EL ESCENARIO DE LA MIGRACIÓN EN TOCOPILLA EN EL DEVENIR DEL SIGLO XX. TRES COLECTIVOS ALÓCTONOS Y LA FUGA AUTÓCTONA



En Revista Ciencias Sociales (UNAP) Nº29 ALTERIDADES DESBORDADAS: CONFLICTOS, MEDIACIONES Y FRICCIONES DE LA EXPERIENCIA MIGRANTE EN LOS ESPACIOS LOCALES (http://www.revistacienciasociales.cl/)




Revista indexada en: Redalyc  (Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal)  HAPY (Hispanic American Periodicals Index)  y LATINDEX (Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal)


El escenario de la migración en Tocopilla en el devenir del siglo XX.  Tres colectivos alóctonos y la fuga autóctona

por Damir Galaz-Mandakovic Fernández

Resumen 

Se aborda una descripción inductiva y sintética de un escenario de apogeo económico –ocurrido en la primera mitad del siglo XX–  debido a la explotación de cobre y salitre que motivó la llegada de colectivos migrantes internacionales que dejaron su impronta en determinadas labores del comercio e industria local, tal como es el caso chinos, yugoslavos e italianos. Del mismo modo, el articulo en su fase final, instala, de modo exploratorio, el caso de la emigración en Tocopilla en una peculiar articulación con Norrköping, resultado del escenario político y económico modificado en el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, tanto a nivel macro como micro, subyaciendo a ello la transformación de Tocopilla en un polo de desintegración social, expresado en la migración. 
Palabras claves: Migración, Chinos, Italianos, Yugoslavos, Tocopilla, Norrköping

The article presents an inductive and synthetic description of an economic height scenario –the first half of the twentieth century– occasioned by the exploitation of copper and saltpeter, which caused the foreign migrants’ collectives’ arrival in Tocopilla. These migrants printed their influence in local commerce and industry: this is the case for the Chinese, Yugoslavian and Italian migrants. The final phase of this article presents –in a prospective way– the case of emigration from Tocopilla, in a particular connection with Norrköping as a result of the politic and economic scenario modified in the course of the second half of the twentieth century. This second moment, described both on the macro as well as the micro levels, lights on how the transformation of Tocopilla in a pole of social disintegration is expressed in new migration logics.  
Keywords: Migration, Chineses, Italian, Yugoslavs, Tocopilla, Norrköping. 

Introducción
La migración como fenómeno histórico y antropológico ha sido exiguamente estudiado en la zona minera costera nortina de Chile, en especial en Tocopilla, requiriendo de una mirada analítica que contextualice los diversos flujos de un puerto que de ser centrípeto, se ha transformado en centrífugo. Ambos procesos expresados, respectivamente, en la primera y la segunda mitades que dividen al siglo XX. Esto último, atribuido al resultado de una economía de mercado que ha acrecentado el subdesarrollo de la localidad de Tocopilla, en consonancia con la llamada Concentración Territorial que a la postre ha configurado un desequilibrio regional económico. 
En ese escenario, nos remitiremos a un análisis y caracterización de la inmigración china italiana y yugoslava en Tocopilla, en el contexto de la consolidación de Tocopilla como puerto salitrero en el proceso que prosigue a la Guerra del Pacifico. Apuntamos a la comprensión del fenómeno migratorio desde la historia local, con determinados estudios de casos, de modo que, desde un enfoque inductivo, podamos adentrarnos en la visión de los procesos de  integración y aportes de estos grupos migrantes en el desarrollo de la historia de Tocopilla.  

Tocopilla centrípeta
El puerto tocopillano, en la apertura del siglo XX, obtenía su apogeo gracias a los flujos económicos generados por la explotación del cobre y salitre y el porteo realizado en Tocopilla (Collao, 2001). De ahí que en Tocopilla se establecieran las grandes compañías ligadas a la explotación y exportación  del nitrato, entre ellas Folsch & Martin, Anglo Chilean y Nitrate Agencies,  todos ellos capitales de origen inglés. Ésta era una ciudad de un viviente impulso económico, en la conexión consolidada con el capitalismo mundial a través de la  mercantilización de las riquezas naturales. Se avizoraba, en gran sentido, un rasgo cosmopolita, tanto por la diversidad de sus habitantes y el múltiple arribo de decenas de veleros ansiosos por el salitre, a su vez de los vapores navieros con pasajeros también ansiosos por trabajo. 
Las grandes colonias residentes que existían en Tocopilla no sólo dominaban las  actividades mercantiles, sino que también dominaban los aspectos de la mentada vida social. Ellos crearon múltiples “Mutuales de Socorros Mutuos”, “Entidades benéficas”, “Compañías de Bomberos” y el connotado “Club de la Unión”. Traían consigo grandes tiendas importadoras de productos lujosos que proporcionaban a la comunidad finas lozas, perfumes, porcelanas, cristalerías, sedas, géneros y lujoso pañuelos, sombreros y también cigarros, del mismo modo existía el contrabando de una diversidad de alcoholes exóticos (Collao, 2001)
La vida nocturna era cada vez más agitada y bullida; se escuchaban múltiples idiomas: las costumbres se tornaron diversas, diversificaron los usos del espacio público, las vestimentas, las costumbres, las comidas, las fiestas y el deporte. Los marinos mercantes eran chinos, afrodescendientes de Harlem, hindúes, ingleses, suecos, noruegos, griegos, filipinos, entre otros tantos. Algunos se quedaron a residir, de manera que esos grupos dejaron de ser flotantes y se convirtieron en tocopillanos por adopción. Así como también llegaban marinos de distintos países, que no pocas veces traían problemas para el orden público, por las continuas peleas y disturbios generados por los excesos de estos marinos mercantes.  
La población crecía de a poco y la ciudad también se expandía hacia los sectores norte y noreste. Surgían poblaciones, restaurantes, múltiples hoteles, pensiones y casas de remolienda.  En ese escenario, se instalaba en el sector Algodonales una gran compañía a cargo de proporcionar energía eléctrica a Chuquicamata, la firma estadounidense Chile Exploration Co. (1914-15) perteneciente a Guggenheim Bros. 
Por el mar no sólo llegaban marinos, sino que también productos desconocidos, muchos de ellos suntuarios que propiciaban el contrabando. De la misma forma llegaba una peste aciaga: la Fiebre Amarilla, que mermó considerablemente a la población a través de la muerte y del alto número de desplazados y emigrantes en el año 1912 (Galaz-Mandakovic, 2009:32-47).
En aquel entonces, en principios de siglo, existían alrededor de 5.000 habitantes , pero se presentaban dos segmentos fuertemente distanciados en la  población; uno marcado por la elite, constituida inicialmente por ingleses vinculados a las actividades salitreras, o bien comerciantes; y otro grupo al opuesto, el sector obrero, tales como pirquineros, lancheros, estibadores, cargadores y empleados particulares. 
Ambos grupos estaban separados por un gran abismo social y cultural. La elite de Tocopilla, mayoritariamente inglesa, además de pequeños mercaderes de minas, admiraba “lo europeo”. Usualmente, gesticulaban, vestían  y hablaban a la usanza inglesa. (Collao, 2001) Ellos configurarían encapsulados grupos de tertulias y juntas sociales, en donde la prosapia y alcurnia del origen determinaba todo en conjunto con la riqueza y posesiones mineras acuñadas en el transcurso de los años. Sin embargo, en el otro sector, el obrero se embadurnaba con el analfabetismo y el alcoholismo. Muchos de estos llegaban desde el sur “enganchados” para trabajar en las minas de cobre u oficinas salitreras, sus viviendas al pie de los cerros tocopillanos eran verdaderas pocilgas y cuchitriles insalubres, sin agua potable y con pozos negros sin cegar. (Galaz-Mandakovic, 2011) Lugares con altas tasas de infección y de alta muerte infantil. No olvidemos que, en este periodo, Chile presenta la tasa de mortalidad infantil más alta en el mundo (Illanes, 2007:15). 
En este escenario, el país se aprontaba a celebrar su primer centenario y para ello se organizaron diversas actividades deportivas, sociales y culturales, de las cuales la ciudad de Tocopilla también participó a modo de consolidar el proceso de chilenización en los llamados nuevos territorios. Entonces, este pequeño puerto otrora boliviano, se transformaba en un polo bullente, con una fuerza de atracción para diversos grupos humanos interesados en prosperar monetariamente, como así también en grupo interesados en huir de sus hostiles contextos de origen marcados por la guerra. 

