiendo su pestilente curso hasta el cercano mar. Eran 300 metros de hediondez, con una vegetación achaparrada que crecía en sus bordes, adicionando el mosquerío y zancudos que perturbaban la cotidianidad de los habitantes día y noche. El gasto en insecticidas aumentaba día a día.

“A partir de la construcción de la nueva cárcel en ese sector los vecinos tienen que soportar los malos olores y las plagas de mosquitos. Los niños parecen estar condenados, o los pica un zancudo o se intoxican con el insecticida. Los perros beben aguas servidas y después juegan con los menores”. Denunciaba un vecino a través del periódico El Polémico. “Es indigna la forma en que vivimos, los malos olores insoportables, ¿Cómo es posible que haya tanta modernidad y acá esté corriendo la caca por el camino?”, reclamaba una vecina a través del alternativo semanario tocopillano El Polémico.

Los reclamos hacia Gendarmería eran diarios. La calidad de la convivencia iba disminuyendo con el paso de las semanas, meses y años. Eran cinco años que llevaba este riachuelo corriendo que era producto de un sistema de fosas sépticas por decantación, las que se saturaban y rebasaban, motivando la evacuación por este arroyo. Las denuncias provocaron  que Gendarmería fuese multada en varias ocasiones.

Además de los pozos sépticos, y sus habituales olores, se sumaba este río de aguas servidas. No obstante, la sensación de estar rodeados por fuentes contaminantes era peor. Al sur las pesqueras pestíferas, acopios de cenizas de termoeléctricas. Al norte mtro de una sola unidad espacial. sus tiempos de acopio. ein trabajar. s, dificultando de este modo el hacer y la labor desarrollás acopio de cenizales y el gran Vertedero Municipal, con sus humaredas perpetuas. Al estar dentro de una pequeña planicie costera, los vientos son fuertes y cambiantes, cuando viene del sur traía el olor de las pesqueras, que en algunos casos llegaba a provocar vómitos y jaquecas. El viento levantaba polvo y trasladaba las partículas de las cenizas. Cuando el viento venía del norte, además de arrastrar más escorias, traía el humo del basural.

Por otra parte, la entrega de las casas se venía retrasando por varios meses en el 2005. En febrero del 2006 estaban listas las casas, pero por temas burocráticos aún no se conferían a los pobladores. Los vecinos en su ansiedad de acceder a la nueva casa, comenzaron a visitarlas. Pero para su sorpresa, comenzaron a evidenciar la baja calidad de las mismas. Grietas multiplicadas por muros y cierres. El exceso de arena por sobre el cemento era evidente. El resultado eran muros rotos e inestables. “Las casas fueron construidas en terrenos que tenían escombros y hartos desechos y se encuentran frente a los acopios de cenizas”. Comenta una vecina.

En la denuncia realizada por semanario El Polémico, se expresaba: “Cómo es posible apreciar, las casas están mal terminadas, tienen agujeros, se deshacen las paredes con sólo tocarlas, algunas están casi en el aire y se les rellenó la base con cemento de muy baja calidad’, denunciaba un dirigente. “Es realmente vergonzoso ver cómo las autoridades han jugado con la necesidad de la gente. ¿Es esto dignidad? ¿Esta es la calidad de vida que nos prometieron?”, se preguntaba un habitante. Aquí parece repetirse la historia de la población Padre Hurtado en donde las viviendas se derrumban ante la impotencia de los pobladores. En este caso, aun cuando no estaban habitadas ya presentan deterioros. La plata alcanzó sólo para pavimentar algunas calles de esta nueva población y algunas veredas ya están agrietadas”. [8]

En ese escenario, los pobladores tuvieron que enfrentar otro problema a la hora de la relocalización. Si bien ellos venían desarrollando labores de micro agricultura y crianza de animales en espacios generosos, fruto de una toma de terrenos, una vez reubicados, se enfrentaron a terrenos reducidos, estrechos y en terrenos disparejos, dificultando de este modo el hacer y la labor desarrollada por décadas. Estaba la paradoja: había una mejor habitabilidad dada por el diseño, el confort, la salubridad y la materialidad (aunque con problemas) pero no podían trabajar. Los nuevos terrenos limitaron la infraestructura edificada para las actividades productivas que la gran mayoría de sus propietarios desarrollaba, debido al destino habitacional que éstos rigen como prioridad en cuanto a la ocupación de suelo. Todo lo anterior redundó en labores minimizadas dedicándose sólo al cultivo y criaderos a nivel doméstico. Por su parte, la actividad del reciclaje también tuvo que disminuir sus escalas y sus tiempos de acopio.

Las características de las primeras casetas sanitarias planteadas en el loteo del sector contempló una pequeña vivienda de dimensiones mínimas cuyo programa consta de un sala utilizada como comedor y habitación, un baño y un área destinada a la cocina.






[1] Ficha Información Las Tres Marías. Programa Chile Barrio 2004.
[2] Ibídem
[3] Ibídem
[4] La Prensa de Tocopilla, 31 de agosto 2005.
[5] La Prensa de Tocopilla, 31 de julio 2006.
[6] La Prensa de Tocopilla, 31 de julio 2006.
[7] La Prensa de Tocopilla 1 de agosto 2006.
[8] El Polémico, 4 de febrero 2006

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