Auge armamentista.

1932
Un efecto colateral que tuvo el desabastecimiento, fue la gran lista de solicitudes para obtener permiso de uso de armas de fuego. Principalmente eran comerciantes, quienes temían por su seguridad física no solo de ellos sino también de sus familias.

Los negocios eran “vigilados” por algunos matones, quienes debían cerciorarse de las supuestas indagaciones de funcionamiento de los locales comerciales realizadas por algunos sospechosos; el factor de la sospecha provocó muchos malos entendidos; la psicosis del robo y saqueo en los negocios era bastante frecuente. Asimismo la sensación de inseguridad por parte de quienes eran comerciantes era evidente como así también de los que poseían una situación no tan precaria.

Los permisos eran otorgados por el Gobernador, quién, luego de una consulta a Carabineros, implicando la petición de un detallado papel de antecedentes, evaluaba la solicitud, no sin antes averiguar las condiciones socioeconómicas de los solicitantes. El arma más codiciada era la pistola marca Browings. También eran bastante requeridas las carabinas Winchester de calibre 44 y los revólveres Smith y Wesson de calibre 32.

Ilustrativo es citar el caso de un sastre domiciliado en calle Sucre y de nombre Rómulo Barrera Clavería, quien expresaba lo siguiente“…la calidad misma de mis actuaciones comerciales me obligan a una precaución necesaria en defensa de mis intereses, que muchos años de trabajo me ha costado, con el agregado de mi invalidez, careciendo de una de mis piernas y ciertas manifestaciones en contra de mi negocio (...) poseo una pistola, y deseando colocarme dentro de las disposiciones legales sobre la materia...” 35

Otros casos de solicitudes son elevados por muchísimos guardias salitreros, como asimismo algunos vigilantes de negocios ubicados en Tocopilla como en Quillagua. Un vigilante de la oficina María Elena solicitaba permiso para “...protegerse de cualquier atentado de que pueda ser objeto por jente maleante que merodea María Elena...” 36

Estos permisos eran otorgados por un año, pero este plazo no siempre era cumplido y era sabido que este permiso por lo general era de tipo vitalicio. Sólo una vez se decretó la cesación de este permiso con motivo de las elecciones de senador en abril de 1932, para luego reanudar su funcionamiento. El incremento de armas en Tocopilla fue una realidad masificada, al punto que al correr el año 1932 los comerciantes ya no eran los únicos portadores, del mismo modo, aunque ilegalmente, muchas pandillas comenzaron a armarse, no siendo pocos los asesinatos acaecidos. Uno de ellos ocurrió frente al matadero, sector marginal en la época, en donde una pareja de asaltantes mató a quemarropa a dos personas que supuestamente eran adinerados, ésta inferencia la habrían hecho por las vestimentas que portaban. Sin embargo, luego se sabría que esta pareja asesinada había cometido un asalto y que al no encontrar dinero optaron por robar la ropa de las víctimas. A los muertos también se les encontró armas.

35 Archivo de la Gobernación de Tocopilla, solicitud N° 16 elevada a Carabineros con copia a la Gobernación, enero 1932.
36 Archivo de la Gobernación de Tocopilla, solicitud N° 45 elevada a Carabineros con copia a la Gobernación, marzo 1932

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