Chinos: la fuerza del trabajo
En la costa actual correspondiente al norte de Chile, la inmigración inicial de chinos está promovida por los Coolies, quienes llegaron como esclavos en grandes oleadas a través de barcos mercaderes, en el transito de la segunda mitad del siglo XIX. La extracción del guano los conglomeraría en las costas del norte chileno y sur peruano. En el sector de Tocopilla, especialmente en la caleta Paquica, ha sido posible encontrar verdaderos cementerios de chinos, cerros con ataúdes misérrimos y roñosos que reflejan sus vidas y sus muertes. (Collao, 2001:292)
El gobierno peruano en 1849 autorizó la inmigración de chinos Coolies embarcados en Cantón y también en Macao, a través de la llamada “política de consignaciones”, muchos de ellos muriendo en altamar por las insalubres condiciones de su viaje (Águila, 2001:135). Una vez llegados a Perú, este horrendo tráfico humano terminaba su viaje en las guaneras más frondosas, tales como Paquica, Patillos, Guanillos del Norte, Pabellón de Pica y Caleta Lobos, todas ubicadas en el camino costeño que une Iquique con Tocopilla (Collao, 2001:292). Lo que era un buen negocio para algunos, para miles de chinos las guaneras fueron su devastación; allí, colgados con cables y cordeles sobre andamios desmejorados, puentes colgantes, trabajaban todo el día, de sol a sol. Cada chino cargaba un capacho en su espalda. Luego, los cerros con sus cuevas e improvisadas pocilgas, los esperaban como dormitorios, sufriendo el hambre, el frio y el cansancio por el exceso de trabajo. Posteriormente, los chinos fueron utilizados como avanzadas del ejército chileno en la Guerra del Pacifico y en Tocopilla muchos fueron utilizados en la construcción del ferrocarril salitrero, inaugurado en 1890, obra titánica en donde los chinos realizaron los trabajos más riesgosos y pesados; colocación de dinamitas, cargas, elaboración de zanjas, entre otras labores mortales (Collao, 2001)
En el pleno siglo XX, sobre todo en la década del treinta, la presencia china en las localidades del norte era significativa, lo que se hacía notar especialmente en Iquique. Esta migración fue más expresiva a partir de 1931, lo que podría haberse motivado por la invasión de Japón a China, a partir de la cual se configuró un gran éxodo chino. La presencia china  se acompañó del surgimiento de una mirada autóctona de desprecio y rechazo, debido a que para algunos tocopillanos estos inmigrantes podían, potencialmente, “degenerar” la llamada “raza chilena”. Los que realmente riñeron con estos inmigrantes fueron los comerciantes establecidos, ya que los chinos comenzaron a instalar negocios ligados con la venta de carne o con la venta de comida, amenazando con ello las ventas del comercio local. 
Cabe decir que los chinos, alrededor de la misma década merodeaban el sector del Matadero Municipal recogiendo las sobras del faenamiento de los animales para la obtención de la  carne, es decir, las guatas, las chunchules, las cabezas, las lenguas, las patas, los corazones  o los hígados, y una serie de los llamados mondongos Todo lo que sobraba o bien, lo que no era “digno” de comer en la época. Esas “sobras” o excedentes, una vez recogidos, eran ofrecidos en pobres carretones por el sector mísero y calamitoso llamado “Manchuria”. Tales impulsos en la inmigración, hicieron que el Alcalde de Tocopilla, Sr. Luis Cárcamo, en junio de 1931, exigiera a la Intendencia de Antofagasta el establecimiento de un severo control sobre los asiáticos, como así también tratar de evitar, derechamente, la afluencia de los cantoneses que, según Cárcamo, a diario llegaban masivamente a la ciudad: 
“Estos ciudadanos chinos son un peligro ante la raza, pueden degenerarla a través de la insalubridad en la venta de carne, además de su afición por el juego (…) es de esperar medidas correctivas antes estos foráneos que perjudican a nuestra población” (Archivo de la Gobernación de Tocopilla. Oficio Nº23 dirigido al intendente de Antofagasta. 19 de marzo de 1931). 
Esta mentalidad, hija de su época, no se alejaba mucho a lo que el Estado pregonaba en cuanto al concepto de migración, el menos así lo explicitaba en el Diario Oficial del 24 de noviembre de 1880, en el que “se considera inmigrante libre (…) a los estranjeros de orijen europeo o de los Estados Unidos (…) que siendo menos de cincuenta años i acreditando su moralidad i aptitudes…”(En: Campos y Elías, 2006:95). A este grupo migratorio los requerimientos eran mayores al momento de ingresar al país (como, por ejemplo, el poseer cierta cantidad de dinero). Además, en el comienzo del siglo XX, se les exigía un examen médico, el cual daba píe a un “pasaporte sanitario”, prontamente, alrededor de los años veinte, se les solicitaba un documento a cargo de autoridades chinas quienes debían certificar conducta, examen médico y vacunación. Esto se debía a que aparentemente los chinos eran considerados como potenciales  portadores de plagas y enfermedades. En 1930 a todos los chinos, para que lograsen ingresar al país, se les requería la suma de 300 dólares como garantía. Esta suma  debía ir a nombre de la delegación china en Santiago, pudiendo el migrante retirar este dinero una vez instalado en el país (siempre y cuando pudieran probar que poseían trabajo. Una vez retirado, este dinero era utilizado, generalmente, como un capital inicial de los negocios regentados por la colonia China. Esta última práctica enfadaba no sólo a los comerciantes tocopillanos, sino que también a los de Iquique y Arica (Campos y Elías, 2006).
Pese a las hostilidades, la gran comunidad china residente en Tocopilla se fue organizando y en 1928 funda el gran Centro Chung Hwa, cuyo primer presidente fue el señor Juan Chang. Prontamente, en el año 1933, construirían una gran casona, ubicada en la calle 21 de Mayo. El ejemplo de emprendimiento demostrado por los chinos es sorprendente, quizás aplicando la filosofía de Confucio en cuanto a generar ahorros. Su acumulación  financiera, en base a la fuerza de su trabajo, dio pie a la filantropía manifestada ya en la década de 1940. Así lo dejó en constancia el Gobernador Pedro Muñoz Rojas en diciembre de 1943, cuando agradecía el cheque entregado para el Comité Pro Pascua de los Niños Pobres. Entre otras palabras afirmaba que: 
“Permítame señor Presidente del Centro Chung Hwa, testimoniarles una vez más el reconocimiento  de gratitud hacia su institución, ya que siempre ha estado atento a las peticiones de esta Gobernación, contribuyendo gustoso y ampliamente a cuánta obra  de bien se ha iniciado en la ciudad, siendo un ejemplo para las demás instituciones […]” (Arch. Gob. Toc. Oficio N°741, dirigido a Roberto Ly Cere, Presidente del Centro Chung Hwa. 1 de diciembre de 1943).
En este sentido, de simples distribuidores de carne, muchos orientales se transformaron en personajes pudientes en el contexto local. Un caso de acumulación lo representó el inmigrante chino Santiago Chiong, quien construyó  en 1932 un gran local para instalar su almacén especializado en la venta de carne configurándose como uno de los principales  proveedores de la pampa salitrera en la década del treinta. Desde aquellas fechas, el local adquirió la preferencia de los tocopillanos. Otro caso lo representó el Sr. Chau quien levantó un edificio e instaló un restaurant, un prostíbulo, dos peluquerías y cabaret  con una gran pista de baile denomina “El Asia”, lugar icono de la bohemia nocturna en la década del cuarenta. 
La colonia china, podemos afirmar, fue la que sufrió las mayores restricciones en el proceso de inmigración, fruto del prejuicio y la hostilidad expresada desde los vecinos hasta los políticos, existiendo proyectos de ley que directamente atacaban y buscaban cerrarles las puertas. Uno de los más recordados es el proyecto del diputado Malaquías Concha en 1906, que en su articulo Nº1 expresaba abiertamente que, “queda prohibida la inmigración en el país de individuos  de raza amarilla o mongólica o etiópica” (Cámara de Diputados, Ord. Sesión Nº 47, 10 de agosto de 1906. ). 
Aún en estos pesares, el impulso de la inmigración china logró consolidarse en el devenir de la historia local. Pero no sólo contra los comerciantes tenían que lidiar los chinos, sino también con los grupos de teatro, quienes los trataban despectivamente y se burlaban a destajo de los orientales, ya sea por rasgos faciales, por asuntos del habla y sobre el supuesto problema higiénico de sus negocios y viviendas. En junio de 1932 el presidente del Centro Chung Hwa, Juan Chang se quejaba ante el Gobernador y por el diario “La Prensa de Tocopilla” en contra del grupo de teatro “Los Criollos”, conjunto formado por empleados y obreros cesantes, ante lo cual exponía en una carta: 
“(...)El grupo los criollos (...) llevó a escena un monólogo recitado por el señor Macaya, y que se titulaba Chung Hwa i aparte de este, repitió varios otros por el estilo, totalmente fuera de programa, imitando en forma maliciosa nuestro idioma (...) siempre se ha desempeñado igual acto en el teatro, no siendo la primera vez, i se ofenda así paisanos chinos i junto con ello a la colonia que presido. Este denuncia busca detener lo que ridiculiza ofende y menoscaba nuestra dignidad de ciudadanos chinos respetuosos de este país…” (Cámara de Diputados, Ord. Sesión Nº 47, 10 de agosto de 1906).
De este modo, el pasar de los chinos seguía siendo hostil, pero esto no era exactamente lo determinante a la hora de conglomerarse y recíprocamente auxiliarse, ya que para muchos de los autóctonos, pese a las circunstancias, los chinos “fueron caracterizados de ser personas unidas y solidarias entre si”. Los descendientes de la primera generación de chinos, crearon el Centro de Hijos de Chinos,  llamado Cheng Ning Hui.  En la caracterización de sus labores, como hemos evidenciado, predominaron la venta de carnes y los restaurantes. Las familias que marcaron presencia fueron los Lay, Loo, Cam, Max, Chong, Chang, Chia, Lau, Anch, Hafon, Ypung, Yap. Chong ku, Gam, Han-Shing, Kam.  
Italianos
Dentro de los grupos de inmigrados europeos, la colonia italiana fue más dispersa en el norte y en sus salitreras, desarrollándose fuertemente entre 1880 y 1930, época en que miles de italianos inmigraron a América (Díaz, 2002). Una de las características apunta a un proceso denominado como inmigración libre, en base a la cadenas migratorias, sustancialmente definidas por las familias. Abocaron sus actividades prioritariamente al comercio e industria. Según el censo de la colonia Italiana en Chile, realizado entre 1926 y 1927, en el Departamento de Tocopilla, los italianos que destacaban en la venta de abarrotes eran las familias Farmolaro, Gaetano, Fraumeni, Bongiorno y CIA, y Schiappacasse. En tostadurías y café, destaca Onetto, en las panaderías Pedro Mondaca, en las paqueterías y zapaterías, Fraumeni Bongiorno y CIA. 

