Lazareto

Dentro del apogeo de enfermedades que amenazaban a la ciudadanía tocopillana en el inicio de la década del treinta, las autoridades comenzaban a pedir ayuda, debido a que cada día que pasaba se iba amplificando la lista de aquejados. El aislamiento de los afectados era la mejor alternativa existente para la época, ya que en las circunstancias de inmundicia de las poblaciones obreras, era imposible prevenir, por ello lo mejor era sacar al enfermo o al infectado e instalarlo lejos, siendo para ello el lazareto una buena opción, pero desde el cual muy pocos se salvaban, debido a que generalmente el contagio o la enfermedad se agravaba al tener contacto con personas mayormente enfermas o por el contagio a través de utensilios mal lavados.

Ya en el año treintaiuno existía en la ciudad, en tiempos de Juan Fuenzalida, Gobernador y Alcalde a la vez, el presupuesto de cinco mil pesos para la construcción de un lazareto, el cual se construiría “...al costado norte del nuevo cementerio, por ser una lugar alejado de la urbanidad y por el ahorro de costo i bajo peligro de trasladar a los futuros muertos de epidemias en las cercanías del nuevo cementerio...” 44

Este Lazareto –en donde funcionó durante muchos años el Centro Champagnat- sería para aislar en primera instancia a todos los infectados de la peste bubónica o levantina, la cual cobraría la vida de decenas de tocopillanos. Pero, llama la atención el utilitarismo en la mentalidad de la autoridad; un lazareto cerca del cementerio… seguramente para ahorrar gastos en el traslado de los muertos.


44 Archivo de la Gobernación de Tocopilla, carta enviada por el Alcalde-Gobernador al Intendente, 7 de enero 1931.

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