Una Celebracion fuera de nuestra Cotidianeidad

Siempre, en este –medio- Mes de la Patria, se toca un tema que, sin duda, siempre me ha llamado la atención, el cual está referido a nuestra identidad como chilenos, centrándose, siempre, la discusión en qué tan chilenos somos, tomando como referencia nuestra práctica de la cueca.

Cabe señalar que, la cueca es una danza que cultural, antropológica y geográficamente no nos pertenece, por tal motivo no está en nuestro acervo cultural practicarla. Y no por eso somos menos chilenos. No hay que olvidar que la práctica de esta danza en nuestra zona, es producto de un proceso de chilenización, el cual partió una vez finalizada la Guerra del Pacifico, y que buscaba aniquilar todo rastro que evocara a Perú. Y para ello trasladó una cultura central y oficial, totalmente ajena.

Del mismo modo cabe señalar que, Chile es uno de los pocos países de Latinoamérica que posee un solo baile típico, una sola flor y animales símbolos como únicos. Todo con el afán de homogeneizar la realidad cultural y nacional. En otros países, cada zona geográfica, en las fechas de fiestas patrias, muestra sus características, ritmos, vegetación, fauna y modos de vidas, dando con ello el sello de diversidad, tan propio de los países latinoamericanos. Sin embargo en Chile, es todo lo contrario, gracias a decretos oficiales que buscaron una uniformidad nacional.

En ese contexto, sigue llamando la atención que muchos profesores inculquen una cultura que no nos pertenece, que sigan difundiendo costumbres que no nos pertenecen, que hablen de flores y animales, y danzas que los niños nunca han visto. Enseñándoles un mundo que no podemos palpar cotidianamente. Por qué no hacemos vestir a los niños de atacameños, o de Aymaras?, culturas que también están en Chile. Por qué no bailar un huayno, un trote o un cachimbo en el desfile? Por que no mencionar al cactus, al pimiento como vegetación identitaria? por que decir que el copihue es nuestra flor?

Si hacemos aquello, estaríamos cultivando nuestra propia idiosincrasia, y seriamos más coherentes con nuestra cultura y nuestros paisajes. Y así podremos construir aprendizaje significativo desde lo que nuestros niños conocen.

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