LA ASONADA DEL GENERAL BOLIVIANO QUINTÍN QUEVEDO QUE FUE ABORTADA EN TOCOPILLA


Eran tiempos de descontento en Bolivia, había asumido en 1872 Agustín Morales de la forma tradicional y más común para la época: el Golpe de Estado, derrocando del poder al pintoresco y orate general Mariano Melgarejo.

Este hecho desencadenó rabia y resentimiento en muchos bolivianos, los cuales comenzaron a organizarse para deponerlo de la misma forma en que llegó al poder.

En estos preparativos surge la figura de Quintín Quevedo, general boliviano que se encontraba en Valparaíso y que unido a los adversarios políticos de Morales se propusieron llevar a cabo una revolución “…para ello Quevedo se encargó de comprar una serie de armas de fuego: carabinas rifles (…) y contrató un vaporcito “Paquete de Maule” y la barca “María Luisa”, contaba además con 80 bolivianos…” (Arce: 1930).

Bolivia, país acostumbrado a las asonadas militares, tenía por esos motivos, cientos de exiliados en Chile, proscritos que encontraron en la propuesta de Quevedo una manera de retornar a su terruño.

Quevedo partió hacia el norte, llegando a Antofagasta el 6 de agosto de 1872, las autoridades de ese puerto decidieron no oponerse al insurrecto, asimismo la población desafecta a las políticas del gobierno, se plegó a los quevedistas, y así la tropa aumentó a 350 hombres, contándose 40 chilenos (Arce:1930).

La llegada a Antofagasta de los sediciosos, fue tan pacifica que la población se acercó a la plaza a ver el nombramiento de las nuevas autoridades, “al mismo tiempo un grupo de soldados anti-Morales se dedicó a rayar las calle con consignas políticas dirigidas hacia los militares apostados en Antofagasta como asimismo a la población”. (Reyes-Villa Bacigalupi, 2003:44).

Sin embargo Quevedo se aprovechó del pánico y le exigió a los comerciantes y grandes mineros un préstamo de 10.000 Bs. a 15.000 Bs. a cuenta de Derechos de Exportación de metales, obviamente este “préstamo” era para financiar los gastos que implicaba la expedición.

Pasaban los días en Antofagasta hasta que Quevedo decidió apoderarse del principal puerto boliviano: Cobija. Aquella no sería una tarea fácil para Quevedo, debido a que allí se mantenía una buena guarnición, por ello Quevedo resolvió desembarcar en Tocopilla, para luego ir caminando hasta Cobija y tomarlo por sorpresa.

Las autoridades de Cobija supieron que Antofagasta había sido sitiada, aunque pacíficamente, de igual modo decidieron ir a defenderla y mantener la lealtad al gobierno.

Vista esta situación, ningún vapor se acercaba a Antofagasta por el temor al saqueo y las pocas naves bolivianas ya estaban en poder de Quevedo. Por ello en Cobija se contrató un vapor inglés para ir a combatir contra los insurgentes, pero solo llegaron hasta Mejillones, ante ello se decidió que llegarían caminando hasta Antofagasta, pero por problemas logísticos la expedición tuvo que esperar varios días, hasta que llegó el soplo que comunicaba que en Tocopilla se encontraba Quevedo y su gente.

Una vez que Quevedo zarpó desde Antofagasta, no comunicó su destino, sino que solo dejó a su gente ubicada en las reparticiones públicas, y una vez estando en Tocopilla, no produjo ruido. El soplo hizo que toda la tropa en Mejillones se devolviera a Cobija, y una vez allí, el 19 de agosto de 1872, las fuerzas de Gobierno se armaron con cañones, se aprovisionaron con alimentos y mulas, y así emprenderieron vía mar y tierra a Tocopilla, en donde Quevedo reposaba tranquilo planeando su ataque a Cobija.

