Vertedero Municipal de Tocopilla



En la perspectiva histórica local, es evidente cierta concepción problemática que representa la basura y su disposición en la ciudad. La basura, como el supuesto resultado negativo de la vida en sociedad. Algo que todos producimos, pero que a la vez todos rehuimos. La basura habla mucho más que los propios discursos, la basura es un archivo, una especie de testimonialidad de nuestros hábitos, costumbres, consumos, habla de cómo se vive y de cómo se muere, de lo que es considerado útil e inútil.

Los basurales pueden ser vistos como fragmentos de una historia “mayor”, o de una historia paralela. Los basurales y sus contenidos dan cuenta de una intimidad, del mundo privado que se suma al mundo público y desde allí se exhiben otras realidades. Es un archivo que sabemos que está allí: pero que no se quiere o no se puede ver, como la cara oculta de la luna. La vida pública son los discursos, son los documentos, los diarios, la urbanidad limpia. La vida privada son los basurales que hablan por sí solos, una expresión del colectivo, la biografía de lo que la ciudad desecha, aparta, separa o rechaza, influyendo una multiplicidad de procesos que ejercen la construcción social de lo que será considerado como excrecencia material que se ubica siempre en los márgenes de la ciudad…

Fotografia: Vertedero Municipal de Tocopilla © Aldo Beroiza.

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