Tienda Ukrania: la casa de Alejandro Jodorowsky


















En 1928 llegaba Jaime Jodorowsky, ucraniano neto que había sido trapecista de circo, cuenta el mismo Alejandro que “se colgaba del pelo”.  En la Casa Ukrania,  vivió Alejandro Jodorowsky Prullansky entre 1929-39.
De su infancia, siempre recuerda que, sus padres trabajaban todo el día en su negocio, Casa Ukrania, en donde vendían los productos que adquirían en el puerto que los marinos traían por contrabando en los vapores salitreros: medias, géneros, tenedores, tijeras, hilos, pañuelos, etc.
Jaime Jodorowsky  colmó las estanterías del local con cajas de cartón por donde asomaba la muestra de lo que contenían, una punta de calcetín, un pliegue de medias, un extremo de manga, el tirante de un sostén. El negocio parecía lleno de mercadería, lo que era falso, porque las cajas, vacías, sólo contenían el pedazo que asomaba.
Para despertar la apetencia de los clientes, en lugar de vender artículos por separado, los organizó en lotes diferentes. En bandejas de cartón exhibió conjuntos compuestos, por ejemplo, de un calzón, seis vasos, un reloj, un par de tijeras y una estatuilla de la Virgen. O bien un chaleco de lana, una alcancía con forma de chancho, unas ligas con encaje, una camiseta sin mangas y una bandera comunista. Todos los lotes tenían el mismo precio.
Puso frente a la puerta, en medio de la vereda, a exóticos propagandistas. Los cambiaba cada semana. Cada cual, a su manera, ensalzaba a voz en cuello la calidad de los artículos y lo baratos que eran, invitando a los curiosos a visitar la tienda. Entre otros, un enano con traje tirolés, un flaco maquillado de negra ninfómana, una mujer en zancos, un falso autómata de cera golpeando con un bastón el cristal desde el interior de la vitrina, una momia y también un gritón con tal vozarrón que se oía a la distancia.
Según Jodorowsky, todos esos personajes dispuestos a trabajar en aquellos singulares oficios, no eran más que mineros cesantes y hambrientos. Los mismos que con tanto agudeza e ingenio se las rebuscaban para inventar disfraces, usando para ello sacos y todo artilugio recogido en los basurales. Las mascaras y las capas, las faldas, tenían que surgir de aquellos menoscabados elementos. “hubo uno que llegó con un perro sarnoso vestido de huaso que podía danzar cueca alzado sobre las patas traseras; otro ofreció una nene –guagua- que daba chillidos de gaviota.” Sin duda que debe haber existido un espectáculo bastante bizarro y estrafalario.
Otro detalle que nos cuenta el psicomago, está referido a que  “Junto a la puerta de la Casa Ukrania había un corto eje donde se incrustaba una manivela que servía para subir o ba­jar la cortina de acero. Allí venía algunas veces a frotarse la espalda el Moscardón. Lo habían apodado así porque en lugar de brazos mostraba dos muñones que agitaba, según los burlones, como alas de insecto. El pobre era uno de los tantos mi­neros que en las oficinas salitreras habían sido víctimas de una explosión de dinamita.”[1]
El psicomago Alejandro Jodorowsky;  innovador  en  la  escena  teatral, rupturita  en  la forma  y contenido,  actor, artista  del comic,  cineasta vanguardista, cientista esotérico,  tarotista y  novelista  que  incluyó  en  su obra el  espíritu  de  su  amado  Tocopilla, la pequeña aldea nortina.  Jodorowsky,  ha  declarado "para  mi,  Tocopilla es  la  raíz. Para  mi infancia,  Tocopilla  fue  el  paraíso".
Fotografías: (2) La Danza de la Realidad: Jodorowsky (2005)- (1-2) La Prensa de Tocopilla



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