Cristo de Elqui en Tocopilla


Archivo (c) Damir Galaz-Mandakovic 


"En medio de la incredulidad de nuestro siglo se alza la sonrisa nazarena de un iluminado"
(Revista Sucesos 1932“)

¿Un loco, un tonto, un charlatán, un iluminado o un nuevo profeta?...” (El Mercurio 1932)

“…la personalidad de este hombre se ha prestado para los más variados comentarios, despertando su presencia una inmensa curiosidad…” (La Prensa de Tocopilla)

 “¿Qué tiene él?...” (Diario “El Ferrocarril de Arica”)

Domingo Zarate; el Cristo de Elqui


En 1932, en un contexto de caos, miseria y crisis, ya sea a nivel local como a nivel de país, se asoma por Tocopilla un pintoresco y controvertido personaje de connotación nacional llamado Domingo Zarate, alias el “Cristo de Elqui”. 

Zarate era un predicador que comenzó a recorrer Chile y algunos países vecinos, como Bolivia y sur peruano, después de enterarse de la muerte de su madre en 1922. Desde allí, como forma de penitencia, trocó su vida a la oratoria evangelizadora y su vestimenta la reemplazó por un sencillo sayal, unas sandalias rústicas  y por una barba y cabellera que crecieron libremente. 

A sus predicas concurrían cientos de personas no sin antes asustar a los niños por su aspecto o provocar las risas y burlas de los más incrédulos, ante lo cual se defendía y respondía lo siguiente "...la seriedad es superior a la chunga sobre todo tratándose del evangelio. Que se rían de mi perfectamente, esta no será la primera vez pero, no de nuestro señor Jesucristo; el publico dirá...” (Revista Sucesos 1932. Pág. 7. Archivo Universidad de Tarapacá)


Este señor intentó diseñar un autoconcepto: el de ser un nuevo Mesías y por sobre todo de origen chileno. Fueron miles lo que creyeron en él; en el sólo hecho de verlo, muchas personas se arrodillaban o besaban su mano: le daban gracias por sus palabras, sin considerar que su paso por el Siquiátrico fue bien conocido, pero “…el hombre demostróse cuerdo y hubo de concedérsele libertad…” claro que, después de cinco meses recluido. (La Prensa de Tocopilla, abril de 1932)

Se hizo amigo de los enfermos, de los viejos, huérfanos, presos, pescadores, desvalidos, de los "pobres de espíritu" y por sobre todo de las madres solteras. Él, siendo un labriego sin instrucción, hablaba de lo humano y de lo divino a través de la radio y la prensa: contestaba preguntas, polemizaba y daba consejos dentro de sus “limitaciones expresivas”. Comía poco y regalaba sus pertenencias.

Desafortunadamente para este predicador, la situación en Tocopilla, al igual que en el resto del país, no era de las mejores en aquel año, ya que el puerto era abatido por la mayor crisis política y económica conocida a la sazón, básicamente por la gran recesión mundial iniciada en los Estados Unidos. Paralelamente el salitre sintético comenzaba a reemplazar al natural, de lo cual subyació una gran cesantía en Chile, alcanzando los 200.000, cifra significativa para un país de cuatro millones de habitantes. Estos cesantes comenzaron a quedar en una condición de extremada pobreza, generándose con ellos miles de hambrientos que tuvieron que ser socorridos por el Estado chileno, surgiendo así la famosa Olla del Pobre, de la cual se alimentaron miles de tocopillanos.

Todo este trance socioeconómico repercutió en la política local, siendo casi una docena las personas que ocuparon los cargos de Alcalde y Gobernador en menos de un año y medio, teniendo Chile, en el mismo lapso, doce gobiernos: los cuales no eran muy amigos de la democracia. Este verdadero desfile por la Gobernación y Municipio tuvo que lidiar con los pesares provocados por la cesantía y dramas sanitarios, con el alto número de indigentes y el profundo escenario de pobreza de los tocopillanos y de la población flotante, especialmente pampinos que iban de vuelta a su lugar de origen y en ese proceso Tocopilla se convirtió en un real pasillo por donde transitaban los retornados al sur. Pero, por sobre todas las cosas, las autoridades tocopillanas ( o bien, afuerinas) tuvieron que lidiar con el fuerte movimiento social y político de Tocopilla. Este periodo de crisis redundó en la fuerte expresión de la ciudadanía, la cual manifestaba sus consternaciones a través de marchas y protestas por la carencia de artículos de primera necesidad.