El 22 de agosto, en la mañana, las tropas de gobierno estaban en Punta Blanca. Una vez surtos en el sector sur de Tocopilla, Quevedo ejecuta su defensa a través de cañonazos, los cuales fueron contestados por barcos leales al gobierno.

El barco de Quevedo llamado “López Gana” ingresó a la bahía de Tocopilla: “las tropas de gobierno siguieron avanzando hasta legar a la misma población, donde se hizo un simulacro de resistencia, pues los pocos soldados de la guarnición de tierra empezaron precipitadamente a embarcarse en el vaporcito “Morro”. Momento después se hacía la noche y parecía que un armisticio había hecho cesar (…) las hostilidades” (Diario de campaña del prefecto de Cobija Ruperto Fernandez, citado por Arce).

Quevedo ya no tenía salida y vista la sorpresa de la llegada de las tropas de gobierno, se consideró derrotado: depuso las armas y se asiló en la corveta “Esmeralda” que por esos momentos se encontraba en Tocopilla a cargo de Luis Lynch (Reyes-Villa Bacigalupi: 2003).

Lynch hizo entrega de los vapores usurpados por Quevedo a la escuadra boliviana. En este contexto Quevedo pasó de la gloria al ridículo: su mentada revolución no fue más que una comedia estropeada por el soplo.

Tocopilla constituyó una mala pasada en esta asonada, puerto en donde emanó la delación que lo fustigó y ridiculizó en su orgullo castrense.

En cuanto a las visiones sobre este hecho es sorprendente la versión dada por el historiador peruano Jorge Basadre en el capítulo I de su “Historia de la República del Perú” llamado “La Guerra con Chile. Orígenes y declaratoria” en donde afirma que dentro de los conflictos iniciales, dados por temas limítrofes determinados por salitreros y también por guano en la zona “… Chile propuso a Bolivia la compra del territorio situado entre los paralelos 24° y 23°. El Presidente Agustín Morales aceptó en principio…” lo cual habría sido reprochado por algunas autoridades bolivianas, implicando dejar nula dicha solicitud.

Basadre indica: “en esos días se descubrió las actividades de los emigrados bolivianos en conexión con el gobierno de Chile (…) el general boliviano Quintín Quevedo tenía como intermediario con el Presidente de Chile, Federico Errázuriz, quien, según algunos, le hizo proponer, a cambio de su apoyo, "la cesión de una parte del litoral reconocido como integrante de Bolivia, y ofreciéndole, en cambio, ayudarle con todo el poder de Chile en la adquisición del litoral de Arica a Iquique (pertenecientes al Perú). Dicen también que Quevedo rechazó tal propuesta y que Errázuriz la retiró, si bien le mantuvo su apoyo por medio de instrucciones que comunicó al intendente de Valparaíso don Francisco Echaurren, su cuñado. Embarcó (este presidente) a Quevedo en Valparaíso 80 hombres y 1500 rifles, 4 cañones y considerables pertrechos de guerra (…) La expedición de Quevedo coincidió con la presencia de la escuadra chilena en Mejillones y Tocopilla y fracasó por el avance en pie de guerra de la pequeña guarnición y por el enfrentamiento a balazos, que tuvo en Tocopilla. El caudillo se refugió en uno de los barcos de guerra Chilenos enviados a aquellas aguas”.

La sospecha boliviana hacia Chile también era obvia: desde la década de 1860, Chile tenía marcada presencia en la costa boliviana, con una potente industria salitrera monopólica, cuyas concesiones fueron revertidas por el Congreso boliviano, una vez derrocado Melgarejo, que afectaba indudablemente los intereses de los Ossa, los Gibbs y los Edwards, además los de sus firmes aliados al interior de la estructura de poder de Bolivia, en este contexto la clase política chilena, coludida con los grandes salitreros, habrían ayudado y financiado a un boliviano alborotado y útil para algunos. Así vemos como una gran maraña de sabotaje militar, de intereses políticos y económicos es abortada en el entonces pequeño villorrio de Tocopilla.

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