LA PERSECUCIÓN TOCOPILLANA A LUIS EMILIO RECABARREN



El dirigente obrero es apresado en Tocopilla en 1920 justo cuando había sido designado como candidato a la Presidencia de la República. Le acompaña en la fotografía Ramón Sepúlveda Leal.
por Damir Galaz-Mandakovic (2009)
LOS ANTECEDENTES

Las Mancomunales fueron las primeras agrupaciones de obreros en Chile, las que posteriormente derivarían en sindicatos. Eran organizaciones territoriales que congregaron a miles de trabajadores y los guiaron en sus “ofensivas de clase”. Gestionaron masivas y poderosas huelgas a comienzos del siglo XX.

El 21 de enero de 1900 se funda la Mancomunal Obrera de Chile, primera organización sindical con sede en Iquique, siendo creada por lancheros: fueron dirigidos por Abdón Díaz. 

Esta organización agrupó a más de 5 mil asociados de diversos gremios de la provincia de Tarapacá.

El 1° de Mayo de 1902, se crea la segunda gran Combinación Mancomunal de Obreros en Chile: la de Tocopilla, fundada también por los lancheros, siendo encaminados por el dirigente Gregorio Trincado (veterano de la Guerra del Pacífico).

En 1903 la Mancomunal de Tocopilla propone a Luis Emilio Recabarren trasladarse al puerto salitrero con la tarea de fundar, dirigir y escribir un periódico. Su sueldo sería de $150 pesos. Recabarren acepta esta solicitud, y fue así que el 18 de octubre de 1903 aparece el primer número del diario El Trabajo, en cuya editorial escribe:

Procuraremos obtener todo lo que aspiramos por la fuerza de la razón, pero si los oídos de las autoridades se quedan sordos, haremos sentir entonces el efecto que produce la razón de la fuerza, sin vacilaciones y al precio que las circunstancias lo requieran…”. [1]

La Combinación Mancomunal de Obreros, que debía servir al socorro mutuo, a la instrucción, al establecimiento de cooperativas, a la defensa obrera, a la propaganda social por medio de la prensa y  a la protección de sus asociados en todas sus manifestaciones, según Recabarren[2], los trabajadores esperaron  con entusiasmo este acontecimiento: “…esta nueva manifestación de la cultura, este refugio del  dolor y de la esperanza, esta brillante iniciativa de la sociabilidad  futura, y corrieron a engrosar sus filas con la en el corazón y la convicción en el alma…”.

Sin embargo, indicaba: “La burguesía tocopillana la recibió con cierta aquiescencia, sin tratar de detener su paso, pero sin tratar tampoco de impulsarla, ni mucho menos de protegerla.”

Se elevó por el esfuerzo exclusivo de los trabajadores y rápidamente emprendió los servicios a los que estaba destinada.

Al publicarse El Trabajo, la Mancomunal tuvo un impulso enérgico. Lo que en palabras de Recabarren era considerado como la piedra filosofal de la prosperidad humana: “La Unión se había descubierto aquí con la más halagadora verdad. Todos los trabajadores del puerto, de las minas y de la pampa venían presurosos  a mantener o consolidar con  su aliento vivificador el edificio de la fraternidad social.”[3]

Ya en enero de dicho año, 3.000 trabajadores de Tocopilla se habían unido al influjo de aquellos ideales. El periódico estudiaba y difundía todas las ideas capaces de concurrir al “Perfeccionamiento de la Humanidad”,  tal como aparecía en su portada.

Al mismo tiempo, se ponían en práctica proyectos necesarios, que debían producir los frutos orientados a la emancipación, y del mismo modo aplicar los ideales de la concordia y de la felicidad de cada uno de sus asociados. Se socorría y se atendía a los asociados enfermos, se estableció una escuela taller de tipografía, se aprobó un proyecto de cooperativas de consumo. Asimismo tenían proyectado el arriendo de un terreno en las inmediaciones de las salitreras para poder allí edificar y poder establecer una pulpería, en donde los socios tendrían mercaderías con un 50% menos que en las oficinas que, a esas alturas, eran considerados como  verdaderos feudos.

No obstante, para la Mancomunal de Obreros, las autoridades tocopillanas empezarían a  jugar en contra, especialmente por las opiniones establecidas en su diario oficial. Fue así que el 15 de enero de 1904, el Promotor Fiscal, Francisco Basterrica, acusaba al Directorio de la Mancomunal por subversión y amenazas, basándose exclusivamente en la propaganda social y anti-militarista que venía desarrollando dicho diario.         

