Francisco Latrille.

Un investigador esmerado y la Destrucción de su Obra.

El hijo mayor de Domingo Latrille fue Francisco Latrille Petisco, de profesión ingeniero. Entre otras cosas, fue jefe del Laboratorio Químico Mineralógico que el Gobierno de Bolivia tuvo en los primeros años en Antofagasta. Fue químico de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, Administrador de las minas y establecimientos mineros de Sagasca y Yabricoya en Tarapacá, administrador de la Oficina Salitrera «Sacramento del Sur», de propiedad del Banco Mobiliario, de las minas San Cristóbal y Jefe del Laboratorio de análisis de la planta beneficiadora de Playa Blanca, en Antofagasta, que en su tiempo fue el establecimiento metalúrgico más connotado del conosur.

Su descendiente Eduardo Owen Palma, nos ha enviado interesantes datos rescatados del libro La Jeune Amerique. Chili et Bolivie, del escritor frances André Bellesort, publicado en 1897. (Páginas 91-92).

Como lo dijimos, Francisco Latrille realizaba trabajos químicos en Playa Blanca, cerca de Antofagasta y era definido como un amante del desierto. Vivió un cuarto de siglo investigando la tierra que lo acogía, emanando de ello, sesudos estudios. El autor francés nos cuenta que; conoce todos los yacimientos, todo los secretos que encierra; levantó de él un plano que me parece una obra maestra de paciencia, (…) ha escrito su historia en revistas científicas, sin otra recompensa que el placer de hacerlo; ha enumerado las riquezas sin otra finalidad que la de prestar servicios a la ciencia; es un laborioso, probo, sin ninguna vanidad, pero orgulloso… y pobre.”

Sin embargo, gran parte de su obra tendría un trágico destino, producto de la irracionalidad, la ignorancia de los pseudos revolucionarios de 1891.

Latrille disponía una obra sobre Atacama y había aglutinado para ello una gran colección de todos los minerales de la provincia. Todo Producto de muchisimos años dedicado al estudio.

Compuso un primer informe que fue exhibido en una exposición de Santiago y que le valió un diploma de primer premio y una medalla de oro. Se le envió el diploma pero, curiosamente, la medalla no llegó.

Frente a esto, le escribió al gobierno de Balmaceda (1886-91) que le respondió que lo autorizaba a acuñar él mismo la medalla de oro, la que tendría que pagar con sus economías. Los ojos ingenuos de Latrille reflejaron una inmensa sorpresa.

Poco tiempo después de este percance, el congreso chileno presentó sería desavenencias con el gobierno y la revolución contra Balmaceda, reventó. Se enfrentaban la marina y el ejército en una guerra fratricida.

Nos cuenta el francés que, “En los períodos insurreccionales los americanos no respetan nada, ni siquiera las residencias de los extranjeros, sobre todo cuando éstos no están cubiertos por la protección inmediata de sus plenipotenciarios. Entraron donde Latrille y el primer objeto que llamó la atención de los revolucionarios fue su diploma firmado del puño mismo de Balmaceda.”

He aquí cuando surgió una terrible confusión “Los imbéciles creyeron estar en presencia de un Balmacedista, destruyeron su colección, hicieron añicos sus papeles y partieron felices con su hazaña. Habían despachado hacia la nada el resultado de diez años de labor y de inteligencia. Latrille se puso de nuevo al trabajo, pero cuando cuenta este acto de vandalismo, su voz tiembla levemente. No podrá comprender nunca que esos hombres hayan podido ensañarse con su obra inofensiva.”

Una obra destruida por la rabia, la impetuosidad y el paroxismo. Todo producto de lejanas luchas de poder en Chile. Obra, en la cual había puesto en ella sus observaciones de investigador y su alma de viajero romántico de las grandes soledades, se destruía y quedaba en la nada.

Felizmente la memoria de Francisco Latrille, se hacia letra a través de sus publicaciones en El Mercurio de Valparaíso.

-Agradecimientos a Eduardo Owen, tocopillano residente en Australia.

.

Comentarios