Mina La Despreciada

La explotación de la Mina Despreciada dio origen a La Compañía Minera de Tocopilla S.A. la cual se constituyó legalmente el 29 de noviembre de 1919, en los terrenos de la Tocopilla Cooper Mining and Smelting, explotando inicialmente sólo minas de su propiedad ubicadas en el llamado complejo minero Minita-Despreciada, al norte de la ciudad de Tocopilla.

Aquello dio pie al poblamiento masivo de aquel alejado lugar, siendo también testigo de una de las grandes obras de ingeniera que existió en Tocopilla: EL ANDARIVEL. Tambien de una gran tragedia: el aluvion de 1940

El arte también llegó a estos parajes a través del teatro y la poesía de Neruda.

Artes y Letras y sus giras

El Circulo Artes y Letras, fundado en octubre de 1932, se esmeraba por llevar el arte, principalmente le teatro, a cada rincón de la provincia. Siendo María Elena, las oficinas del cantón El Toco, y algo que era muy frecuente; las visitas a la famosa mina La Despreciada.

También sería la inspiración para el vate Neruda, quien en Canto General, le dedica su pluma.

EL MAESTRO HUERTA (De la mina “La Despreciada”) Cuando vaya usted al Norte, señor, vaya a la mina “La Despreciada”, y pregunte por el maestro Huerta. Desde lejos no verá nada, sino los grises arenales. Luego, verá las estructuras, el andarivel, los desmontes. Las fatigas, los sufrimientos no se ven, están bajo tierra moviéndose, rompiendo seres, o bien descansan, extendidos, transformándose, silenciosos. Era “picano” el maestro Huerta. Medía 1.95 m. Los picanos son los que rompen el terreno hacia el desnivel, cuando la veta se rebaja. 500 metros abajo, con el agua hasta la cintura, el picano pica que pica. No sale del infierno sino cada cuarenta y ocho horas, hasta que las perforadoras en la roca, en la oscuridad, en el barro, dejan la pulpa por donde camina la mina. El maestro Huerta, gran picano, parecía que llenaba el pique con sus espaldas. Entraba cantando como un capitán. Salía agrietado, amarillo, corcovado, reseco, y sus ojos miraban como los de un muerto. Después se arrastró por la mina. Ya no pudo bajar al pique. El antimonio le comió las tripas. Enflaqueció, que daba miedo, pero no podía andar. Las piernas las tenía picadas como por puntas, y como era tan alto, parecía como un fantasma hambriento pidiendo sin pedir, usted sabe. No tenía treinta años cumplidos. Pregunto dónde está enterrado. Nadie se lo podrá decir, porque la arena y el viento derriban y entierran las cruces, más tarde. Es arriba, en “La Despreciada”, donde trabajó el maestro Huerta.

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