Pescadores y dinamitas


Los pescadores de antaño tuvieron la heredad de contar con un mar que siempre era bondadoso con los recursos: había menos contaminación y no existía la pesca por arrastre realizadas industrialmente. Como dicen los viejos de Tocopilla “antes, había harto pescado…”.

A pesar de aquello, los pescadores tocopillanos recurrían en una ilegalidad muy peligrosa para ellos, para el ecosistema y para los consumidores. Estamos hablando de la práctica de pescar con dinamita.

Un veterano de estas lides nos dice: “Lo único bueno que se puede decir acerca de la pesca con dinamita es que toma menos trabajo a los pescadores”.

La carga era arrojada al mar y al hundirse hacia explosión, obligando a los peces a subir a la superficie, casi todos muertos. Una vez flotando, eran fácilmente capturados. De esta manera los faluchos, chalupas y cachuchos capturaban grandes masas de pescados.

Pero por otro lado, la pesca con dinamita exterminaba a todas las demás vidas que existían en el mar, como el plancton e invertebrados. La pesca con dinamita era un real crimen ecológico.

Una manera de verificar cuando un pez había muerto por causa de una explosión de dinamita era  el momento en que los consumidores abrían sus agallas. En algunas ocasiones el impacto de la explosión era tan fuerte que las agallas se encontraban licuadas y con un aspecto semejante al puré.

Se decía que, los pescadores estaban coludidos con los pirquineros, ya que estos, supuestamente, les facilitaban el acceso a las dinamitas. La policía que siempre sospechaba, sólo operaba y desarticulaba en pocas ocasiones verdaderos contrabandos.

Gracias a una serie de documentos extraídos del archivo de la Gobernación, constatamos con regularidad la práctica de este tipo de pesca.

El 23 de febrero de 1943 aparecía una noticia en el diario “El Popular que señalaba un masivo envenenamiento de personas que consumieron pescado dinamitado. Frente a ello, Carabineros envió un oficio a la Gobernación solicitando que sería “conveniente, a fin de que el señor Inspector Sanitario que tiene a su cargo el control y venta del pescado, examine diariamente estas especies, antes de su venta, el cual será asesorado por personal de Carabineros”. [1]

Por su parte el Gobernador suplente, Pedro Oyarzún, le envía carta al Alcalde Víctor Contreras Tapia señalando que le correspondía a la Municipalidad fiscalizar lo que ocurría en el muelle, según el Código Sanitario vigente en aquella época.
La polémica aumentaba al saberse que eran más de una veintena los intoxicados por los pescados, mientras tanto en la Gobernación ocurría un cambio, asumía Adolfo Márquez.

Al mismo tiempo asumía un Alcalde suplente, Carlos Varas Chacana. Este último, le responde a la Gobernación y señalaba que se “arbitrarían serías medidas que corresponderían a la Municipalidad, sobre el particular caso” [2]

El mismo personero decía que, el Médico del Departamento de Sanidad Municipal, revisaba todo el pescado en un galpón, “la revisión es estricta por el inspector Sr. Luis López (…) pero el pescado que llega de Gatico o de otros puntos no se revisa, por los interesados, a pesar de tener la obligación de presentarse ante el señor López para su inspección, no lo hacen, y lo mismo sucede con algunos pescadores que a horas en que el galpón está cerrado salen con el pescado sin su revisión y lo entregan a los revendedores o rematadores.”[3]

El nuevo Gobernador le escribió al Prefecto de Carabineros y le indicaba: “La fiscalización en este caso, corresponde a Carabineros, que es quien debe exigir a toda persona que venda o trafique con pescado, la boleta respectiva de la inspección”.[4]

En fin, para las autoridades locales eran confusos sus roles y atribuciones, como así también sus competencias. Entre ellos se tenían que estar recordando sus misiones y sus obligaciones, mientras la ilegalidad de la pesca con dinamita dejaba más intoxicados.

Se sumaba a estos problemas, los escasez de personal fiscalizador. El mismo Alcalde suplente, Carlos Varas, decía que “…a este departamento le sería imposible responsabilizarse del estado sanitario de todo pescado que se venda, por cuanto no posee suficiente personal para ello; el inspector López, que está a cargo de este trabajo, debe atender también el público en la Municipalidad, mañana y tarde, más aun, en la actualidad que el otro inspector Sr. Montserrat está desempeñando las funciones de Administrador del Matadero y de veterinario.”[5.

Se sumaban también las excusas de la inoperancia.

No obstante, este peligroso método de pesca, dejó a varios pescadores con sus extremidades mutiladas; algunos quedaron sin manos, sin brazos o sin piernas y más de alguno murió en esa imprudente forma de pescar. Y otros tantos consumidores sufrieron grandes malestares estomacales.

[1] Oficio enviado por el Juvenal Garrido, Tte. Coronel de Carabineros en Tocopilla. Archivo Gob. Tocopilla. Oficio N° 156, 24 de febrero 1943, s/f.
[2] Oficio enviado por el Alcalde Varas Chacana al Gobernador de Tocopilla. Archivo Gob. Tocopilla. Oficio N° 40, 26 de febrero 1943, s/f.
[3] Ibídem.
[4] Oficio enviado por el Gobernador al Prefecto de Carabineros en Tocopilla. Archivo Gob. Tocopilla. Oficio N° 164, 27 de febrero 1943, s/f.
[5] Oficio enviado por el Alcalde Carlos Varas Chacana al Gobernador de Tocopilla. Archivo Gob. Tocopilla. Oficio N° 40, 26 de febrero 1943, s/f.

Comentarios