Las primeras familias inmigrantes avecindados en el puerto fueron Cessari, Mantinetti, Bongiovanni, Postori, Pellegrini, Picardo, Bebliomini. Un caso representativo de ello es la familia Aste. En 1927, desde Italia llegaba al norte de Chile un juvenil Lorenzo Aste Viacaba junto a su esposa María Depinto, ambos  nacidos en Rapallo. Su primera parada fue Iquique y luego de celebrar fatídicos negocios, y también por enfrentar serios conflictos entre paisanos, llega a Tocopilla en 1932. Es en el puerto salitrero de Tocopilla donde levantan una tienda de telas llamada “La Sin Rival” que para los tocopillanos siempre fue reconocida por el apellido de su dueño, popularmente mencionada como “La Casa Aste”. Esta fue una  exitosa tienda especializada en la venta de géneros, y luego en discos y paquetería, ubicada actualmente en la calle 21 de Mayo (número 1773). En la década del cincuenta, el establecimiento  implementaría la venta de tocadiscos, amplificadores e instrumentos musicales. El hijo de Lorenzo y María, Dino Filipo, instalaría un taller en donde confeccionó una serie de parlantes marca D’aste. De la misma manera, en este rincón nacieron enormes amplificadores, cuyos gabinetes se confeccionaban con tapas de tarros de aceite de 200 litros. Fabricarían, además, toda clase de aparatos electrónicos, como radios a tubo, citófonos, radio electrólas, pedestales, parlantes, entre otros objetos. Cabe señalar que Lorenzo Aste Viacaba, fue nombrado por el gobierno italiano como Corresponsal Consular, cargo que ejerció hasta 1959, al momento de su muerte. Asimismo su esposa María obtuvo la Estrella de la Solidaridad otorgada por el gobierno de Italia en la década del sesenta, debido a su actividad consular, heredada tras la muerte de su esposo, y llevada a cabo por más de 20 años. Ella fue caracterizada por la ayuda a sus coterráneos que venían a buscar suerte a Chile. Participó incansablemente en la Acción Católica local, y justamente por esa labor recibió la Bendición Papal por parte de Juan Pablo II en 1984. (Aste, 2011)

