Españoles en Tocopilla


Aproximadamente a 60 kilómetros al sur de Tocopilla, nos encontramos con antiguos vestigios de lo que fue un potente puerto minero que, lamentablemente, tuvo su ocaso por motivos económicos y, por sobre todo, por fenómenos naturales, provocando la despoblación. Hablamos de Gatico.[1]

Una vez acaecido el terremoto y tsunami de 1877, evidentemente que el puerto más afectado fue Cobija, por su condición de península, por tal razón, se inició la decadencia total de Cobija, o Puerto Lamar, y gran parte de la población pobló lo que sería Gatico, lo cual también se incrementó cuando se inició la Guerra del Pacífico en 1879. Gatico, bajo la jurisdicción chilena, se transforma en un pequeño municipio que duró hasta 1927[2], desde allí sólo funcionaria una Subdelegación Municipal. 

De todos modos cabe decir que la prosperidad de Gatico estuvo en los inicios del siglo XX, cuando los ciudadanos españoles, miembros de la Sociedad Artola, se hicieron cargo de la explotación del conglomerado de minas en el sector de Gatico, siendo la mina mayor llamada La Toldo.

Desde allí, el impulso de este puerto fue mayúsculo y veloz, llegando a poseer una población que bordeaba las cuatro mil personas. La impronta de los hermanos Artola se reflejaría en el nombre de la principal avenida, que, según los antiguos gatiqueños, la avenida más larga de Chile sería la llamada “Avenida Artola”.

El resurgimiento del pueblo, de manos de los funcionarios españoles, impulsó la creación de un par de periódicos que informaban sobre el pueblo y de la metrópolis: su vecino Tocopilla. Este puerto contaba con dos muelles y una fundición vinculada a los muelles por medio de un ferrocarril. Tal fue el pináculo que consiguió el centro minero que, en las primeras décadas del siglo XX, ya contaba con correo, aduana, resguardo marítimo, cantinas, policía, pulpería, teatro, iglesia, botica, hoteles, escuelas, restaurantes y muchos almacenes. La casona principal del pueblo, símbolo de lo que fue el complejo en su época de esplendor, se mantiene en pie y su estructura ha resistido por lo menos cinco terremotos. Dicho chalet  construido en 1914 por el gerente Thomas Peddar “uno de los activos gerentes que estuvieron a cargo de la empresa”. [3] Este inmueble reflejó y simbolizó el renacer de un pueblo diezmado por los sucesivos problemas económicos.

Gatico tuvo su proceso de ocaso por el aluvión de 1912, del cual se pudo reparar, pero las marejadas descomunales que azotaron al pueblo en 1922 imprimieron nuevamente la tónica de la destrucción. Además de la crisis económica de 1921. Luego, la debacle mercantil de 1932 y el aluvión de 1940.
En la relación infatigable entre Tocopilla y Gatico, los peninsulares instituyeron la Sociedad Española de Beneficencia, organización  filantrópica que fue fundada el 20 de septiembre de 1894. Su primer directorio estuvo compuesto por el Presidente Melitón Casacubierta; su vicepresidente, Antonio Fernández y su secretario, Julio Yubero. Tesorero Celestino Giménez. Los requisitos para integrarla hablaban de “buena conducta y antecedentes honorables…” [4] dejándose de lado la política y la religión en las reuniones.

Con el correr de los años, es evidente que esta institución se transformó en una de las más vetustas de este puerto sin modificar sus estructuras, ni reglamentos y se caracterizaron por la frecuencia de reuniones.

Ellos, los hispanos, en carácter que expresa transnacionalidad, buscaban vivir España en Tocopilla, por ello además de mantener su sonsonete, querían mantener sus tradiciones, sus costumbres, su folklore, música, bailes y canciones, su forma de ser e incluso su gastronomía. No obstante, la gran mayoría contrajo matrimonio con hijas de este puerto e iniciaron la trayectoria de conocidas y recordadas familias. Años más tarde, otros tantos peninsulares, motivados por el ejemplo de sus familiares y amigos, también emprendieron la aventura de dejar su patria e iniciar una nueva vida en el norte de Chile.

Usualmente, la participación en este grupo era de profesionales liberales y autónomos, empresarios y comerciantes. Casi todos de buen pasar económico. Entre otras labores que realizaban, estaba la de prestar apoyo a los consulados. Pero su obra más valorada por la comunidad fue la creación de la 4º Compañía de Bomberos en 1895. No obstante, su reglamento explicitaba que, para ser parte de la compañía el requisito fundamental era ser español de nacimiento o bien, ser hijo de español. Esta situación se mantuvo hasta 1931 cuando se vio lo inviable de aquella regla. En esa fecha, la compañía pasa a ser denominada “Patria y Trabajo”.

La presencia de españoles se acentúa en la segunda mitad de la década del treinta. En especial por los españoles que huyeron de la sangrienta guerra civil, quienes hallaron en Tocopilla el cobijo.