En efecto, contra Recabarren se emprendió la acusación de promover la deserción de las tropas del ejército, siendo importantes sus llamados a huir del cuartel y hacer parecer odiosa y ruin la vida militar; “Nada más odioso que ser militar, así es como el hombre se convierte en verdugo i asesino de sus mismos Semejantes. soldado huid  del  cuertel: es más digna la herramienta que el sable”. [4]

El mismo núm. 8 dice“Es la sacristía, la bolsa i el Cuartel tres centros de corrupción.” [5]

Mayor animadversión provocó en las autoridades la analogía que hace Recabarren entre los militares y la mula, en el verso «Al soldado», que aparece en el núm. 4 del citado diario, en la que se compara ambas vidas: el militar al acudir al golpe del tambor y mula que acude al son del cencerro.

En otro artículo, el dirigente sindical, continúa con su campaña anti militar y aconsejaba lo  siguiente: “Trabajaremos  incansablemente porque se acaben los soldados, i a los que se queden aconsejémosles, ya que son ellos de nuestra misma clase, que no disparen ni descarguen sus armas contra nosotros. Roguémosles que no obedezcan cuando les manden a cargar contra nosotros, porque ellos han sido i serán trabajadores como nosotros así, pues, seamos amigos de los soldados, para rogarles que abandones ese infame servicio”. [6]

El mismo modo se fomentaba la deserción en el servicio militar por ser una pérdida de tiempo y un elemento que, según ellos,  sólo servía para empobrecer a las familias.
                       
En fin: los avisos, poemas y artículos anti militares son abundantes en los ejemplares del diario por lo que el llamado “agitador”, fue acusado de delito militar por aconsejar la deserción en la forma  que la establecía el art. 10 del tít. 73, Por ta  jurisdicción de los tribunales militares, en conformidad a lo dispuesto por el art. 5.0 inciso 4 de la ley de I 5 de Octubre de 1875.

La propaganda tuvo sus frutos nefastos para el Ejército, ya que una vez localizados en Tocopilla el Regimiento Arica, desertó un Cabo llamado Benjamín Ramírez, quien –como se expresa en una carta del Teniente R. Valenzuela Hurtado, dirigida al Gobernador y  Comandante de Armas del Departamento de Tocopilla, el señor Gutiérrez- este joven soldado habría tenido contactos con los “sediciosos” quienes lo habrían convencido de cometer el mayor delito en el  Ejército: la deserción, “algo similar a la traición a la Patria”. [7]

Uno de los cargos esgrimidos contra esta sociedad obrera fue nuevamente su propaganda iconoclasta. La mancomunal era acusada en una nota al juez  del teniente Valenzuela  Hurtado, de fecha 5 de Diciembre de 1903, que  dice:

«En el periódico El Trabajo se aconseja al pueblo a la rebelión, se ínsita a las autoridades constituidas, se amenaza a los gobernantes i a los industriales con la destrucción de sus propiedades i con la muerte; se declama contra la lei de Reclutas i reemplazos, aconsejando a los ciudadanos a que no cumplan con ella; se deprime al Ejército i se aconseja a los soldados la deserción, delito espresamente condenado por la lei i que cae bajo la sanción de la Ordenanza Militar”.[8]

El diario El Trabajo tuvo que presentar un receso porque la directiva de la Mancomunal cayó detenida durante un breve periodo. Después de la primera prisión, continuó su marcha con iguales atrevimientos, entonces iniciaron el juicio civil sobre la liquidación de la Sociedad, solicitado por un “ex socio vendido al oro de los burgueses”.[9]

Algunos dirigentes caían detenidos por subversión, siendo este caso de atropello a la sociedad mancomunada de obreros, considerado de gran revuelo por la comunidad.

Según el diario La Correspondencia[10]  señalaba que, paralelamente en Santiago, se realizaba un Congreso Obrero, del cual una delegación marchó hacia el Ministerio del Interior para protestar contra la detención de los dirigentes.

Se inicia así un bullado sumario, el cual estaría a cargo del Ministro de la Corte de Apelaciones de Tacna, el señor Marco Quirell, quien luego daría libertad a los dirigentes tocopillanos Trincado, Figueroa y Bravo, los altos llamados cabecillas, quienes se atribuyeron los “artículos subversivos”.

