El Reloj de Coya Sur (1911)



Coya Sur fue una pujante oficina salitrera, situada entre otras minas no metálicas como  Pedro de Valdivia y María Elena. En 1909, la compañía Anglo Chilean Nitrate and Railway, adquirió un lote de terrenos salitrales en el área llamada Providencia, pertenecientes a una antigua concesión del Gobierno boliviano en donde construyó la Oficina denominada, primitivamente, "Coya" y que terminó de construirse en 1912. En ese mismo año abrió sus faenas con 500 trabajadores y llegó a producir 72 mil toneladas de salitre sódico al año.

En 1931, frente a la Gran Depresión Mundial, tuvo que paralizar sus actividades, pero las reanudó en 1950 incorporando el sistema de evaporación solar. Su población alcanzó las 15 mil personas, sin embargo, en el año 1974 detuvo definitivamente su producción.
Esta extinta oficina tuvo como sello el enorme reloj de madera comprado por los trabajadores en 1911, el cual fue importado desde Inglaterra. Los fondos fueron recaudados a través de una colecta pública.

            
Es un reloj que posee un diseño con cúpula árabe, y completamente construido con pino oregón. Esta torre, señaló en aquellos tiempos el transcurrir de las horas del Campamento, a la Maestranza, a la Elaboración y también a la Mina. El extenuado son de sus campanas le dio un original sello a los días y noches pampinas en un eco profundo del hondo desierto. Asimismo era un lugar de reencuentro, en donde fluían las charlas, fue el lugar más fotografiado de la oficina, surgiendo de aquello un gran cariño y admiración por esta joya.

Una vez cerrada la oficina, el reloj fue donado a Tocopilla por la empresa  Soquimich en 1981 pero es trasladado al puerto recién en 1983. 

La pequeña plaza en la cual se sitúa, en las afueras de la escuela Carlos Condell de la Haza D-7, fue Inaugurada  el  29  de  Septiembre  de  1984,  era la época del alcalde Casimiro Busanich Budinich, quien realizó las gestiones para su traslado.

 En sus alrededores posee cuatro piedras de caliche, que representan a las oficinas José Francisco Vergara, María Elena, Pedro de Valdivia y Coya Sur.


La valiosa pieza fue desmontada cuidadosamente y trasladada a Tocopilla. Sólo la base de su torre no es la original.

Archivo (c) Coyino Nestor
La Prensa de Tocopilla[1] nos presentaba  el evento de la siguiente manera, “…Expectación causó entre los tocopillanos la faena de ubicación del gigantesco reloj que está siendo instalado en calle Prat con Baquedano (…) fueron instaladas las estructuras de la torre en su integridad, con altura que sobrepasa los 15 metros para lo cual fue necesario utilizar una poderosa grúa facilitada especialmente para cumplir con la operación. Como sus piezas son de madera, la faena debió realizarse tomando las precauciones de tal  forma que no resultaran deterioradas. Desde ya, pese a que aún prele falta la instalación de reloj  y pintarlo con los colores primitivos, la estructura se divisa en forma imsionante desde  todos los ángulos. En cuanto a la parte baja, sólo se observa por el momento la estructura que constituye la base, siendo esta de fierro. El espacio en total ocupa una superficie de unos 50 metros cuadrados…”.

Archivo (c) Coyino Nestor

La historia de este reloj no ha estado ajena a la polémica, ya que no son pocos los coyinos que han manifestado que el reloj sea devuelto a la pampa, especialmente a la plaza de María Elena. Siendo los principales promotores los últimos alcaldes de esta  comuna. Han justificado su campaña en el deterioro de esta reliquia, estimulando a que, la Municipalidad de Tocopilla, ahora le preste un poco más de atención. "Este reloj merece estar en María Elena", señaló el alcalde  Jorge Godoy, agregando que "está en muy malas condiciones, no hay una preocupación como corresponde, las máquinas no funcionan, los vidrios están quebrados, el color original del reloj no es el mismo". Señalaba en El Mercurio de Antofagasta. [2]

Este aparato vetusto contribuye en la actualidad al imaginario colectivo de todos los coyinos, que durante décadas escucharon sus campanadas. Siendo, hasta hoy en día, un punto de admiración para los cientos de pasajeros que transitan por la ciudad.

Archivo (c) Coyino Nestor
         
De todos modos, se debe velar por su conservación, debido a que es altamente vulnerable por su localización. No debemos olvidar que por encontrarse en una zona costera, su madera puede tender al pudrimiento por la excesiva humedad, también este reloj posee un alto componente de partículas de salitre que se han ido incrustando o adhiriendo sólidamente a las añosas maderas. Salitre que ha sido trasladado por el viento de sur a norte que acaece en el puerto, y cuyas partículas son provenientes del acopio existente en SQM, depósitos muy cercanos al monumento.

En esta situación, se puede repetir la triste historia del viejo edificio de la Aduana –se ubicaba en la cuadra siguiente- y que fue consumido por las llamas en 1990, en donde ocurrió el mismo fenómeno que anteriormente se describió: la humedad fue adhiriendo las partículas del combustible salitre a su construcción, y bastó sólo una pequeña chispa para que aquel pretérito edificio patrimonial se consumiera en poquísimos minutos.

12 de junio 2008



[1] La Prensa de Tocopilla, 30 de diciembre de 1983. Pág. 6.
[2] Diario El Mercurio de Antofagasta, 20 de julio 2008.



Comentarios

victoria ha dicho que…
Que hermosos que son esos relojes!!! Me fascinan!! Desde los mas pequeños de pulsera, como mis relojes Longines, hasta estas increíbles torres magnificas!!! Estoy planeando un viaje por el mundo para ver los mas maravillosos relojes!! Sin duda ahí estaré!