Un poco antes de la llegada de la familia Aste, ya había configurado un gran capital Benedetto Schiappacasse a través de la “Fábrica de Fideos Tocopilla”, distribuyendo sus productos por la gran cantidad de oficinas en la pampa salitrera. Este negocio se vio fuertemente favorecido por las grandes compras que le realizó el Estado para poder implementar la Olla del Pobre; institución asistencialista que se encargó de alimentar  a miles de tocopillanos golpeados por la mayor depresión económica conocida en el mundo, la originada en EE.UU., en 1929. Por ejemplo, en un documento deGiro y Comprobante de Egreso” emitido a la Gobernación, Benedetto Schiappacasse, cobraba once mil ciento cuarenta y cuatro pesos por “varias mercaderías entregadas para la atención de los cesantes, según facturas adjuntas”. Todas estas actividades comerciales dieron pie a una senda acumulativa de capitales y propiedades de bienes inmuebles en la localidad. La participación de Schiappacasse, acogedor de otros paisanos a quienes les ofrecía trabajo, también abarcó la dirigencia, ya que Schiappacasse fue Presidente de la Cámara de Comercio en la década del 40,  además fue uno de los precursores en el desarrollo de la idea de crear un “Espigón de Atraque” en el puerto de Tocopilla para facilitar el cabotaje y la importación de bienes de consumo.  Inició también la idea de implementar un camino costero entre Iquique y Tocopilla, razón que le llevó a realizar un viaje en caballo por la escabrosa geografía de la Cordillera de la Costa en 1930, acompañado del Alcalde  Juan Fuenzalida (Collao, 2001). El patrimonio arquitectónico de Tocopilla, suma un gran inmueble perteneciente a la “Fábrica de Fideos Tocopilla” levantado en 1932 por el constructor descendiente de italiano Ricardo Gho, quien, en su estadía  en Tocopilla (1905-40), levantó innumerables edificios.
Otro paisano comercialmente destacado fue Pedro Mondaca, quien estableció uno de los amasaderos más relevantes en los inicios del siglo XX, a través de la “Panadería El Cañón”. A ejemplo de lo que ocurrió con Schiappacasse, Pedro Mondaca igualmente  fue beneficiado por las grandes compras realizadas por el Estado para implementar la Olla del Pobre en 1932 (Galaz-Mandakovic, 2008), siguiendo así el camino iniciado por el fabricante de fideos mencionado. Por ejemplo, el 14 de abril de 1932, Mondaca emite una factura por la suma de $15.824.80 pesos por el concepto de “suministración de pan para los obreros cesantes desde el 22 de febrero hasta el 31 de marzo, inclusiva pedidos (…) se otorga con cargo a la Ley de Régimen Interior”.
Otro inmigrante italiano destacado sería el responsable por la instalación de un gran local comercial, llamado “Casa Larco”. En primer lugar, fue un gran negocio fruto de la sociedad conformada por los italianos Miguel Larco y Benedetto Merello. En 1924, ya pertenecía a la sucesión de Larco y proveía a la ciudad una gran diversidad de conservas y distintos tipos de quesos importados. Poseía además una fábrica de fideos en calle San Martin, siendo las pastas corrientes y los fideos especiales preparados con huevos su exclusividad. El gran inmueble usado por “Casa Larco” es una obra que fue  ejecutada a pedido de la Sociedad Comercial Italiana (creada en 1893) encabezada por los señores Martina, Famolaro, Fraumeni y otros. Esta tienda se originó con la fusión de otro negocio “La Joven Italia”, entre ambos, configuraron una gran empresa (Martínez, 2009). Por su parte “La Esquina Verde”, perteneciente a esta misma sociedad, fue la primera versión de una multitienda instalada en Tocopilla, especializa en la venta de paquetería, abarrotes y telas, allí en calle 21 de Mayo esquina Colón. Otra multitienda  instalada en Tocopilla, y por ello, una de las más recordadas fue “Almacenes Del Lago”. Este gran local comercial pertenció a italianos provenientes la zona de Trento, ellos eran Gerardo del Lago y Blanca Romo, su esposa. En este gran almacén se vendían todo tipo de productos, desde cemento, telas, un sinfín de abarrotes, maderas, alcoholes, vinos, algunos electrodomésticos y vehículos.
Tuvo varias denominaciones, la primera fue “Casa Del Lago”, prontamente fue “Girardi Hermanos”, para luego variar a “Girardi & CIA”, para culminar definitivamente como “Almacenes Del Lago”. Un rubro igualmente explorado por algunos italianos en el ocaso de la primera mitad del siglo XX fue la locomoción colectiva, a través de taxis.  
Yugoslavos
Los eslavos, predominantemente croatas, llegaron al norte a comienzos del auge salitrero finisecular, siendo Iquique, Tocopilla y, principalmente, Antofagasta, los centros de mayor aglomeración. Desde estos centros urbanos muchos de ellos se distribuyeron por la pampa salitrera, conformando grupos de comerciantes, empleados y profesionales (Zlatar, 2001). Su arribo estuvo determinado por su pasaporte austriaco, por efecto de pertenencia territorial al imperio Austro-Húngaro. Muchos de ellos llegaron huyendo de los conflictos bélicos y étnicos que asolaban en Los Balcanes, para ello tuvieron que o bien atravesar el Estrecho de  Magallanes, o llegar desde Argentina atravesando la Cordillera de Los Andes. Generalmente, estuvieron inicialmente en  Iquique y desde allí se reubicaron en Tocopilla y Antofagasta viajando por la costa (Garafulic, 2012). Los que llegaban al norte de Chile eran principalmente gente del mundo rural; agricultores, pescadores y pastores provenientes de Brac y de otras islas de Dalmacia. Muchos arribaron muy jóvenes con pocos años de escolaridad, pero destacaron por su particular disciplina de trabajo, siendo reconocidos socialmente como perseverantes, ordenados y dedicados al trabajo (Garafulic, 2012). Su emprendimiento fue en base a la configuración de pequeños negocios que, de a poco, crecían en capital y ganancias. En varios de estos casos, se vio la solidaridad entre paisanos, puesto que muchos de estos inicialmente pequeños negocios sirvieron de apoyo a los recién llegados. En general, los primeros sueldos obtenidos eran enviados en gran parte a sus localidades de origen, para así poder cancelar lo gastado en el largo viaje. El excedente de ello, se aplicaba al trabajo: trataban de capitalizarlo en nuevos negocios y con eso se vio como resultado el surgimiento de quintas, grandes tiendas, almacenes y mercerías administrados por miembros del colectivo croata. Se configuraba así una red social que ejerció un modo de demostración en cuanto al incentivo de nuevos inmigrantes,  el capital para inmigrar a Chile no sólo dependía del dinero, sino que también de un capital humano basado en la información sobre la localidad a inmigrar.  Un ejemplo de la acción e impacto de estas redes migrantes en el caso croata se configura en el caso de Stoyan Vucina Crnosija, nacido el 7 de enero de 1904 en la isla de Ugljan, quien llegó al norte chileno en 1927. Una vez en Chile, se dirigió a la pampa salitrera para desenvolverse en distintas labores, en su paso recorrió las oficinas salitreras “Prosperidad”, “Rica Aventura” y  “Santa Isabel”, en todas sus labores fue auxiliado por paisanos. No obstante, nos cuenta su primogénita que: “su origen isleño hizo que extrañara el mar, y por tal razón no se pudo acostumbrar al hostil y huraño clima desértico, por lo cual decidió bajar a la costa”. En ese escenario se dirigió  a Tocopilla. “…los pueblos del mar, son los que más progresan” ese era su enunciado más elocuente recordado por su descendiente.  Residiendo en Tocopilla, tuvo que enfrentar condiciones de vida muy adversas. Sus primeros días fueron en la playa “El Panteón” en donde armó una improvisada y rustica vivienda. Todo sumado a la dificultad del idioma, en donde la ambigüedad de sonidos y significados, le jugaba malas pasadas. Luego, tomaría contacto con el dueño del gran negocio de su época “El Barril Colorado” regentado por un compatriota, de apellido Cickovic, con el cual iniciarían una relación contractual. Su primer negocio lo constituyó una botillería,  instaurada en pleno centro comercial de la ciudad. Su descendiente, nos señaló en entrevista que aquel negocio habría comenzando sólo con dos chuicas de vino. Desde ahí, Stoyan Vucina iniciaría a construir sus proyectos, entre ellos la conocida quinta de verduras ubicada en la calle 21 de Mayo en donde, posteriormente, instaló el “Hotel Vucina”. Su quinta, en un mediano plazo, sería unas de las principales proveedoras de la provincia, generalmente de las salitreras. Más tarde fundaría también una carnicería. De esta forma, su imagen dentro de la comunidad se iba consolidando, como así también se iba robusteciendo su admiración y agradecimiento por Tocopilla, puerto por el cual expresó diversas ideas de progreso.
