Mar, plazoletas y perros.



Una postal recurrente  de la realidad actual tocopillana. De fondo el mar con la lista infinita de barcos que recalan en el puerto para venir a buscar salitre y otros para venir a dejar el carboncillo. Se entrega lo blanco y se recibe lo negro. Se entrega el fertilizante nitrato y se recibe el combustible, quizás fertilizante de los canceres veloces que acontecen en el puerto. Vemos también, el principio de un Molo destinado para la construcción de una playa artificial en el sector El Panteón. El proyecto sucumbió en la artificialidad, y la empresa huyó.
Los perros vagos, por docenas, que merodean y se reproducen en las plazas depositarias de escombros,  árboles muertos y pasto extinto. Las áreas verdes ya son parte de la memoria y parte de la ansiedad  latente de la comunidad que las reclama. Las plazoletas se hunden con los “bombardeos” grafiti estilo TAG a cargo de jóvenes rayadores, expresando lo inleible…en fin, sólo esperamos que no se extinga la esperanza de ver nuevamente el apogeo de nuestro alicaído puerto; aquel del terremoto persistente.

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