Sin embargo en el diario La Correspondencia del 03 de febrero señala que Recabarren habría dicho en su defensa que él sólo era un empleado que ganaba solo $ 150 por escribir lo que le ordenaban.

El juez Quirell se dirigía, por el lapso de 5 días -en el mes de febrero- hacia la pampa, especialmente al cantón El Toco, con el propósito de  recabar mayor información en cuanto  a los movimientos ejercidos por la Mancomunal Obrera.

EL EMPASTELAMIENTO

Frente al acoso, Recabarren no cesó de escribir transgresiones, que serían castigadas por la autoridad, quienes optaron por la destrucción de la imprenta de El Trabajo.

En el diario Los Tiempos se indica que se había solicitado  “… al Juzgado de Letras de Tocopilla la liquidación de la Mancomunal. El juez Joaquín Elizalde  ordenó como medida precautoria el embargo de la imprenta del “El Trabajo” (…) el 7 de marzo de 1904, a las 5 pm se procedió a ejecutar el mandato a cargo del receptor Pablo Echiburú acompañado de un piquete de policía (…) Gregorio Trincado al ver la afrenta procedió a cerrar la puerta de la sede, ubicada en Aníbal Pinto con calle Sucre, y otros socios procedieron a descargar el carro en donde se llevaban los implementos de la imprenta…”.

Se inicia un enfrentamiento entre la policía y los obreros apostados en la imprenta de calle Aníbal Pinto al llegar a Sucre. Los obreros reaccionaron ante el desalojo surgiendo los heridos por los palos, piedras y sables.

Recabarren afirmó que frente a esta situación estaban siendo ultrajados, “…pero el pueblo, ante un atropello tan audaz, contemplando el robo de que se le hacía víctima, no pudo contenerse i cargó contra los esbirros, arrebatándoles lo que en realidad constituía el fruto de su trabajo.”[11]

Luego afirma que: “…El golpe había sido preparado con maestría, i aunque no pudieron robarse la imprenta, El Trabajo no podía ya continuar publicándose; i… nueva prisión a los desheredados de la fortuna que tuvieron el coraje de defender lo que les pertenecía”. [12]

La autoridad señalaba que Recabarren y su séquito de tocopillanos escribían artículos fuera de la ley.

No obstante, la suerte de los asociados a la mancomunal seguía a la deriva. Al mismo tiempo Recabarren decía que por reclamar, sus cartas habrían sido abiertas y leídas por el gobernador, lo que él llamó violación de correspondencia.

LAS CONDENAS

En definitiva, el dirigente fue acusado de propagar ideas que tendían al anarquismo en su forma más violenta, delito que sin duda había sido establecido y construido por los jueces de Tocopilla, ya que ninguna ley era referida a algo similar. De todos modos, a Recabarren se le inicia otro proceso durante el cual estuvo recluido siete meses.

En este proceso se puede establecer la nómina de los 10 directores, socios y amigos de la Mancomunal que sufrieron  prisiones, con motivo de los sumarios y persecuciones de que se les hizo objeto:

·    Presidente de la Mancomunal: Gregorio Trincado  (20 días de cárcel)
·    Tesorero- Juan Figueroa (20 días de cárcel) Pro-secretario-
·    Justino Bravo  (20 días de cárcel)

En cuanto a los socios:

·    Germán Olivares  (3 días de cárcel)
·    José del Carmen Ávila  (43 días de cárcel) 
·    Marcolin Núñez  (43 días de cárcel)
·    Carios Sanhueza (43 días de cárcel)
·    José Miranda  (43 días de cárcel)
·    Asensio Augusto Q  (43 días de cárcel)
·    Amador Echagüe  (43 días de cárcel)
·    Señora Mercedes da Silva tuvo que pagar $ 30.00 de multa por haber dado de pedradas a varios Guardianes el 7 de Marzo en el empastelamiento  de la imprenta.

En cambio a Recabarren, por ser director, estuvo recluido tres veces. En la primera estuvo 20 días, 3 días en la segunda y 210 días en la tercera prisión.