El caso de Vucina también nos sirve para dar cuenta de las vinculaciones entre la tierra de origen y la tierra receptora. En la época de la Segunda Guerra Mundial, la tierra de origen sufriría muchos embates y tragedias, en su afán altruista, lo yugoslavos recibirían por parte de los que habían emigrado la suficiente ayuda, consistente en ropa y alimentos, los cuales eran adquiridos en Tocopilla. “En el caso de mi padre, recuerdo que no fueron pocas las veces en que prácticamente vaciaba algunas tiendas del puerto en donde se vendía ropa”, nos relata Dusanka Vucina. Toda esta acción solidaria de muchos croatas, mereció que fueran reconocidos por el mismísimo líder yugoslavo Josip Broz Tito, quien condecoraría con una medalla Estrella al Merito en una polémica visita que realizó Tito a Chile (Lučić, 2008:23). En el caso de Vucina, la imposibilidad del viaje a Santiago, entre otras cosas por la carencia de un frac o smoking, hizo que aquella medalla fuese entregada por el embajador de visita en Tocopilla, en octubre de 1963. De la misma manera el gobierno de su país natal lo nombraría “Cónsul Corresponsal de Tocopilla”(Vucina, 2009)  .
No obstante, los eslavos en Tocopilla fueron muchos, entre ellos las familias Peckovic, Cickovic, Panovic, Mandakovic, Marinovic, Budinich, Garafulic, Medar, Jordan, Rusin, Vlahovic, Buratovic, Vrabevic, Glasinov, Glasinovic, Bakulic, Ivanovic, Ljubetic, Busanich, Koscica, Franulic, Basic, Soré, casi todos comerciantes. Entre todos ellos fundarían el “Club Yugoslavo”, configurándose como el primer objetivo construir un gran local para sus actividades. Su meta vio la luz cuando cimentaron un inmueble de dos niveles y grandes dimensiones para la Tocopilla de los años 30. Este edificio, de estilo Art Decó Americano, conforma una de las esquinas más características del puerto. Por otro lado, cabe resaltar que las actividades de esta colonia poseían un fuerte rasgo cultural y artístico,  debido a que, constantemente actuaba en este local un grupo musical llamado “Kolo”, el cual interpretaba una serie de bailes, danzas, cantos y canciones o rondas de niños. Este grupo fue creado en 1939 en Antofagasta. Su debut en Tocopilla fue el 1 de diciembre de 1940. Posteriormente, también se presentarían otros coros, compuestos casi por los mismos integrantes del grupo anterior, pero este se denominaba “Yugoslavenski Zbor”(Garafulic, 2012). 
En gran parte los integrantes de esta colonia se dedicaron a la instauración de mercerías. Por citar un caso, tenemos la aún vigente y correspondiente a la sociedad Hermanos Mandakovic; entre ellos Milovan y Marino, oriundos de la Isla de Vis. Este impulso comercial y especializado de estos eslavos, igualmente fue reflejado en los Budinich con la Mercería Prat y la mercería de la familia Rederic. En el caso de la familia Mandakovic, el inmueble que erigieron, destinado a la mercería, es monumental dentro de su contexto arquitectónico local, surgido en 1929. Sin duda que la cimentación de grandes edificaciones refleja el emprendimiento de los inmigrantes, que en muchas ocasiones llegaron sólo con sus pasaportes, y que, con el correr de los años, fueron amasando capitales que luego se transformaron en grandes fortunas, expresadas, usualmente, en la gran cantidad de bienes raíces. En ese contexto la familia Mandakovic mantuvo un gran poder económico que abarcó varios rubros; poder económico resultado de esfuerzo, trabajo y también de especulación, con el evidente riesgo monetario para sus arcas, pero que generalmente fueron exitosos. Uno de sus integrantes, Juan Mandakovic, proporcionó el alumbrado eléctrico a la ciudad, desde 1912 hasta 1942. Él, junto a su socio Vlastelíca, instalaron una generadora de energía eléctrica exitosa y económicamente muy rentable. Otro caso de emprendimiento, podemos citar a Elías Cickovic Chorovich. En primera instancia, instaló una panadería. Entre aquellos sacos con harina dormían los croatas y serbios recién llegados  que poseían como capital, sólo sus pasaportes y documentos. Posteriormente, se aliaría con un primo, y conformarían la  Sociedad Cickovic y Cickovic; estos comerciantes construyeron otro fastuoso inmueble para instalar allí el gran almacén “El Barril Colorado” en 1932, negocio en donde se expendía una gran variedad de abarrotes y licores. Estos socios comerciales fueron grandes vendedores de víveres para el Estado, así ha quedado comprobado con la gran cantidad de facturas emitidas a la Gobernación en la crisis del 30. Estos socios del mismo modo crearon la compañía de seguros “La Yugoslava”, la cual estaba especializada contra incendios, riesgos marítimos y cesantía. Según uno  de los  bisnietos (Choc, 2011), estos comerciantes  siempre se les avisaban que a puerto llegaban  inmigrantes croatas. Cickovic siempre los mandaba a buscar, los acogía dándoles trabajo y enseñándoles el idioma.
El caso connotado es del filántropo Marko Medar, que nació en Metrovic el 2 de enero  de 1915,  llegando a Chile el 17 de marzo 1939. En su tierra natal fue técnico agrícola trabajando en los campos yugoslavos, principalmente en tiempos de vendimia. Llegó a Tocopilla, luego de su paso por Antofagasta, y fue en esta primera ciudad en donde comenzó a trabajar con su hermano Pedro. Luego se independizó y se desenvolvió como empresario panificador, a través de la recordada “Panadería Latorre” de calle Sucre. Sintió mucho afecto por estas tierras chilenas, apoyando una serie de instancias progresistas, entre otras; el “Espigón de Atraque”, la apertura del “Camino Costero”.  Su vocación de servicio, lo llevó a participar en connotadas instituciones, tales como el “Club de Leones”, “Tocopilla Sporting”, “Asociación de Industriales Panificadores”, “Club de la Unión”, “Cruz Roja”, “Club Chilenito”, “Club Yugoslavo” y la “I Compañía de Bomberos”. Se casó  con la Señora Fanny Garafulic Simunovic, también con ascendencia yugoslava y ex Directora de la Escuela Superior de Niñas N°2, con quien compartió 37 años de matrimonio. Junto ella fue posible cumplir su deseo de visitar su patria lejana, aquella que lo vio nacer, viajando en tres oportunidades a Yugoslavia. En su patria de origen conoció la guerra y el dolor provocado por la crueldad humana. Por esa razones, Marko Medar –aquel que admiraba al mariscal Tito– se convirtió en un filántropo. Muchas familias  recibían de su propia mano el pan de cada día entregado silenciosamente. Era muy admirado por su solidaridad, simpatía,  por sus consejos y por su historia de emprendimiento. Su vida también fue marcada por el futbol, llegando a ser entrenador de la Selección de Tocopilla, asimismo dirigente y arbitro. Su principal logro como entrenador fue llegar con su equipo en el año 1957 a las finales del Campeonato Nacional de Futbol, realizado en María Elena, en el cual obtuvo el segundo lugar ante el equipo de Peñaflor. Bajo su alero, fueron muchos los deportistas que lograron desarrollar su carrera (Garafulic, 2012)
Pedro Nicola Sore Berticevic fue originario de Supetar, que es el centro de tráfico y de administración de la isla de Brac. Su arribo fue en el año 1930, siendo Mejillones el puerto que lo recibe. Pedro venía en soledad y su objetivo estaba claro: buscar a su abuelo con el cual había perdido contacto. Los datos sobre su abuelo eran escasos, sólo sabía que trabajaba en las salitreras. Para emprender tan ardua misión los ahorros fueron primordiales y con ellos tuvo la capacidad y el capital para emprender el largo viaje. La búsqueda de su abuelo era un tema importante en la familia, además, su abuelo era el encargado de enviar remesas hacia Croacia. 
Al llegar el norte de Chile, aún no se vivían los estragos de la crisis económica de 1929, Tocopilla vivía los impulsos generados por el salitre y el apogeo económico estaba en su marcha. Tocopilla se convirtió en la oportunidad de emprender y surgir, conllevando un prospero porvenir. Por ello, su primer negocio, gran almacén, se llamó “El Porvenir” ubicado en la esquina de calle 21 de Mayo con Serrano. Local comercial comprado a Nikolas Bakulic. Poco a poco el negocio fue surgiendo obteniendo buenos frutos económicos a través de la distribución de confites, cigarrillos, etc. 
Una vez enraizado Tocopilla, Pedro Sore Berticevic nunca olvidó su isla natal, por ello mantuvo cada una de sus tradiciones, en especial la de sus comidas: las preparaciones con chucruth, su afición por el aceite de oliva en la mesa, sekeli gulas, punjene páprike, páprikas, orehnjaca, makovnjaca, entre otras. 
No obstante, frente a las hostilidades vividas en Europa por efecto de las guerras, Pedro Nicola no articuló un discurso en cuanto al retorno, contribuyó además las raíces engendradas en Tocopilla, lugar en donde se casó y tuvo hijos. 

