Barrio Moderno tocopillano, respuesta biopolítica del Estado (1939-66)




PONENCIA 

Resumen



En Tocopilla, a contar del segundo lustro de la década del treinta, se vive el florecimiento de una arquitectura moderna, expresada en la cimentación de un barrio patrimonialmente significativo, compuesto por el Hospital Marcos Macuada (1941, demolido 2009).  Los Edificios Colectivos de la Caja del Seguro Obrero Obligatorio, diseñado por el reconocido arquitecto Luciano Kulczewski (1941). Además de la Escuela Superior de Hombres N° 1 y la Escuela  Superior de Niñas N°2, ambas proyectadas por los arquitectos José Aracena y Gustavo Mönckeberg, a través de la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales, en 1941-43, sumándose, a finales de la década del 50, el Liceo Latrille proyectado por Carlos Albretch. Se adhiera a lo anterior, la Torre del Reloj donado por la Cámara de Comercio y la construcción de la Población Emilio Sotomayor, implementada por la CORVI en 1966, proyectada por el arquitecto Hugo Rivera.

Como arquitectura del Movimiento Moderno, la clave es la racionalidad. Sus rasgos se encaminaban a superficies lisas, sin ornamentos, paños continuos, siendo la crítica hacia los estilos pasados y anacrónicos una lógica invariable.
Según lo explicitado por Le Corbusier, en base a las cinco posibilidades de este estilo, están las ventanas apaisadas totalizadoras, quebrasoles, la planta libre, los pilotis, estructuras independientes de las fachadas y las terrazas. Impera el hormigón armado, destacando la pureza de sus volúmenes rectangulares con arista en canto vivo, ventanas rectangulares, rehundidas, cubiertas superiores planas, predominio de la opacidad de sus muros exteriores, pasillos perimetrales interiores de circulación para acceder a las distintas dependencias, aportando al recorrido sombreados entre los distintos niveles de los edificios; característica primordial de las construcciones para la zona desértica del norte de Chile.
Este lenguaje arquitectónico, expresión de un cronotopo, puede ser leído desde cuatro puntos de vista. El primero de ellos es su inscripción urbana. Porque en este conjunto se archiva una época en que Chile se planifica con un concepto moderno el crecimiento de las ciudades, incluyendo una estructura urbana que se aprecia hasta hoy y que sobresale por contener un núcleo de edificación pública construida sobre el Plan de Ensanche para Tocopilla, diseñado por el urbanista austriaco Karl Brunner Von Lehenstein en 1929 y posteriormente desarrollado por su discípulo Luis Muñoz Maluschka.

En segundo lugar, su lectura histórica y social de este barrio nos orienta hacia la concentración de obras construidas por el Estado en una representación de las políticas estatales de vivienda, educación y salud. Es testimonio de un Estado se ocupó con especial énfasis de los habitantes del norte de Chile, en un momento de crisis salitrera.

La tercera lectura de este barrio, podemos centrarla en su dimensión y relevancia arquitectónica,  porque representan la consolidación de la Arquitectura Moderna en Chile, con una profunda esencia social, manifestando una nueva forma de habitar centrada en la salubridad, confort y el proyecto de potenciar la calidad de vida.

No obstante, una cuarta lectura hermenéutica, nos sitúa en una arquitectura que representa a un Estado que destina sus energías hacia el control social. Edificios máquinas basados en una esquematización desde el poder sobre la vida, centrado en la disciplina sobre los individuos y control sobre las poblaciones, con la entrada de lo biológico, de las corporalidades en el campo de lo político.

Este barrio, como reacción a un descontrol, podemos leerlo como un instrumento para gestionar y administrar la vida estatizada, mediante una serie de dispositivos. Michel Foucault (1990, 2000) nos dice, que el biopoder y sus dispositivos se interesan por el urbanismo, por la gestión de las epidemias, por la higiene, es decir por la vida-cuerpo de la población. Ya no se trata de castigar sino también de medicalizar, de higienizar, de controlar la salud, la demografía, la agrupación, los alimentos, etc. y para eso, en lógica normalizadora, el poder necesita de la estadística, como ciencia del Estado, en un paternalismo exuberante sobre las corporalidades y las familias.

El Estado fue tras la vigilancia de una masa poblacional que, fruto de la cesantía, había dejado las estructuras de domesticación social conocidas en la pampa salitrera que cumplían función de inspectoría. Una estrategia centrada en el cuerpo fiscalizado como medio a un objetivo de domesticación mayor. En un racismo de Estado, de un Estado omnipotente y Pastor.
Un barrio moderno que, basado en la funcionalidad y en la practicidad, porque “lo que funciona bien es bello”, se expresa en una cita al panóptico, sirviendo como laboratorio de técnicas para modificar la conducta o reeducar a los individuos, por lo que no sólo es un aparato de poder, sino también de saber. Surgen de este modo, arquitecturas como máquinas pedagógicas, máquinas de acción médica y las máquinas de domesticación colectiva, y en un costado, un reloj monumental, interpretado como dispositivo del orden, disciplina y control, esencial para la eficiencia en el trabajo y la revisión cronológica social. 

Comentarios