Recabarren Serrano caía preso, aunque el  receptor Echiburú  presentó al Juzgado una nota en que daba cuenta del  acato por parte del dirigente a la orden del Juzgado: a pesar de aquello, el juez ordenó la prisión incomunicada, ante lo cual señalaba:

“Entregué la imprenta, considerando suficiente mi protesta, unida a la del pueblo i los actos posteriores, pero animado de la idea de que al llevarse el juez esa imprenta, quedando yo libre podría establecer inmediatamente otra, i entonces la intención de la autoridad de apagar nuestra voz quedaba burlada.” [13]

Efectivamente, se había requisado la imprenta para enmudecer la voz de un periódico,  como consecuencia de aquello, serían dos las voces periódicas enmudecidas que defendían  los fueros de los trabajadores en Tocopilla, propagando sus sanos ideales para instruir a los que aun ignoran la realidad”[14]: El Trabajo, al servicio de la Sociedad Mancomunal, y  El Proletario, al servicio de la Asamblea Demócrata.Ambos diarios dirigidos por Recabarren.

Las acusaciones contra las Mancomunales y sus emisarios son muchas, por parte de jueces y fiscales, quienes para el razonamiento mancomunal era, verdaderos “hongos sociales, sin utilidad alguna para la felicidad humana…”[15], ellos se preguntaban si acaso  constituía  delito el ayudar al obrero a zafarse de las trabas que le impiden desenvolver libremente sus facultades y su personalidad y luego se respondían “(el) delito es no dejarse robar el trabajo, reclamar buen trato, negarse a ser víctima de muerte prematura, desobedecer ordenes tiránicas, no prestarse a servir de carnada guerrera, instruir a los demás trabajadores en sus derechos, tener un carácter i una voluntad”.

Sin duda, sus pensamientos transgresores y amenazantes para una sociedad dominada por una política de círculos emergidos desde el oligarca parlamentarismo.

¿POR QUÉ ANTI MILITARES?

¿Por qué el sentimiento antimilitarista? ya que ese fue uno de los mayores cargos que al redactor de El Trabajo de Tocopilla le hicieron los jueces y fiscales.

Ellos respondían: “…antes que delito es motivo de satisfacción i de aplauso, porque ser anti militar envolvía la idea humanitaria i feliz de acabar con una institución que, además de su carácter parasitario, representa una amenaza constante para la fraternidad de individuos i Sociedades. [16]

Ahora los mancomunados se preguntaban, “¿cuál es el oríjen del Ejército i cuál su papel directo cerca del pueblo…?.[17]

Para la Sociedad Mancomunal de Obreros de Tocopilla, el Ejército nació con las primeras ambiciones de los hombres, cuando alguno de éstos, en su “fiebre de acaparación de cuanto naturaleza” había formado para uso y provecho de todos: “…quisieron  guardar exclusivamente para sí la propiedad de los productos del trabajo jeneral i la Potestad sobre los demás hombres. Se creaba, pues, una institución de carácter esencialmente autoritario y violento, i que andando el tiempo ha venido a ser árbitros de las cuestiones de mas trascendencia en la vida de los pueblos, dejando tras de su paso una huella sangrienta i abominable, que puede verse en cualquier punto de los hemisferios del globo terrestre. Sirviendo al objeto para que fue creado, el Ejército ha estado en todo tiempo i en todos los países al servicio de las tiranías, sean ellas monárquicas o republicanas, para ahogar con el humo de sus cañones o con el ruido de sus machetes la voz de protesta del pueblo hambreado o los gritos de indignación de los hombres que sufren las consecuencias i los excesos del poder. Ha convertido la vida de los pueblos, de suyo lastimosa a consecuencia de sus otros defectos orgánicos, en una continua i dolorosa trajedia que amenaza concluir con la especie”.[18]

Un letrero de la Mancomunal de Tocopilla expresaba lo siguiente:

“La fuerza armada ha sido el factor principal que ha encendido las revoluciones políticas i ha levantado los tiranos: Nerón, Enrique IV, Luis XVI, París, Rozas, Nicolás 11, Humberto 1 i tantos otros no habrían ensangrentado el suelo de sus respectivos países con sus instintos feroces de represión, si no hubieran contado con el apoyo de las bayonetas de los ejércitos…”.[19]

Luego se referirían a la alienación militar al decir que “entra un ciudadano al cuartel i se apodera de él, antes que dé dos pasos adentro de la puerta, la disciplina, por intermedio de códigos brutales, inhumanos, asesinos. La tendencia sucesiva será anular en ese soldado de la patria todo sentimiento honrado, toda independencia de criterio para pensar i obrar conforme a su raciocinio; cambiar al hombre por medio de la sumisión incondicional a los jefes en un ente de ridículas maneras, atento al jesto o al monosílabo del superior para cumplimentarlo; sustituir la persona autómata i servil a la personalidad consciente i al yo propio; cambiar su voluntad soberana por la de los que lo mandan, sin serle permitido siquiera el derecho sagrado de la protesta i del disentimiento pasivos; i, por último, trocar la blusa del artesano, del obrero, esa blusa que es el emblema de la civilización misma, del progreso material de las sociedades, por una indumentaria ridícula, signo inequívoco de la inconsciencia i de la dejeneracion mental de quien la lleva”.