Localidad desbordada
En estos territorios englobados actualmente en el Norte Grande chileno –incorporados a la nación a finales del siglo XIX después de los conflictos bélicos con los vecinos Bolivia y Perú– los habitantes nativos se transformaron en “extranjeros” para el Estado chileno. Se convirtieron en  “los otros” para Chile. Ante ello, en el proceso de “chilenización”, que en la práctica significó una transformación cultural profunda expresada en el cambio de nombre de las calles, la escuela pública, la iglesia y el ejército, la población nativa tuvo que huir. El año 1907 fue el que marcó el mayor numero de inmigrantes, alcanzando 4,2% de la población total, lo que expresado en números  alcanzó 134.524 habitantes, para el Departamento de Tocopilla se consignan a  266 peruanos y 511 bolivianos. En contraparte, en el mismo censo el guarismo referido a inmigrantes europeos es 755, cifras significativas en una población total que accedía a los 15.861 habitantes. No debemos olvidar que, a principios de siglo y hasta alrededor de la década del veinte, el hostigamiento hacia los peruanos y bolivianos por parte de las Ligas Patrióticas fue excelso. Estos grupos eran caracterizados por su xenofobia, racismo y nacionalismo que, reunidos a modo de paramilitarismo pandillezco amparados en el matonaje, se dedicaron básicamente a acosar y maltratar a peruanos y bolivianos residentes en el norte de Chile (González, et al: 1993). Por su parte, el censo de 1920, la población inmigrante nacional desciende a  120.436 representando alrededor del 3%.
Simultáneamente, todo este escenario de carácter multinacional acontecido en Tocopilla, en donde cada una de las colonias de migrantes europeos se encapsularon en sus actividades, fue la expresión de una ciudad fragmentada. Los tocopillanos convivieron con una brecha cultural y económica que los distanciaba. Un ejemplo de ello es el desarrollo del beisbol, deporte importado por los estadounidenses, quienes jugaban solamente con japoneses residentes en Iquique (Piñones, 2003). La marginación de estos campeonatos era evidente: a los niños locales sólo les quedaba contemplar estos eventos desde los cerros circundantes (Barrera, 2007).  
Es innegable que los grupos migrantes son más variados de lo que hemos expuesto aquí, en la medida en que centramos nuestra argumentación en solamente tres de los colectivos migratorios en Tocopilla. Entre  estos diversos colectivos, estaban alemanes; vinculados a las salitreras y sus tranques, como por ejemplo la figura de H. B. Sloman el líder hidroeléctrico en la cuenca del Rio Loa. Estaban también los ukranianos con sus paqueterías, como la familia Jodorowsky. Japoneses y sus peluquerías, como los Sato, Kubota, Nayashi. Sin olvidar a los franceses que vincularon Tocopilla mercantilista con el capitalismo europeo en el siglo XIX, como los hermanos Latrille. Los norteamericanos y sus poderosas termoeléctricas, los griegos con sus panaderías y lecherías. Asimismo, los españoles con el impulso minero en las cupríferas del poblado de Gatico. En este escenario, los tocopillanos fueron testigos de una inmigración que generó una acumulación financiera inédita en la ciudad. La tecnología casera, el acceso a los automóviles, la arquitectura monumental, los mejores juguetes, la adquisición de productos alimenticios exclusivos, la conservación de frutas y hortalizas en grandes refrigeradores durante todo el año, las actividades de ocio, las fiestas, las vestimentas importadas. En fin, muchos elementos que marcaron una gran diferencia entre el tocopillano, marcado por su morenidad, y el europeo de gustos ostentosos, a su vez diferenciador fenotípico con el autóctono. Acaso, ¿los tocopillanos se sintieron discriminados o desplazados en su propio espacio? Estos inmigrantes se transformarían en el transcurso de su estancia en empleadores de muchos tocopillanos, desbordándose en  la misma localidad. Transformándose en la elite local, vinculada a la política y empresariado. 

