Marineros de la Plaza


Tocopilla es una de las pocas ciudades de Chile que posee en su Plaza de Armas una tumba con marineros participantes en el triste Combate Naval de Iquique. Sin embargo, detrás de esta historia, se esconde un hecho vergonzoso: los marineros sepultados en la Plaza Condell son Blas Segundo Téllez y Felipe Ojeda. En primera instancia, los cuerpos de estos marinos habían quedado abandonados en el Cementerio General de Tocopilla, en donde hoy está apostado el Diamante de Béisbol. El escritor naval Homero Hurtado Larraín, autor de “Grandes Almirantes” escrito en 1935, cuenta en su libro que, en 1920, formando él parte de la dotación de oficiales del crucero “O’Higgins”, tuvo el honor de recibir en el muelle Bellavista los restos mortales del cirujano Pedro Regalado Videla, muerto en Iquique el 21 de mayo de 1879 a bordo de la “Covadonga”. Reliquias que, traídas desde Tocopilla, fueron depositadas posteriormente en el Monumento a la Marina en la Plaza Sotomayor de ese puerto. 

En su interesante relato señala que posteriormente, en 1929, retirado ya de la Marina, ocupaba un empleo dentro de la industria salitrera en el puerto de Tocopilla. En ese tiempo, dice que “…el trazado de salida a la pampa exigió demoler parte de los nichos del antiguo cementerio y entonces un funcionario del Registro Civil en conocimiento de mi condición de ex uniformado me anunció que había encontrado dos restos humanos en dicho lugar los que por estar envueltos en coyes de tripulación (especies de hamacas) y cubiertos por la bandera chilena, suponía que habían pertenecido a la Armada”. Pasado el tiempo, se declararon plenamente identificados estos restos, los cuales correspondían al marinero mayordomo Ojeda y al grumete Téllez, sepultados allí junto al cirujano Videla por la cañonera “Covadonga” en su precipitado viaje desde Punta Gruesa a Tocopilla, Cobija, y Antofagasta.

 La identificación de estos maltrechos cuerpos conmovió a todos, y vista la influencia de la Marinería y al reconocimiento de la indiferencia y menosprecio ejercida hacia estos marineros, se logró en 1936 ubicar a estos cuerpos en el “lugar de honor de la Plaza Condell”, siendo esta nueva ubicación la motivación para que todos los 21 de mayo se les rinda homenaje. No obstante, este caso revela que los marineros rasos fueron prácticamente ignorados y sus cuerpos abandonados, no así como las figuras de los oficiales que fueron elevados a una categoría casi divina una vez fallecidos. Lamentablemente, los sobrevivientes de estos pesares bélicos, dejaron de existir en una completa soledad, sin deudos para requerir sus cuerpos, siendo no pocos los arrojados a la fosa común, sin nombres, ni pasado.

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