Por ejemplo, seis familias de pescadores llegaron por gestiones del Comité Chileno de Ayuda a los Refugiados Españoles, auxiliados además por la Municipalidad de Tocopilla en tiempos de Víctor Contreras Tapia (1938-45). Los refugiados, una vez llegados a Tocopilla, se radicarían en Gatico gracias a las diligencias del Alcalde ante la Compañía Minera de Gatico que les proporcionó habitaciones. Asimismo, por acuerdo de los regidores la municipalidad proporcionó las herramientas para comenzar sus trabajos y los víveres necesarios para mantenerse en las primeras semanas. La admiración y gusto por los inmigrantes europeos por parte de las autoridades, se retrataba en La Prensa de Tocopilla. “Como se presume que el trabajo de estos hombres, que difiere del trabajo de nuestros pescadores, traerá para Tocopilla una época de abundancia de pescado, la Municipalidad había pensado en obtener del Instituto de Fomento Minero la instalación de una cámara frigorífica para guardar allí el pescado y poder enviar, de acuerdo con las necesidades del consumo a la pampa y otros puntos de la provincia”.[5] La cita anterior refleja en gran medida lo evidenciado en varios testimonios, en cuanto a que, aparentemente, lo europeo se conecta con el trabajo arduo, responsable, que supuestamente, supera a lo que el hombre tocopillano podía entregar. No era más que la expresión de ese imaginario social de “superioridad” indicada hacia lo europeo. 


Varios españoles fueron destacados en el comercio local. Entre ellos el español dueño del restaurant “La Cumparsita” de José Rodríguez o “La Estrella de Chile” de la familia Arias. Está también el caso del comerciante Jesús Monzoncillo, español que instaló a principios de siglo una Casa de Prestamos llamada “La Confianza”. Más adelante instalaría la tienda “Casa Española”, que también tendría una orientación hacia el empeño de mercaderías. También vendía joyas y confeccionaba trajes.  La casa “La Paloma” y “El Sol” también perteneció a socios ibéricos, los Sres. Val y Álvarez; vendían sombreros, trajes, zapatos y algunos juguetes. “La Casa Española” siempre en calle 21 de Mayo, expedía mercaderías, zapatos, ropa, adornos caseros y sombreros. “La Mina de Oro” en 21 de Mayo con Aníbal Pinto, su dueño fue José Martínez, también siguió la tónica de sus connacionales: zapatos, ropa, trajes, sombreros, etc.

Se contó con el “Hotel Español” en calle San Martin, con la residencial “La Española” ubicada en calle Prat Nº 1224. Recordado es José Iñesta, propietario de la radio “Covadonga”, más conocida como la radio "Iñesta”, radio que se conservó gracias a un gran esfuerzo económico. A través de la radio “Iñesta” se incentivaron las inquietudes artísticas y culturales del puerto. Fue el primer agente de la Línea Aérea Nacional, la cual funcionaba con el aeródromo de Barriles, y además ayudaría a la fundación del Club Aéreo de Tocopilla. Hubo algunos sastres, entre ellos el peninsular Francisco Barrio Palenciano, quien tuvo su lugar de trabajo en la calle 21 de Mayo esquina Sargento Aldea.



[1]      Los antecedentes mineros de Gatico se remontan a 1832, fecha en que el gobierno boliviano otorga la concesión de los minerales de Gatico, considerados los más ricos de esta región,  a una sociedad compuesta por Dámaso Uriburu, con sede en Valparaíso, a  otra sociedad perteneciente a Gregorio Beeche, sede Potosí, y el señor Zamudio de Cobija. El Mariscal Santa Cruz, al parecer, formaba parte de esta sociedad y se ocultaba bajo el nombre de su sobrino, José Peña. Éstas minas, junto a las de Copaca, Tres Cerros y Mamiña, fueron abandonadas después de la invasión peruana a Cobija. Años más tarde su explotación parece restablecida, pues en 1840 se exportan 8.488 quintales de cobre de Cobija. Según Arce (1930) en 1857, partió una expedición minera  a cargo de los hermanos Latrille y un ciudadano francés de apellido Meunier quien ya figuraba como dueño de las minas Toldo o Santo Domingo y la mina Meunier. Este mismo cronista afirma que en Gatico “…las poblaciones mineras de Punta Blanca y Gatico, se reportaron más de 200 muertos por la salida de mar de 1877, derrumbes de cerros y minas que se sentaron”. Arce, 1930: pág. 357.
[2]      La disolución de la Municipalidad de Gatico fue orden del Presidente Carlos Ibáñez, disolviendo al mismo en tiempo en Tocopilla, en agosto de 1927 a través del Decreto Supremo  N° 5.526, la Junta de Vecinos. Nombrando como Alcalde a Francisco Choloux (dueño de la farmacia “Chile” Drug Store) y como vocales a los señores Máximo Venegas, Aníbal Morales y Máximo Pérez. Los funcionarios municipales de Gatico fueron trasladados al municipio tocopillano.
[3]      Collao, 2001.
[4]      Collao, 2001.
[5]      La Prensa de Tocopilla, martes 7 de noviembre de 1939.

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