Fuga autóctona
Al momento del traspaso a la segunda mitad del siglo XX, los desequilibrios económicos conllevaron a una desestabilización de la economía local, en primer lugar por la mecanización de las faenas de embarque del salitre, en donde la tecnología reemplazó al hombre de modo feroz, dejando una estela de cesantía en 1961(Galaz-Mandakovic, 2009, 2012). Debemos sumar el cambio del modelo económico que consolidó una estructura de subdesarrollo, de asimetría de crecimiento, estancando la economía de Taltal y Tocopilla (Cademartori, 2010) una vez instaurada la dictadura (1973). A este ultimo punto, agreguemos la gestión del Estado y las políticas de mercado liberales que han favorecido a los grandes intereses económicos en desmedro de los pequeños productores, los favoritismos a la gran empresa, por lo general foránea, facilitando el llamado vicio de la concentración territorial, consistente en la acumulación de inversiones en una sola localización, generándose grandes polos de desarrollo desequilibrantes (Cademartori, 2010). Todos estos fenómenos económicos han derivado que gran parte de la juventud de Tocopilla emigre en busca de trabajo y estudios superiores, generando un estancamiento, y de pronto, decrecimiento poblacional. Se observa un fenómeno de fuga.  
Al mismo tiempo las crisis económica en la década del ochenta incentivaron a que muchos tocopillanos vieran en Europa el escenario para mejorar su estándar de vida. Ya existía el caso de algunas tocopillanas casadas con algunos marinos mercantes en Norrköping, Suecia. Marinos que visitaron Tocopilla en pleno auge de la exportación del salitre. Debemos agregar que, en el marco de la dictadura militar, forzó muchos tocopillanos al exilio. 
La configuración de una red social en Suecia, facilitó las redes migratorias. Aquella la podemos definir como el conjunto de relaciones interpersonales que vincularon a  los migrantes con parientes, amigos o compatriotas (Arango, 2003). Una red migrante, que puede ser definida como la estructura de relaciones sociales que instituirán la circulación de trabajo, capital, bienes, servicios, información e ideologías entre las comunidades emisoras y receptoras de migrantes (Zavala y Rojas, 2005). Estas redes fueron significativas porque transmitieron información, proporcionaron ayuda económica o alojamiento y prestaron apoyo a los migrantes de distintas formas. De variadas formas facilitaron la migración al reducir sus costos y la incertidumbre que frecuentemente la acompañaba (Correa; Jocelyn-Holt, et al, 2001). Esta red establecida en Suecia, indujo a la emigración a través del efecto demostración. En pocas palabras, vendría siendo un capital social, que en la lógica de Bourdieu sería el agregado de los recursos reales o potenciales que están unidos a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de reconocimiento y vinculación mutua. Ésta definición supone elementos como  el pertenecer a un grupo, y que el mismo posea propiedades comunes. Además de una vinculación permanente y estable (Bourdieu, 1991). Por ello, en la medida en que se trataba de relaciones sociales que permitían el acceso a otros bienes de importancia económica, tales como el empleo o mejores sueldos. Las redes establecidas entre Tocopilla y Norrköping constituyen un nivel relacional intermedio entre el plano micro de la adopción de decisiones individuales y el plano macro de los determinantes estructurales. Norrköping es una ciudad sueca en donde residen numerosos chilenos, gran parte de ellos son tocopillanos. Se ha estimado que serían un poco más de 3.000 tocopillanos. Significativa cifra en proporción con la población actual de Tocopilla: 23.986 habitantes (Censo 2002). Por tales motivos, ellos se han configurado como la colonia latina más numerosa en aquella ciudad nórdica (Camacho-Padilla, 2008) “así llegó a Suecia un nuevo prototipo de chilenos”, marcados profundamente por el exilio y la crisis económica de los ochenta. “El caso más singular ocurrió con la ciudad de Tocopilla, ya que varios miles de sus habitantes se desplazaron a la ciudad de Nörrkoping, al sur de Estocolmo” (Camacho-Padilla, 2008:8)
Estos paisanos han intentado reproducir la cotidianidad tocopillana en el país de destino. Hablan incluso de “Tocoköping” (Alegría, 2012), parafraseando los nombres de las ciudades de origen y recepción. Han creado redes sociales significativas entre ellos, todo en base a la nostalgia vivida por su tierra natal. En ese sentido, las relaciones situacionales establecieron conductas manifestadas en sus sentimientos, pensamientos y acciones, que se verifican entre los actores de la red. Es lo que Pierre Bourdieu denominó como habitus, constituyentes de  “principios generadores y organizadores de prácticas” (Bourdieu, 1991: 928). Han instalado radioemisoras que permiten la conectividad con Tocopilla, recrean las fiestas locales, tales como el aniversario del puerto salitrero, el 29 de septiembre. A su vez, la comunicación fluida, ha permitido la cooperación y filantropía con los tocopillanos que requieren implementos e insumos de salud. Igualmente, es permanente la ayuda económica hacia instituciones altruistas. Del mismo modo, cada uno de ellos ha regresado a Tocopilla en alguna fecha relevante, ya sea para desfilar en el aniversario de la ciudad, o visitar familiares, o bien, viajar en enero y febrero para superar el riguroso invierno sueco (Alegría, 2012). En esta conexión, en el ir y venir, que experimentó Tocopilla con Norrköping, se ha configurado una descendencia de suecos con padres tocopillanos, siendo la tocopillaneidad un rasgo fuerte, consolidado y melancólico, practicado a través de la cotidianidad y, quizá, la configuración de un discurso expresivo del mito del retorno. En ese sentido, la eventualidad del retorno, con independencia de su ejecución, viene a generar una particular memoria y expectativas respecto de los contexto de origen, que como sabemos no siempre guardan relación con las transformaciones que éstos sufren (Garcés, 2003). Se demuestra del mismo modo, practica que expresan transnacionalidad,  como una forma de extender la patria original, dislocando así los paradigmas positivistas  estructuralistas y funcionalistas que sólo se orientaban hacia la asimilación y aculturación de los migrantes (Moctezuma, 2008). En el decir de un quinteto de historiadores nacionales (Correa; Jocelyn-Holt, et al, 2001:318), apuntan a que,
"...si se trata de conocer el alcance que podría cobrar el exilio en cadena, ningún ejemplo es más ilustrativo que el de Tocopilla. (…) con la llegada de nuevos tocopillanos se continuó y acrecentó la magnitud migratoria, al punto que después de 3 a 4 años, gran parte del pueblo residía en Norrköping, desde panaderos y empleados municipales hasta prostitutas. Lo notable es que ahí se reprodujo, con alteraciones muy menores. El orden cotidiano de la vida tocopillana previa al golpe, toda vez que propendieron a reconstituir jerárquicamente políticas y las divisiones de los trabajos originales. El caso del basurero municipal de Tocopilla que pasó a desempeñarse en una empresa de compresión de basura, tipifica una tendencia general a ocuparse en actividades análogas a las realizadas antes de emigrar. Como era de suponer, la presencia de esta comunidad de Chilenos, paisanos en sentido estricto, ha dejado su impronta en la vida de Norrköping, pueblo que hoy ostenta calles alusivos a Chile"(Correa; Jocelyn-Holt, et al, 2001:319). 
El tema de los tocopillanos en Norrköping está trazado a modo exploratorio para el incentivo de un estudio más acabado y detallado sobre la presencia de tocopillanos en Suecia, no obstante, la identificación no debiese ser tan generalizada como lo fue el censo realizado en el año 2005 por el Instituto Nacional de Estadística (INE) junto con la Dirección de Chilenos en el Exterior (DICOEX),  que sólo identificó “chilenos” sin considerar sus ciudades de origen natal o de procedencia. Omitiendo, quizá involuntariamente, la indagación sobre estos fenómenos específicos.
Finalmente, podemos afirmar que existe una conexión de sentido entre la inmigración internacional que alcanzó Tocopilla en la primera mitad del siglo XX y la existencia en la actualidad de flujos migrantes que parten de Tocopilla hacia otros puntos del globo, en la restante mitad del mismo siglo. Ésta migración ayudó a constituir un imaginario migrante entre los que viven en Tocopilla, lo que les dispuso de un capital social específico en relación a la migración ,y que luego ayuda a dar forma y contenido a las migraciones que los tocopillanos realizan en la segunda mitad del siglo XX. En ese sentido, hemos dado cuenta de experiencias sociales de un pasado no tan distante, de un pasado vivido, en un referente empírico experimentado por la comunidad, que luego son recuperadas en un mundo global. Se podrá rebatir a través de la afirmación que, las fuerzas de la globalización pueden haber facilitado esta “internacionalización” de Tocopilla hacia el norte de Europa. No obstante, también es innegable que las personas no hubiera migrado si no fuera por la diversidad vivida en la cotidianidad local, a la postre derivador de una historia local significativa, de ser una ciudad de inmigrantes y de desplazados. 
Desde este enfoque, nos aproximamos a una perspectiva histórica con la explicación de los procesos del presente; de un imaginario  que explica lo local por lo global y lo global por lo local.

