Tocopilla: entre cuchillos y metales pesados


Si bien el tema de la delincuencia está en boga en Tocopilla, surgiendo agrupaciones instrumentales y campañas mediáticas que abogan mayor seguridad pública. También sería preciso que se incorporara la reflexión y la protesta sobre otro problema que también afecta a nuestras vidas. Es una delincuencia que no usa armas ni cuchillos, sino que usa el níquel, el vanadio, el plomo, el mercurio y el cadmio. Además de la acumulación de gases invernadero, acidificación, contaminación del aire con metales pesados, contaminación del mar, daño de las capas superficiales y ozono troposférico por la presencia de termoeléctricas extranjeras.
Sé que es difícil, porque los silencios comprados son fuertes, tanto como auspiciador de medios de comunicación o con la existencia de microproyectos comunitarios, vecinales, culturales y deportivos.
Si bien se apela a las muertes y robos, cabe preguntarnos si acaso se han mirado las cifras por muertes por cáncer o por los dramas cardiovasculares. Un solo recuerdo del año 2010 (año en que el cáncer veloz mató a mi padre) Tocopilla en mortalidad infantil tuvo un porcentaje de 19,2 %, a diferencia de Antofagasta (en donde el Colegio Medico ha protestado por la alta contaminación) que posee 8,7 %. La tasa de mortalidad general en Tocopilla es de un 7,9% contra un 4,9% de Antofagasta. ¿Son casuales estos datos oficiales?
Como tocopillanos podríamos exigir dos cosas además de las medidas de seguridad ya apeladas: el retiro de las cenizas depositadas en el margen de la ciudad. En donde su cercanía con el mar instala la gran vulnerabilidad en la población, porque el níquel y vanadio, o cualquier otro metal pesado, al entrar en contacto con el agua en cualquiera de sus manifestaciones, ya sea humedad ambiental, agua presente en el rocío costero o camanchaca, van a ingresar a la dinámica de los ciclos biogeoquímicos correspondientes, lo que significa que serán transformados, transportados, redistribuidos y bioacumulados con los consabidos efectos colaterales toxicológicos que afectan desde los microorganismos hasta los humanos.
Desde estos cenizales fruto de los vientos marinos y la topografía, emana una gran cantidad de material particulado, diseminándose infinitamente en la ciudad.
En segundo lugar, si estamos hablando de seguridad pública o del “Derecho a vivir en paz”, apoyemos al gobierno regional con el proyecto que se ejecutara en cuanto al estudio científico –evidentemente autónomo- para así evaluar seriamente los efectos en la salud ante la presencia de termoeléctricas.
Los atentados contra la vida y su calidad no sólo lo cometen los microdelincuentes, sino que también la industria irresponsable socialmente. Sería infinito nombrar los casos de conocidos tocopillanos muertos por veloces e irreparables cánceres.
Esperamos la marcha y los petitorios contra el cáncer, tan fuerte y masivo como la otra delincuencia.
Esperamos un movimiento social de verdad. Porque puede resultar paradójica una campaña política en Tocopilla -disfrazada de ciudadana- que deshistoriza la realidad local, indicando que la delincuencia en la ciudad es algo nuevo, por eso plantean “Quiero el Tocopilla de antes”. 
Es grave y delicado jugar con el miedo de los tocopillanos e instrumentalizarlo a través de candidatos no explicitados.  O con la sospecha de termoeléctricas políticas y locutores radiales politizados, curiosamente auspiciados por las mismas generadoras de electricidad.
Si vamos a defender la ciudad, defendámosla completa.

© Carlos Guerra

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