En estas circunstancias los políticos locales se vieron en la obligación de usar la delación como una práctica en el manejo político del puerto; es decir, todo evento público era infiltrado por algún funcionario policial o de la Gobernación el cual soplaba todo lo que acontecía en ellos. El Cristo de Elqui no pudo escapar a ese contexto.

Se contaba que el Cristo de Elqui en una prédica realizada en la Plaza Condell, habría sorprendido a una persona que anotaba todo lo que decía, por lo cual tuvo que moderar su discurso, el que siempre iba lleno de improperios y de acusaciones de grueso calibre. En la Memoria Anual de Carabineros de 1932, encontrado en los archivos de la Gobernación, existe un parte en donde se informa de los connotados personajes tocopillanos que habían asistido a este tipo de conferencia "...de dudosa reputación y propicia para el vulgo gaznápiro...”. En esta conferencia se vieron a “...variados ciudadanos chinos, comerciantes tales como los dueños de Fraumeni y Cia. También se contabilizó la presencia de los hermanos Ponce, los hermanos Habit y también al señor Barriga Wacholtz. Es inexplicable como estos ciudadanos reputados asistan a este tipo de eventos que son solo para vulgares seres, los cuales quedan alucinados por las palabras de este profeta”.

 Domingo Zarate antes de llegar a Tocopilla realizó una visita a Antofagasta en donde habrían concurrido unas dos mil personas a la Plaza del Mercado para escucharlo, quienes se arrodillaron cuando él lo pidió "…es que momentos antes había corrido el la noticia que Cristo de Elqui habría hecho un milagro, y un milagro sugestiona a la multitud…", según informaba La Prensa de Tocopilla en abril de 1932.

El Cristo de Elqui vino a Tocopilla el 25 de abril de 1932, y en primara instancia daría dos conferencias. Pero por el temor de la población de ser delatado era superlativo, por lo cual a su conferencia no fueron más que cincuenta personas, informaba el Acta Anual de Carabineros de 1932. Ante ello La Prensa de Tocopilla tituló en uno de sus artículos; "ya nadie se interesa por el Cristo de Elqui". Cuando en realidad la situación era otra.

Sin embargo militantes Comunistas y de la Federación Obrera de Chile (FOCH), en un comicio (o mitin) realizado en calle Sucre esquina calle San Martín, se quejaban de los privilegios que habría tenido, supuestamente, el Cristo de Elqui, debido a que vino en pleno Estado de Sitio y sospechosamente tuvo muchas facilidades, como por ejemplo realizar encuentros con personas en forma improvisada, realizar muchas reuniones, en un contexto en donde todo se debía avisar y/o solicitar permiso. En el mismo comicio se afirmó que Cristo del Elqui era un enviado por el presidente Montero, “…para ver así el estado de credulidad en que se hallaba el pueblo de Tocopilla y que para ello se había resguardado en su sotana de predicador…” nos decía el Acta de Carabineros.


 Como lo apreciamos este pintoresco, curioso y atrayente personaje, alejado o no de la cordura, provocaba todo tipo de sentimientos, algunos de burla directa, otros lo veían como operador político, en circunstancias de una política vacilante, pero por sobre todo, muchísimos vieron en él la reencarnación de un nuevo enviado de Dios, y fue así que le confiaron toda su esperanza y le manifestaron toda su admiración y afecto. Asimismo, dentro de sus extensas giras, no podía faltar Tocopilla, visita que sin duda fue marcada por la polémica y el soplo.

Comentarios

Francisco ha dicho que…
Felicidades por la nueva incursion como "cronista de los aconteciemientos" en tu zona natal.
Espero que ese trabajo ayude a la reconstruccion historica de la ya devastada zona.
Felicitacion por el trabajo realizado.
Anónimo ha dicho que…
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