Agradecimientos: a la Dra. Menara Lube Guizardi, por sus pacientes lecturas, indicaciones y  valiosas sugerencias.  


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Entrevistas citadas

J.A. 
2012 (Anónimo) Tocopillana, de 78 años,. Jubilada, laboró durante toda su vida en empresa vinculada a la exportación de salitre. Entrevista realizada en Tocopilla, en marzo de 2012.

Alegría, Ismael. 
2012 Tocopillano nacido en 1953. Residente en Norrköping desde la década del 70. Topógrafo. Entrevista realiza en Tocopilla en julio de 2012. 

Aste, Dino. 
2011 Tocopillano, nacido en 1930, empresario jubilado y dirigente social,  hijo de italianos. Entrevista realizada en Tocopilla en  diciembre del 2011. 

Barrera, Amelia. 
2007 Ovallina, nacida en 1911, fallecida en 2010. Dueña de casa  y residente en Tocopilla desde 1929 hasta 2010. Entrevista realizada en Tocopilla en febrero 2012. 

Choc, Jorge 
2011 Viñamarino, nacido en 1970. Descendiente de serbios. Entrevista realizada vía on line en octubre del 2011. 

Fernández, Sergio 
2010 Tocopillano, nacido en 1930. Jubilado, toda su vida estuvo vinculado a empresa exportadora de salitre.  Entrevista realizada en Tocopilla en diciembre del 2010. 

Garafulic, Fanny 
2012 Nacida en Antofagasta en 1930, residente en Tocopilla desde 1951. Descendiente de croatas, profesora con cargos directivos jubilada. Entrevista realizada en Tocopilla en abril de 2012. 

Gho, Wolfang 
2009 Nacido en Santiago, descendiente de italianos. Trabajador en el área minera. Entrevista realizada en Tocopilla en agosto del 2009. 

Martínez, Gonzalo  
2009 Tocopillano nacido en 1940, fallecido en septiembre 2011. Investigador autodidacta de la historia local, recopilador fotográfico y documental. Entrevista realizada en Tocopilla en diciembre 2009. 

Sore, Yanko 
2012 Tocopillano nacido en 1964, empresario hotelero y gastronómico, nieto de Pedro Soré Bertivecic. Entrevista realiza en agosto 2012.

Vucina, Desanka  
2009 Tocopillana, descendiente de croatas, empresaria jubilada. Entrevista realizada en Tocopilla  en marzo del 2009. 


Archivos Consultados

  • - Archivo  Gobernación de Tocopilla. 
  • - Archivo Cámara de Diputados. Disponible en http//historiapolitica.cl. Acceso Mayo 2012
  • - Instituto Nacional de Estadísticas, Datos Censo (2002) Gobernación Provincial De Tocopilla. 
  • - Archivo La Estrella de Tocopilla, Diario “La Prensa De Tocopilla”, Ediciones de Octubre 1982.




Recibido: 01 de junio de 2012

Aceptado: 06 de septiembre de 2012


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