Mitigación II

La semana pasada señalamos que, en este proceso de reconstrucción, es imperioso iniciar un nuevo proceso ciudadano e histórico basado en la mitigación de riesgos sísmicos y también, de algo que a menudo se olvida: los tsunamis; y en ese contexto señalamos que la elaboración de Mapas Dinámicos, que exhiban el movimiento de la población, para así identificar la vulnerabilidades, se hace lo mas propicio.
Generalmente, el tema de la emergencia se ha enfocado fundamentalmente en términos de respuesta o de reacción a la emergencia, vale decir, de responder lo más eficientemente posible a la población, una vez ocurrido un sismo. Sin embargo, si no se posee un buen plan de mitigación –apuntando a lo previo- es imposible responder eficazmente a los requerimientos de la población.
Muchos consideran que la prevención se basa en tener linternas, pilas, agua o frazadas listas para esperar un evento sísmico. Pensando después del evento.
Pero muy pocos consideran que, en realidad lo mas importante es pensar antes del evento. Por ejemplo en tener los materiales bien distribuidos dentro y fuera de la casa, en no juntar desperdicios en las techumbres, en evitar tener elementos que poseen una frágil resistencia, etc.
Se olvida la pro actividad y los planes solo se orientan a la reactividad.
Si se produce un terremoto o un tsunami de una gran magnitud en una playa totalmente despoblado, obviamente que ese fenómeno no deja de ser un evento físico, normal de nuestro planeta, pero, si alguien construye una casa en esa playa, y ésta se cae y se inunda por estar mal construida, el fenómeno pasa a convertirse en una catástrofe.
Por lo tanto, los que le entregan el carácter catastrófico a los eventos naturales somos los seres humanos, que amoldan sus viviendas con estándares no adecuados para resistir un sismo, ocupan sectores de inundación de tsunamis, y no se educan en cuanto a cómo responder durante la ocurrencia de uno de estos eventos.

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