Sin duda que todas las ideas planteadas por Recabarren a través de su diario, eran ideas consideradas totalmente infractoras del régimen establecido. Y el caso de Tocopilla era inédito, la ciudadanía solo tuvo un rol pasivo, pero aquello no implicaba que no estuviera conmovida por la injusticia que se estaba cometiendo.

LOS PERIÓDICOS

La importancia de la comunicación impresa en aquella época era mayúscula ante la carencia de algún otro medio, por ejemplo de radios. Esa es la razón por la cual era imperante para las autoridades acallar un medio de comunicación que incomodaba. Sin embargo, no fue un obstáculo para la publicación el alto precio de las impresiones, y en esa situación fue palpable el esfuerzo de estos dirigentes tocopillanos.

Igualmente debemos mencionar que la circulación de los diarios fue  también un promotor en la campaña de alfabetización impulsada también por Luis Emilio Recabarren en un escenario en donde el analfabetismo era significativo.

Tocopilla a la sazón del inicio del siglo, poseía un total de 4.664 habitantes[20]. Y en 1909, ya capital departamental cuenta 5.366 habitantes en el puerto y un total de 15.861 en su Departamento. Esto es una muestra del aumento de su población que se explica por la prosperidad de la industria salitrera.

Poseía junto a Gatico una fundición de cobre, pero su categoría se la dio el ferrocarril que, con el trazado más bizarro de Chile, la une a la pampa salitrera del Toco. Su vida citadina se cumple con el equipamiento de una ciudad moderna de la época, generación de electricidad, tendido telefónico, etc. El periodismo también dio muestra de “progreso”.

La censura bruta al diario El Trabajo, no implicó un descenso ni un amedrentamiento en la articulación y surgimiento de diversos diarios.

Los periódicos registrados en el puerto son los siguientes:

ü  Los Tiempos 1896 a 1918, de carácter bisemanal confeccionado en imprenta homónima.
ü  El Liberal de 1899 a 1903, también bisemanal.
ü  El Trabajo, de 1903 a 1906, semanal.
ü  La Correspondencia, 1903–1926, bisemanal.
ü  El Futre, 1904.
ü  El Proletario de 1904 a 1935, bisemanal es otra publicación de larga data.
ü  La Lucha, 1906.
ü  La Vanguardia, 1906.
ü  El Mate, 1906, impreso en la Imprenta El Proletario.
ü  La Reforma, 1908-1909.
ü  Diario 18 de Septiembre, 1909.
ü  El Norte, 1909.
ü  El Comercio Libre, 1910.
ü  La Razón, 1910 a 1923.
ü  La Tribuna, 1914 – 1916.
ü  El Grito del Pueblo, 1916 – 1917.
ü  El Triunfo, 1917 – 1918.
ü  La Voz de la Juventud, 1918, semanal.  
ü  La Federación, 1920.
ü  Voz del Pueblo, 1920.

En ese contexto el periodismo obrero en el norte grande comenzó con el siglo y consecuentemente buscó  su refugio en Iquique, el gran fogón de la reivindicación, y prontamente se propagaría por Tocopilla, el segundo bastión de la lucha obrera. Y el objetivo de  difusión  plantado por Recabarren fue exitoso.

Los  periódicos circulan por las salitreras de El Toco, entre las oficinas alemanas y españolas del cantón. Sus metas eran necesarias: la educación de las clases obrera y la unión de sus trabajadores. En fin, se buscaba que el “obrero tomara conciencia de sí y una vez que se auto-conocía podría cambiar su situación existencial”. 

En este gran tesón y porfía, Recabarren funda en  1906  en Tocopilla La Vanguardia,  diario que le sirvió de tribuna y los ayudó aun más en la propagación de sus ideales. Ese mismo año fue elegido diputado por las provincias del norte, sin embargo, le costaría mucho ejercer su cargo debido a lo extraño que resultaba  que un dirigente obrero llegara al parlamento.

Una vez que Recabarren abandonó Tocopilla, la prensa a cargo de obreros del puerto, continúo circulando en todos sus tonos, no siempre respetando las normas establecidas por la autoridad, quienes no dudaban en censurar  y en acallar cualquier comentario “desobediente”. Las autoridades denunciaban implacablemente  a la justicia cada periódico y a cada periodista, las denuncia eran así:

“Policía de Orden y de Seguridad. Tocopilla 26 de abril de 1920
Acompaño a US un número del periódico  El Proletario de fecha 25 de los corrientes en el  que bajo el seudónimo de M V, en el artículo  titulado “proletarios de pie” se incita a las clases trabajadoras  a suspender sus labores y a imitar a los mártires de Chicago, convirtiéndose en émulos  de aquellos. Esto significa claramente pedirles que imiten  aquella acción  y según  el termino empleado  que aun excedan. Podrá US ver la inconveniencia de esta publicación y espero de US resuelva lo que estime conveniente deba hacer. Aníbal Larenas”.[21]

La cita de la denuncia anterior, expresa de manera explícita la clara vigilancia y la delación de la cual eran víctimas los periódicos tocopillanos con connotación política-obrera, siendo aquello junto a las carencias económicas el otro gran obstáculo para expresar la “injusticia, lo omitido y lo censurado por la cultura oficial.

Desde 1919, el país estaba conmovido, provocando una de las coyunturas sociales y políticas más dramáticas de principios del siglo, donde inciden factores fundamentales, tales como la efervescencia de los trabajadores,  especulación desenfrenada de los empresarios, la impericia del gobierno de Sanfuentes y la acción de las capas medias que aspiraban al poder, representando lo más ilustrado del país.

La situación social fue acumulando un grado ascendente de tensión, que posibilitó varias explosiones sociales.

En la zona norte la agitación obrera subió peligrosamente de tono debido a los despidos masivos y a las rebajas de sueldo, que oscilaban entre los 2 y 3 pesos diarios, en circunstancias que los alimentos encarecían constantemente, así como el arriendo de las herramientas de trabajo, que se les entregaba a los operarios, previo pago de una garantía, que era retenida por la compañía si aquellas sufrían deterioro.

Estas arbitrariedades hacen que los dirigentes socialistas pasen a ser los más legítimos voceros de los trabajadores, lo que provocará la represión del gobierno de Sanfuentes, no dispuesto a tolerar la agitación proletaria. Producto de ello, se arremete contra Recabarren, que es detenido en Tocopilla en 1920, por parte de las autoridades locales. Desconociéndose su paradero, los trabajadores de la pampa salitrera se movilizan, paralizando las faenas por 24 horas, a modo de advertencia. Durante la jornada de paralización, tres obreros y una mujer son asesinados en el poblado de Coya por carabineros que trataban de dar un escarmiento a los huelguistas.

Conocido su paradero, una pobladora trató de liberar al líder obrero pero, Recabarren les recordó los mismos argumentos que le manifestara a los anarquistas en 1904, cuando pretendían sacarlo de la cárcel por la fuerza. Argumentos que apuntaban a lo peligroso de dicha medida.

La permanencia en prisión durante ese año, fundamentalmente tuvo como propósito sacarlo de la postulación a la Presidencia de la República levantada por los trabajadores salitreros. Fue liberado sólo el 23 de octubre, luego del pago de una fianza.






[1] Ljubetic Vargas (1992) Don Reca. Santiago, Ediciones ICAL.  
[2] Boletín Proceso de la Persecución Gubernativa contra la Sociedad Mancomunal de Tocopilla. Imprenta Mejía 1905 Santiago.
[3] Ibídem, pág. 6
[4] Edición n.° 8 de El Trabajo
[5] Ibidem
[6] El Trabajo n° 4
[7] Carta citada en Pers. Gubernativa…1905
[8] Ibídem, pág. 10
[9] Ibidem,  Pág. 11
[10] La Correspondencia, 1 febrero 1904
[11] Pers. Gub. pág. 11
[12] ibídem. pág. 12.
[13] Ibídem, pág. 36.
[14] Slogan del diario El Trabajo
[15] El Trabajo, n° 10.
[16] Ibídem, pág. 56
[17] Ibídem, pág. 57
[18] Ibídem, pág. 59
[19] Mencionado por La Correspondencia, 1904.
[20] Según el primer censo chileno realizado en Tocopilla en el año de 1885.
[21] Bahamonde: 1970

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